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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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Vicente Ferrer y el Compromiso de Caspe
El dominico Vicente Ferrer nació en 1350 en la ciudad de Valencia y murió en 1419 en Vannes (Francia). Por su formación, escritos, acción evangelizadora y asesoramiento político ocupa un lugar destacado dentro de la historia valenciana. Fue una de las personalidades que mayor influencia tuvo en la Europa de su tiempo.

La elección de Vicente Ferrer, como compromisario en Caspe, en representación del Reino de Valencia, le llevó a interrumpir temporalmente sus viajes y predicaciones. El santo valenciano hará referencia en algunos de sus sermones a este acontecimiento trascendental para la historia de la Corona de Aragón: "Al castell de Casp, quan nosaltres, nou persones, hi erem per elegir rey [...]".

El 24 de junio de 1412 se reunieron en sesión secreta en Caspe. Después de oír la Santa Misa, los comisionados, tras prestar juramento de proceder "según Dios y su conciencia", comenzaron las deliberaciones. Tomó la palabra, en primer lugar, el dominico valenciano Vicente Ferrer. Su sensatez de juicio y su persona suscitaban un gran respeto. En el castillo de Caspe hizo una defensa clara de los derechos sucesorios del infante Fernando de Castilla, que por ser nieto del rey don Pedro el Ceremonioso, padre del fallecido Martín I el Humano, era el pariente más próximo de matrimonio legítimo. Y declaró que, en justicia y en conciencia, los parlamentos, súbditos y vasallos de la Corona de Aragón debían prestarle fidelidad.

Seguidamente se procedió a la votación, haciéndolo en primer lugar Vicente Ferrer. Su razonamiento a favor del candidato castellano de la dinastía Trastámara fue compartido por los tres representantes aragoneses; por su hermano, Bonifacio Ferrer, general de los Cartujos; y por el catalán Bernat de Gualbes, que había sido síndico de la ciudad de Barcelona. Es decir seis votos a favor de Fernando de Antequera, pues los otros dos representantes catalanes dieron su voto al conde de Urgel, y el otro representante valenciano, el jurista Pedro de Bertrán, que sustituyó a Giner Rabasa, alegó que carecía de suficiente información para emitir juicio. En Caspe, Fernando de Antequera obtuvo la unanimidad aragonesa, la mayoría valenciana y la minoría catalana.

El acta que se extendió ante los seis notarios del cónclave declaraba: "Que los mencionados parlamentos y súbditos de la Corona de Aragón deben y están obligados a prestar tributo de fidelidad al ilustrísimo y excelentísimo y poderosísimo príncipe y señor don Fernando, infante de Castilla. Y que deben y vienen a reconocer al propio don Fernando como a su verdadero rey y señor".

Con esta decisión se da fin al interregno (1410-1412) al morir el rey Martín I el Humano sin descendencia y se zanjaron las inquietudes que suscitaba legal y políticamente el problema de la designación del rey de la Corona de Aragón.

La causa defendida por Vicente Ferrer había triunfado, y en junio de 1412 ante la portada de Santa María córam pópulo, en Caspe, el santo valenciano proclamaba solemnemente el veredicto. Sentencia que causó alegría entre la mayoría, no en todos, pues ciertos sectores acérrimos al conde de Urgel no la aceptaron de buena gana. El dominico valenciano defendió su apuesta política y refutó los argumentos de los que discrepaban de ella: "En aquell punt que yo pronuncii la sentencia de Casp totes les bandositats cessaren".

Notificada la sentencia de la proclamación de don Fernando I de Antequera, el Consell General de la ciudad de Valencia, según recoge el Manual de Consells del Archivo Municipal de Valencia, acordó patrocinar grandes fiestas e hizo una "crida reyal" en la que se anunció a los valencianos: "La loable e tan desijada declaracio feta del alt senyor En Ferrando, rey e senyor nostre, de que es stada feta festa de professo e grans balls, goigs e alegries en la dita ciutat e terra e senyoria de dit senyor Rey". Días después se publicaba la sentencia con todos los honores en la Catedral de Valencia.

El carisma personal de Vicente Ferrer y su fácil verbo, expresado en nuestra lengua valenciana y en latín, hizo que triunfara su propuesta, erigiéndose en valedor de la concordia y paz.

Pocas decisiones han sido tan determinantes para el devenir de la historia de la Corona de Aragón.

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