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Una buena muestra de la generosidad del público de Mestalla

Mestalla dio ayer tarde una gran lección de comportamiento. La exigencia que siempre se le atribuye al público valencianista tomó ayer un cariz hasta sorprendente. Sí que es verdad que hubo algunos pitos de desaprobación cuando los futbolistas saltaron al terreno de juego. La derrota de Gijón desde luego molesta bastante, pero los aficionados dieron muestra de saber que el equipo necesita el apoyo para cambiar la amarga dinámica en la que se ha metido. Por eso, en lugar de un recibimiento hostil como se podía incluso esperar después del 2-1 contra el rival copero de Segunda, predominaron los aplausos. La grada siempre estuvo animando, no se escuchó en cuanto al grupo ni un sólo reproche -sólo en acciones puntuales y sobre Gameiro y Cheryshev- y lo más llamativo fue lo que ocurrió tras el fallo de Rodrigo en el penalti. Marcelino se sentó después del golpe que supuso el lanzamiento del delantero pero minuto y medio después salió y agitó los brazos pidiendo ayuda a la gente. Mestalla respondió con ánimos hacia el equipo. Al final, resignación.

 

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