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Fútbol | Valencia CF

El Cholismo echa raíces en Mestalla

Parejo, con sus compañeros, con la camiseta por los 200 partidos en Liga con el Valencia. / instagram
Parejo, con sus compañeros, con la camiseta por los 200 partidos en Liga con el Valencia. / instagram

Marcelino pide brazos en alto la ayuda del público y Paulista juega pese a estar K.O. | El central brasileño acaba con la cabeza vendada y Simone Zaza suma con resignación y aparente buen talante su tercera suplencia consecutiva

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

Que Marcelino y Simeone guardan ciertos paralelismos es de sobra conocido desde aquel día que una televisión le preguntó al argentino con qué entrenador le gustaría tomarse una cerveza. Que señalara al técnico del Valencia es tan sintomático como que ahora Marcelino parece cada día más decidido a que las raíces del Cholismo cojan cuerpo en Mestalla. Con partidos como los de ayer, de tanta escasez futbolística, es hasta comprensible que el asturiano recurra a esos gestos que vinculan de una manera especial al entrenador argentino con la grada del Wanda y antes del Calderón.

Es verdad que no es la primera vez que a Marcelino se le ha visto un aspaviento de esa índole, pero parece bastante significativo que la escena se respira. Señal de que el Valencia no tenía las cosas muy claras. Fue en el 52' y con motivo de un saque de esquina a favor de la Real. Ganaba el Valencia pero con poca convicción. Antes de que se lanzara ese saque de esquina, el público mostró su inquietud con ese runrún característico y algún que otro silbido de protesta por el 'empanamiento' general de sus jugadores. Marcelino se giró a la tribuna y empezó a agitar sus brazos pidiendo aliento. Si hay que ser sincero, tampoco tuvo mucho éxito.

Como tampoco la insistencia del entrenador pidiendo durante muchísimos minutos tres ideas: a Neto que no rifara una y otra vez el balón en los saques de puerta ante la presión visitante; a Coquelin y Parejo que se olvidaran de buscar el balón en zonas avanzadas (le hicieron caso cuando quisieron), y a Murillo y Paulista -les costó entenderlo- que estuvieran más encima de los delanteros y que sobre todo permanecieran juntos. Aunque parezca tan sencillo estos conceptos, al técnico le produjo cierto desgaste. Quizás fuera por eso por lo que cuando el Valencia encajó el 1-1, Marcelino no movió ni una ceja.

Son las cosas que ocurren a veces fuera de los focos. Como, por ejemplo, el ímpetu con el que entró al terreno de juego Gabriel Paulista después del golpetazo en la cabeza que se llevó y que, incluso, le obligó a salir del césped en camilla. Ni la conmoción que llevaba en un primer momento, ni la sangre que ensució su camiseta impidieron al central brasileño -se marchó con la cabeza vendada- ponerse de pie, después de ser atendido, y tener claro que iba a acabar el partido sí o sí. Quizá sea esa actitud fruto de ese espíritu 'cholista' que en bastantes ocasiones también suma puntos. A Simeone le funciona y a Marcelino por ahora también.

El grupo, por ahora, está en su salsa. La foto del vestuario arropando a Parejo no da para malos pensamientos. Todo está en orden. Hasta a Simone Zaza no se le ve enfurruñado por su tercera suplencia consecutiva. ¿Qué le pasa al italiano? De momento, los goles de Santi Mina y el trabajo de Rodrigo le han cortado el acceso al once. Zaza fue uno de los puntos de interés del banquillo: abrigado hasta los topes, fue el primero de los suplentes en saltar al terreno de juego. Incluso escuchó atento las indicaciones de Marcelino. Pero el gol no llega.

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