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Fútbol | Valencia CF

Cura de humildad (2-1)

Vietto disputa un balón durante el partido./Jesús Signes
Vietto disputa un balón durante el partido. / Jesús Signes

El Valencia remonta con goles de Guedes y Rodrigo y el Alavés venderá cara en Mendizorroza la eliminatoria de Copa

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

El Valencia se llevó ayer de Mestalla una remontada, una victoria y una lección de humildad. En el sorteo, la bolita del Alavés abrió la puerta del jolgorio. La fiesta rotuló titulares de a cuatro partidos de la final sin que ni siquiera se hubiera jugado el primero de ellos. Ayer, el equipo de Abelardo abofeteó la euforia de un Valencia prisionero de su ansiedad. Los vascos cargaron en el autobús de vuelta una derrota pero con las sensaciones de que en Mendizorroza habrá una batalla cuerpo a cuerpo camino de la semifinal de la Copa del Rey. El Valencia de Marcelino mostró una de las versiones más espesas de la temporada en las tres cuartas partes iniciales del partido. Más por mérito del rival que por la inoperancia local. Los valencianistas no anduvieron finos pero los del Glorioso tuvieron mucha culpa de ello.

Un mal paso de Sivera, ese portero de la cantera del Valencia vendido este verano por la necesidad de calderilla, abrió la puerta a la remontada. La inercia le hizo dar un paso adelante para tener ventaja en el centro de Guedes. Pero el luso, desde la derecha, con intención o sin ella, colocó un balón camino de la portería que Sivera se tragó. El tanto fue un alivio tras el zapatazo de Sobrino. Un gol desde treinta metros que vació un cubo de agua helada sobre el cogote de la grada de Mestalla. El delantero, de un zambombazo, rompió el guión previsto que no era otro que el de la marcha triunfal camino de la final copera.

El empate desmontó el tenderete del Alavés. Especialmente cuando Diéguez pateó a Guedes al borde del área. Un gesto de desesperación y asfixia física tras muchos minutos de presión y carreras para no dejar fisuras en una defensa de hormigón ante el Valencia. Con uno menos, todo fue más sencillo para el equipo de Marcelino, que lució en el último cuarto de hora una versión mucho más próxima a la de la Liga. Zafarrancho y a buscar el hueco para remontar. Y el agujero lo encontró Santi Mina, que le regaló a Rodrigo una asistencia que el atacante convirtió en la remontada. Una victoria y una ventaja mínima para el partido de vuelta que no debe aparcar la reflexión y la charla en el vestuario. El secreto del Valencia no ha sido otro que la pausa, el trabajo y el respeto al rival. Dar por muerto al Alavés sin jugar ha sido un pecado casi mortal. Los equipos de Abelardo tendrán carencias pero nunca hincarán la rodilla. Sus jugadores saben que la pelea es innegociable.

La temporada pasada, con el Valencia por delante en el marcador en Mendizorroza, Pellegrino sacó a un desconocido Sobrino. Fue el primer paso para la derrota. Ayer, el atacante del Alavés dio continuidad a aquella pesadilla. Al inicio estuvo a punto de enfriar todavía más la grada de un desangelado Mestalla, presa de los atascos y de las extravagancias de Grezzi. El delantero aprovechó un error de entendimiento entre Montoya y Jaume para recortar al portero y disparar fuera cuando ya se olía el gol. Después, Hernán Pérez desde la izquierda empalmó un remate que escupió el palo para silenciar Mestalla.

En cinco minutos, el Alavés anunció que no había llegado a cuartos de la Copa del Rey para ser una comparsa. El año pasado los vitorianos jugaron la final del torneo y ya saben que lo que fue un sueño se puede hacer realidad. Abelardo, que sabe a qué juega Marcelino porque ambos son producto de Mareo, le regaló el balón al Valencia para presionar, buscar el robo y salir con velocidad. El fútbol local pivota sobre el eje de Parejo pero cuando el capitán no se ubica con comodidad el equipo sufre. No fluye el juego y las ayudas se multiplican sin conseguir liberar el fútbol. El Alavés apretó. Y se creció cuando se dio cuenta de que el Valencia claudicaba ante el plan perfecto de Abelardo. Un tiro de Kondogbia que se quitó de encima Sivera y un cabezazo alto de Paulista fue lo único que ofreció el Valencia en la primera parte. Además, hubo un par de penaltis de esos que sólo a veces se pitan. Uno por agarrón de Pina a Paulista y otro por mano de Montoya.

Vietto nunca enlazó ni con Pereira ni con Zaza. Un espejismo de lo visto hace una semana ante Las Palmas. En la moneda al aire que es el atacante italiano salió ayer por la tarde cruz. Hasta Guedes se contagió de los peores minutos del Valencia en esta temporada. Al descanso, a los puntos, el triunfo era para el Alavés que, para ser justos, mereció el descanso con algún gol de ventaja en el marcador.

2 Valencia CF

Jaume, Montoya, Garay, Gabriel, Gayà; Kondogbia, Parejo, Andreas Pereira (Rodrigo, m.59), Guedes; Zaza y Vietto (Santi Mina, m.71)

1 Deportivo Alavés

Sivera, Martín, Alexis, Maripan, Dieguez; Tomás Pina, Wakaso (Pedraza, m.68), Hernán Pérez Ibai Gómez, m.76), Dani Torres; Guidetti (Munir, m.62) y Sobrino

GOLES:
0-1, m.66: Rubén Soriano. 1-1, m.73: Guedes. 2-1, m.82: Rodrigo
ÁRBITRO:
Jose Luis González González (C. Castilla y León). Amonestó por el Valencia a Guedes, Kondogbia y Santi Mina, y por el Alavés a Pina y expulsó a Diéguez, por doble amonestación, en el minuto 77
INCIDENCIAS:
Partido correspondiente a la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey, disputado en el estadio de Mestalla ante 31.338 espectadores

La reprimenda de Marcelino en vestuarios debió de ser intensa. El equipo salió con otro espíritu, alejado de la pasividad de la primera parte. El técnico, que puso en liza un once que puede ser titularísimo en Liga, movió el banquillo. El primero en salir a calentar fue Rodrigo. El delantero, que sabe que tiene pie y medio en el Mundial de Rusia si mantiene su dosis de compromiso, es fundamental hoy en el ataque del Valencia. Ni el triplete de Vietto ante Las Palmas le ha hecho cambiar el paso.

Rodrigo salió por Pereira, que ayer ofreció de nuevo su peor versión, y su sola presencia en el campo cambió la dinámica del partido. Le puso un balón a Vietto para marcar que sólo la casualidad y Alexis evitaron el gol. Después, se atracó de balón para mandar arriba un voleón que hubiera sido el gol de la Copa.

En la jugada siguiente marcó el Alavés cuando menos lo mereció. Zapatazo de Sobrino y decepción en Mestalla. Cuando el drama engullía a la grada, el paso en falso de Sivera facilitó el gol de Guedes. El tanto zarandeó psicológicamente al Alavés, como reconoció Abelardo después. Ya con diez, el Valencia aprovechó la oportunidad para remontar con gol de Rodrigo. La alianza con Mina sublime. Había tiempo para colocar una guinda tan necesaria como a lo mejor inmerecida visto el partido. Ya no hubo oportunidades claras y la victoria fue el mal menor por cómo se logró. La vuelta, la semana que viene en Mendizorroza. Ganar en Vitoria no es gratis pero Marcelino se presenta con una mínima ventaja y con la esperanza de que sus chicos hayan aprendido la lección.

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