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Las broncas de Mestalla

La afición, en plena protesta en Mestalla. / manuel molines
La afición, en plena protesta en Mestalla. / manuel molines

Murthy presume de superar las protestas que dejaron tocados a Ros Casares, Ramos Costa, Tuzón, Roig, Llorente y LayhoonEl presidente del Valencia está plenamente convencido de que el malestar se debe a una campaña orquestada contra Lim

J. C. VALLDECABRES

valencia. Anil Murthy parece tener varias cosas claras. Para él, la mayoría de aficionados del Valencia no están molestos por la destitución de Marcelino, ni tampoco duele que el club no se lance a apoyar una campaña benéfica contra el cáncer infantil, ni tampoco es de recibo que la gente demande explicaciones de lo que pasa. En cambio, considera por un lado que todo es una campaña de desprestigio hacia Lim, orquestada no se sabe muy bien por quién. Por otro lado, se esfuerza en presumir de que está capacitado para superar los efectos dañinos que siempre supone que veinte o treinta mil personas -por no incluir los cuarenta mil- silben, saquen pañuelos y regalen todo tipo de comentarios en contra de la gestión de la presidencia.

Lo preocupante de todo es que Murthy sabe de sobra cómo se las gasta Mestalla. Hace apenas dos años, por citar un ejemplo y cuando todavía no era presidente, aguantaba impertérrito en el palco la huida a toda prisa de Layhoon después de un 1-4 con el Celta en Copa. Murthy se mantuvo de pie, en su sitio, mientras su compatriota se refugiaba a la carrera en el antepalco. A la entonces presidenta se le cortaba la digestión cada vez que la grada se giraba al palco. Nunca soportó este suplicio. Es más, nunca entendió por qué lo hacían.

El pasado sábado, Murthy perdió los nervios. Es la primera vez en la historia del fútbol moderno que un presidente deja el necesario rigor del cargo para plantarle cara a su propia afición.

En tribuna, hace ya años, se escuchaba el «¡que salga Gomar!», cuando el equipo jugaba mal

Si Murthy cree que esto que ha pasado sólo ocurre desde que Meriton compró las acciones, está bastante equivocado. La afición del Valencia, si por algo se caracteriza, es por su visceralidad. Para todo. Por eso, echando la vista atrás se observan otros ejemplos de presidentes que acabaron siendo engullidos por la voracidad del pueblo blanquinegro.

A veces, este tipo de reacciones populares no sólo se producen cuando el equipo pierde. También cuando gana. Un apagón de luces, como ocurrió el día del Alavés, o un simple parón por lesión facilita que la gente se active en torno a la protesta generalizada. Hace casi medio siglo, Mestalla ya pasaba factura al dirigente de turno cuando las cosas no salían como se esperaban. A Ros Casares (presidente de 1973 a 1975) le cayó la mundial en septiembre del 75 anunciando así el final de su periplo en el club. Ramos Costa (1976-9183) llevó al Valencia a la cumbre europea pero eso no le libró en la campaña 1982-83 de que todo Mestalla le cantara la famosa petición: «¡Dimisión!». Acabó marchándose.

Arturo Tuzón (1986-1993) tuvo que escuchar aquello de «¡Arturo, suelta los duros!». Además, personalmente, él sí que tuvo que soportar una campaña sospechosa de acoso y derribo que tuvo a Paco Roig como principal impulsor con la colaboración de algunos miembros de Yomus. El problema es que, pese a que ya estaba el club como Sociedad Anónima, a Roig (1994-1997) se le giró también la tortilla en su contra. «¡Paco vete ya!» fue la sinfonía que tuvo que escuchar con cierta asiduidad y que acabaron por empujarle fuera de la entidad.

Hasta Jaume Ortí (2001-2004) tuvo su particular calvario. «Afició, deixeu-me parlar». Los aficionados no le perdonaron un verano los fichajes. El discurso en la presentación fue literalmente aplastado por la grada. Fue la última vez que un presidente cogió el micrófono para dirigirse a los aficionados en la presentación. Alejarse del contacto directo para evitar el golpe ha sido la táctica más empleada por los asesores que han tenido los dirigentes valencianistas, Lim incluido. Llorente tampoco se escapó: «¡Manolo vete ya».

En contraposición a la agresividad, el que fuera gerente de la entidad durante 14 años, Salvador Gomar, escuchaba desde tribuna cuando el equipo jugaba mal aquello de: «¡Que salga Gomar!». A Murthy, todavía, no se le ha cantado directamente. Tiene todos los números.