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Fútbol | Valencia CF

Tarde de ceguera con el gol

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El Valencia mantiene el tipo pero acusa su inocencia en el remate

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

Para explicar partidos como el de este sábado en el Camp Nou podría bastar con recordar que el Barça puede presumir de tener al mejor futbolista del mundo, rodeado además de un grupo de excelentes colaboradores, privilegio solo al alcance de muy pocos clubes, por no decir de casi ninguno. Pero sería ése un resumen injusto, demasiado rácano y poco acertado para un equipo como el Valencia, reconstruido casi de la nada y elevado casi a categoría de élite europea. Casi élite porque para hacerse acreedor de ese meritorio rango, al conjunto de Marcelino todavía le quedan por pulir aspectos que, de tenerlos, lo de ayer no habría terminado como terminó. Perder en el Camp Nou entra hoy por hoy dentro de lo posible, se podría decir hasta que de lo correcto. Mientras no sea insultante el resultado, cualquiera que pase por este escenario se conforma con ofrecer el cuello y esperar que el sufrimiento sea lo mínimo. Lo sorprendente y positivo desde el punto de vista valencianista es que expuso argumentos suficientes como para incluso obligar a Valverde a meter a Semedo para arañar unos segundos al crono ya casi con el tiempo concluido.

El Valencia perdió, sí, y si uno se ciñe a que el fútbol es puramente el gol, en ese supuesto no hay que ponerle ningún pero al asunto. El Barça en ese supuesto mereció quedarse con los tres puntos. Tuvo dos y las enchufó. Nada que reprochar. Pero si se prefiere abrir la perspectiva, el encuentro ofreció un buen puñado de matices de los que tiene que estar al menos esperanzada la afición. Conformarse con perder 2-1 en el Camp Nou es del género absurdo pero cuando en la explicación se observa qué bando tuvo más opciones de gol y qué equipo arrimó el juego a la táctica que deseaba, sin duda fue la pizarra de Marcelino el que ahogó la lucidez de las estrellas que maneja Valverde.

El Valencia va directo a la Champions y sólo es cuestión de días. Que tenga hoy por hoy plaza en la Europa League queda en una simple anécdota para un equipo que desplegó, principalmente en la primera parte, una superioridad notable desde el punto de vista táctico. Sabedor que, por muy tocado que esté el rival, es de locos pensar que se le puede quitar la posesión, la labor desde el punto de vista valencianista fue la de ajustar el guión al trabajo que se está haciendo desde que en verano a Marcelino le dio por dibujar rayas en el campo y poner conos. El Valencia es un equipo cosido a base de trabajo machacón y que no se deja cegar por un tipo como Messi capaz de levantar un largo ¡ohhhh! de merecida admiración de la grada cada vez que le pone imaginación al fútbol.

2 FC Barcelona

Ter Stegen; Sergi Roberto (Semedo, min.93), Piqué, Umtiti, Alba; Busquets, Paulinho, Iniesta (Denis Suárez, min.84), Coutinho (Dembelé, min.79); Messi y Suárez

1 Valencia CF

Neto; Vezo, Garay, Gabriel, Gayà; Soler, Parejo, Kondogbia, Guedes (Andreas Pereira, min.69); Rodrigo (Zaza, min.80) y Santi Mina (Vietto, min.71)

GOLES:
1-0, m.15: Luis Suárez. 2-0, n.51: Umtiti. 2-1, m.86: Parejo, de penalti
ÁRBITRO:
Del Cerro Grande (Comité madrileño). Mostró cartulina amarilla a Piqué (min.6), Kondogbia (min.12), Gabriel Paulista (min.75) y Dembélé (min.86)
incidencias:
Partido de la trigésima segunda jornada de LaLiga Santander disputado en el Camp Nou ante 61.544 espectadores

El problema que surgió en esta tarde de sábado es que lo que hasta ahora parecía de cara, esta vez no resultó. Rodrigo se ha hinchado a meter goles este año y le basta una piedra para convertirla en oro. Pues bien, ni en el mejor de los escenarios posibles y ni de las formas más inimaginables fue capaz el internacional español de hacer lo que hasta ahora parecía su rutina habitual. Ni cuando se la dio Soler después de un estropicio inicial de Ter Stegen ni cuando se la dio Santi Mina para un mano a mano con el guardameta barcelonista. En la primera el guante del portero la envió a córner cuando el remate, desde el punto de penalti, iba sobrado de potencia pero falto de colocación. En la segunda, dos minutos antes de que el Barça hiciera el fatídico 2-0, se la salvó Piqué cuando ya se colaba. Ante eso, poco más se puede decir. Al Valencia le sobró oficio y le faltó la maldad rematadora suficiente para enmudecer un estadio acostumbrado a ver cómo las víctimas se desangran a borbotones. En lugar de eso se encontraron con un equipo que nunca le perdió la cara al partido, que supo con abnegación hacer su trabajo, que acertó en el armazón pero no en el duelo de machetazos. En días de elevadas exigencias no se puede ir perdonando la vida. Lección por supuesto de presente pero sobre todo de futuro. Y que conste que no sólo fueron esas dos que tuvo Rodrigo, con diferencia las más diáfanas no sólo para el Valencia sino incluso del partido. Guedes, por ejemplo, probó fortuna hasta en tres ocasiones, todas ellas con mucho peligro pero con falta de acierto.

Y pasó lógicamente lo que tenía que pasar. Casi de la nada Luis Suárez se coló ante la mirada de Garay y la espalda de Paulista para, de toque sutil, colársela a Neto tras un magnífico pase de Coutinho. Ahí se acabó la inquietud que en las filas locales había tras el batacazo romano de tres días antes. El panorama invitaba a pensar que el Valencia iba a hincar la rodilla y que la maquinaria blaugrana se activaría como de costumbre. Nada de eso ocurrió. La confianza blanquinegra, sin ser descarada, tuvo sus frutos con esa presión de hasta tres jugadores dentro del área local que hizo que a Ter Stegen le temblara el pie y en vez de pasársela a Busquets, la pelota cayera en Carlos Soler. Lugo llegó el golpeo de Rodrigo. Sin ser gol, fue el aviso de que nada estaba ni mucho menos decidido.

No fue un día épico como esos otros que sí se han vivido aquí. Ni hay 'Bossios' con la cabeza partida pero con el corazón vivo, ni 'Piojos' que marean a todos, ni 'Mendietas' que hacen cosas increíbles. Hay un Valencia con sacrificio y que podrá tener mejor o peor día, pero que cree fielmente en lo que su entrenador les dice en el vestuario antes de salir. Quizás, puestos a elucubrar, si hubiera habido un pelín más de osadía y atrevimiento, al Barça se le podría haber abofeteado con algo de saña; pero eso es caer en la hipótesis sabiendo, además, que aún con Messi bostezando el Barça tiene infinidad de recursos para cegar a un equipo que venía embalado y que se arrimó en el marcador cuando ya era demasiado tarde.

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