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Un derbi con polémica

Valencia-Levante./AFP
Valencia-Levante. / AFP

Mina y Vietto dan la razón a Marcelino con sus goles y el árbitro castiga al Levante

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓNValencia

La familia Pelayo tenía prohibida la entrada a multitud de casinos. Se forraron. Intuición y fórmulas matemáticas para que saliera su bola. Tuvieron suerte. No se toparon con Marcelino. Con el asturiano en la mesa gana la banca. La afición del Valencia ama a Zaza. Lo adora. Lo venera. Aparece y suben los decibelios. Pero ayer veía a sus compañeros con un gorro. Al banquillo. Porque eran Santi Mina y Vietto los elegidos. Muchos maldecían al entrenador hasta que tuvieron que retirar lo dicho. Las cartas elegidas de Marcelino eran los dos menudos delanteros y le dieron la mano ganadora. No esperaba el ocupante del banquillo blanquinegro que, además, alguien hiciera trampa a su favor. Con el empate a uno, el árbitro se inventaba una falta a Gayà en el área valencianista. El que le empujó fue su compañero Paulista. Increíble. Coke batía a Neto de cabeza y se tenía que volver a su campo rabioso. Y justo en la jugada siguiente Vietto anotaba el segundo. El catalán Medié Jiménez sentenció al Levante a la hoguera.

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Tanto como lo hizo Santi Mina. Es como el Cordobés. Idolatrado y criticado a partes iguales. Así logra el gol de su vida como hace el salto de la rana. Pero todos los entrenadores lo quieren en su equipo. Será difícil echarse a la cara a un jugador más pesado. Incordia, batalla, se faja, protesta. Te desespera. La defensa del Levante acabó de él hasta el moño. El gallego marcó el gol en un córner, cuando moría la primera parte lanzó un balón al larguero y en los instantes finales casi volvió a marcar pero el palo repelió su disparo. Activa al equipo y a la grada. En cambio, Vietto, pese al gol, la duerme. Es aburrido. El típico compañero de clase que jamás hará una pregunta al profesor. Marcelino le tiene un cariño especial. Él sabrá. Doctores tiene la Iglesia. Pero pocos fieles tendrá. Zaza, al menos, tiene presencia. Lo demostró cuando salió. Provocó un penalti y tuvo otra opción para el cuarto del Valencia.

El Levante estuvo siempre en el partido, con algún amago de querer dominar el choque. Fue sólo eso. Lo que duró que Parejo y Kondogbia se pusieran pegamento en las botas. Abusones. Hacían el juego lógico. Balón a sus pies y hacia un costado u otro. Da gusto ver otra vez a Guedes. Tiene una marcha superior al resto. Es diferente. El conjunto granota se afanaba en cerrar el campo para evitarlo. No lo conseguía. Y en un córner, al cuarto de hora, Santi Mina cabeceaba el balón a la red. Todo se ponía como le gusta a Marcelino. Tanto a su favor y a protegerse. Pero con la sonrisa aún en el rostro, otro saque de esquina, con error de marcaje incluido, permitía a Postigo igualar el choque. El técnico asturiano quería comerse a sus jugadores. A Montoya deben pitarle los oídos de por vida. Lo lleva frito. Pero es que los rivales ya lo saben y cargan por ahí todo su fútbol. El ‘Comandante’ Morales, el futbolista más incisivo del Levante, se asemejaba a un soldado raso, porque era Ivi el que llevaba los galones. Lukic y Campaña, balón que recibían, balón que enviaban al sevillano para que se las viera con Montoya. Pero eran chispazos porque el Valencia tenía el control. Guedes y Gayà disfrutaron de las opciones más claras en la primera mitad hasta el larguero final de Santi Mina.

3 Valencia CF

Neto, Montoya, Vezo, Paulista, Gayá, Parejo, Kondogbia (Coquelin, m.73), Carlos Soler (Maksimovic, m.90), Guedes, Santi Mina y Vietto (Zaza, m.79)

1 Levante UD

Oier, Coke (Boateng, m,87), Postigo, Róber Pier, Luna, Doukouré (Bardhi, m.72), Lukic (Roger, m.72), Campaña, Morales, Ivi y Pazzini

ÁRBITRO:
Medié Jiménez (Colegio catalán). Mostró tarjeta amarilla a los locales Vietto, Santi Mina y Gayá, y a los visitantes Rober Pier, Bardhi, Postigo y Luna
GOLES:
1-0, m.17: Santi Mina. 1-1, m.18: Postigo. 2-1, m.65: Vietto. 3-1, m.89: Parejo, de penalti
INCIDENCIAS:
partido de la jornada 23 de LaLiga Santander disputado en el estadio de Mestalla ante 38.199 espectadores

La segunda fase amanecía pastosa. Tanto como se mostró Pazzini. La apuesta goleadora de López Muñiz se quedó en eso, en apuesta. No ofreció nada en el área pero tampoco se ofreció a sus compañeros para hacer combinaciones. En cambio, Santi Mina continuaba a lo suyo. Molestaba al Levante en la salida de balón mientras que el centro del campo valencianista se hacía con el control absoluto. Era un monólogo. Sin acciones especialmente claras pero con el dominio en todas las zonas del campo. Hasta que llegó el momento clave. Balón al área valencianista, Paulista empuja a Gayà y el árbitro señala falta mientras Coke se alzaba majestuoso para batir a Neto. Los granotas no se lo podían creer. Y mientras seguían las protestas, Carlos Soler se marcaba un jugadón que en primera instancia detuvo Oier, pero el pesado de Santi Mina provocaba que el balón quedara suelto y allí estaba Vietto para anotar el segundo tanto del Valencia.

Fue tan injusto como justo. El árbitro se equivocó con el Levante pero el juego acertó con el Valencia. Y en ese momento se desató la locura. Guedes, Kondogbia, Parejo y Carlos Soler parecían aviones. El francés, pese a los kilómetros que lleva en sus piernas, se marcó un esprint para lanzar un chut desde fuera del área que desvió el portero azulgrana. Sólo Morales pretendió algo en el Levante. Es el jugador más decisivo de Orriols. Tiene un punto más de velocidad que el resto. Pero no es suficiente. Necesita que le ayuden los demás. SOS.

A todo esto, Zaza había salido ya al campo. Obviamente con la euforia del público. Siempre es mejor caer en gracia que ser gracioso. El italiano, con una sequía anotadora galopante, levanta a las masas porque hace lo que les gusta. Se pelea con los rivales, presiona hasta el final y tiene ese carácter que lucían Ayala o Albelda. Y eso mola. Mucho. En una de sus arrancadas se quedó solo ante el portero y Róber Pier, casi sin querer, arrolló al delantero blanquinegro. Penalti que anotó Parejo con esa tranquilidad que a veces pone muy nervioso. Ahí se acabó lo que se daba. El Valencia rompía una racha de seis partidos consecutivos con derrota y lo hacía justamente contra su mayor rival, que ve como semana a semana se le complica la existencia. Ha fichado delanteros hasta aburrir pero necesita que marquen goles. Eso y que los árbitros al menos no le perjudiquen. Ayer lo hizo claramente. Pero el fútbol lo puso el Valencia. Siempre. Y si los chispazos de Guedes vuelven para quedarse, la vida blanquinegra puede ser maravillosa.

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