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Danzando sobre las tracas en Chamartín

Mundo es llevado a hombros en el césped por la afición. / lp
Mundo es llevado a hombros en el césped por la afición. / lp

El Valencia celebra por todo lo alto en Madrid su segundo título, con más de 8.000 seguidores en las gradas

valencia. Las tres finales consecutivas perdidas en Montjuic no amilanaron a los seguidores valencianistas. Tampoco la granizada que cayó en Cuenca el 29 de mayo de 1949. La carretera hacia Madrid se convirtió en una inmensa caravana donde se llegaron a improvisar sillas atadas en los remolques de los camiones para transportar a los que tenían más ganas que dinero para presenciar la gran final de Chamartín. Los más de 8.000 seguidores no pararon de quemar tracas, danzando sobre el fuego y animando a los seguidores desplazados desde Bilbao a sumarse al ritual, antes de entrar al campo. Dentro de las tribunas y una vez que Epi lograra el gol de la victoria, se volvió a escuchar el sonido inconfundible de la pólvora. Con humo y ruido comenzó la invasión del césped una vez que Arqué Martín decretó el final del partido. La euforia no era para menos puesto que al Valencia le había costado muchas lágrimas el poder conquistar su segundo título copero. Con Mundo paseado en hombros, con el trofeo en una mano y una gran Senyera en otra, comenzó una vuelta de honor donde también fue alzado el entrenador Quincoces.

El título fue el mejor colofón a una gran temporada del Valencia, que terminó segundo en la Liga a dos puntos del campeón, el Barça, siendo con 78 el máximo goleador del campeonato. Para llegar a la final tuvieron que eliminar al conjunto catalán en una brillante eliminatoria no apta para enfermos del corazón. En la ida venció el Valencia por 3-1 con dos goles de Epi y uno de Mundo. En la vuelta, el Barcelona llegó a ponerse 2-0 y empató la eliminatoria con un gol de Basora (3-1) pero el tanto de Seguí en el 72 y la defensa numantina del resultado por parte de los de Quincoces clasificó al Valencia para la cita de Chamartín con el 3-2. Todo ese sufrimiento se convirtió en catarsis en el césped del remodelado estadio de Madrid, que se llenó con 75.000 espectadores. El regreso del equipo por carretera se convirtió en una romería desde Requena hasta el Paseo de la Pechina. Los jugadores fueron llevados a hombros desde Navellos hasta la una abarrotada Plaza de la Virgen. Con más tracas.