https://static.lasprovincias.es/www/menu/img/valenciacf-desktop.jpg

El argelino Madjer pasó de héroe a villano en 90 minutos

El delantero, que la temporada anterior militó en el Valencia, tuvo una actitud bronca en Mestalla: «Llevo la camiseta del Oporto»

H. E. VALENCIA.

El 27 de mayo de 1987, el argelino Rabah Madjer, dejó para la historia un gol de tacón en la final de la Copa de Europa que su equipo ganó al Bayern de Munich en Mónaco. El Oportó llegó al partido como víctima. Pero el taconazo de aquel mago relanzó a un equipo, con un jovencito llamado Paulo Futre en el once, que cuatro minutos después remontó con el tanto de Juary. Los lusos se proclamaron campeones de Europa por primera vez en su historia.

Un año después, Madjer aterrizó en Valencia. La afición se frotó los ojos. Alucinante. Fichajazo. Llegó y marcó a los quince de minutos de sus estreno en Mestalla frente al Athletic Club. El valencianismo, en una temporada difícil, se agarró a un argelino que sembró el pánico en cada campo que pisó. Coincidió en el Calderón con Futre, fichado por el Atlético. Una lesión ante el Real Murcia cortó el sueño del Valencia y Madjer. Jugó 14 partidos y marcó 4 goles.

El 1 de noviembre de 1989 volvió a Mestalla. Para aguarle la fiesta al Valencia y estropear el gran día de Fenoll. Madjer embarró el partido. Bronco. Como si nunca hubiera pasado por allí. Se dice que si Fernando Giner hubiera jugador otro gallo le hubiera cantado al Oporto. Elucubraciones.

«Era de los mejores jugadores de Europa. En los entrenamientos era la leche. Nunca estuve con un futbolista igual. Este sí que jugaba como entrenaba. Una máquina. En ocasiones me recordaba al Mágico González del Cádiz», señala Giner del que fue su compañero en el vestuario. De hecho, Madjer, el mejor jugador argelino de todos los tiempos, ya causó sensación en el Mundial de España.

La afición del Valencia lo idolatró pese a su escasa media temporada en la ciudad. Un amor que se esfumó en la eliminatoria de la Copa de la UEFA, donde el Oporto ganó pero en la que Madjer no se comportó con la caballerosidad que se le presuponía. «No hubo problemas con nadie, ni con Quique, ni con Arias, ni con ninguno. Hubo algún choque. Llevo la camiseta del Oporto, soy un profesional y tengo que defender sus colores».