Domingo, 14 de octubre de 2007
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Valencia
Carlos Goñi
Quiso ser profesor de Literatura y casi llega a jugar al balonmano como profesional. De forma autodidacta, entró en el mundo de la música para triunfar. Entre sus aficiones se encuentran la fotografía y los deportes
Quiso ser profesor de Literatura y casi llega a jugar al balonmano como profesional. De forma autodidacta, entró en el mundo de la música para triunfar. Entre sus aficiones se encuentran la fotografía y los deportes
Es la voz y el alma de Revólver pero podía haber llegado a ser Don Carlos Goñi, profesor de Literatura. “De pequeño me encantaba leer, me ha gustado siempre, pero el problema es que mi gusto por la lectura no se tradujo en las notas”. En las calificaciones no, pero lo que es indiscutible es que en cada una de sus letras sale ese literato que lleva dentro.

“Fue Agustín, mi profesor de Lengua, el que me obligó a leer –con 12 años– libros bastante comprometidos con la edad y el que me puso el gusanillo dentro”. Dice Carlos, que como alumno del colegio Agustinos de Alicante, pasaba desapercibido: “Lo contrario a popular. Vamos, que si un día no estaba, tampoco pasaba nada. Era tímido y vergonzoso”.

La rabia la dejaba para practicar deportes y para luchar por su afición musical y es que, tal vez, muchos no sepan que además de profesor de Literatura, Carlos podría haber llegado a ser un gran jugador de balonmano. “Jugaba en el colegio y, después, entré en las categorías inferiores del Carpisa Alicante. Lo hacía bastante bien, la lástima es que tuve una lesión en el codo irrecuperable y lo tuve que dejar”, comenta Carlos Goñi.

El cantante de Revólver dejó de estudiar y poco a poco le fue picando la curiosidad por la música. “Totalmente autodidacta. A los 14 años comencé a escribir canciones y con 18 me puse algo más en serio a tocar”. De hecho, Carlos se compró una guitarra “malísima” y empezó a experimentar con una afición que nacía de él, porque nadie de su familia se había asomado ni de casualidad al mundo de la canción.

Cansado de que su jefe en la empresa de fontanería en la que trabajaba le dijera: “Pero si de la música no se vive. Tu trabaja en esto y ya se verá”, el cantante, compositor y músico cogió los bártulos y se vino a vivir a Valencia. “Es cierto que mucha gente por aquella época prefería irse a Madrid, pero es que aquí tenía todo lo que necesitaba. Se estaban moviendo proyectos bastante interesantes”, argumenta Carlos Goñi.

Las maletas de Carlos vacías de dinero tenían que convivir en 70 metros cuadrados con otros seis equipajes de sus compañeros de piso. Y, ¿eso cómo se hace? “Pues de aquella época conservo una úlcera de estómago, así que se hace porque tienes 20 años, si no es imposible”.

El pequeño problema estomacal de Carlos tuvo otra causa más directa: Los inhumanos. Y es que con ese nombre para un grupo, qué va uno a esperar. El creador del conjunto, Alfonso Aguado, conoció la pasión por la música de Carlos y, por el módico precio de siete mil pesetas, lo invitó a formar parte como guitarra de esos desfiles de 40 hombres vestidos de frailes que eran los conciertos del grupo. “A mí me metieron en un autobús el primer día y, en el tiempo que duró el trayecto, me tuve que aprender todas las canciones”, algo que por otra parte –según cuenta Carlos– tampoco era muy difícil porque todos los temas eran iguales. “Aquellos tiempos tenían su encanto, disfruté mucho”, aunque lo que se dice muy glamurosos no eran. “Pedían cava para antes de la actuación y claro, si tocábamos en la discoteca Don Pedros el cava era Pedro’s y así con todos. ¡Vamos garrafón de primera calidad!”, recuerda entre risas el valenciano.

Descanso necesario
El líder de Revólver llevaba cuatro años sin parar, desde que en 2004 publicara su álbum Mestizo. “Tenía que bajar el ritmo, era algo que el cuerpo me pedía porque ya no es sólo componer, si no que son las giras, con más de 200 conciertos. Hay que refrescar la cabeza, es cuestión de higiene mental”.

Y para cambiar de aires, Carlos tiene una gran afición: la fotografía. “Le he dedicado los últimos seis meses. Era mi asignatura pendiente. Así que estoy aprendiendo las técnicas del blanco y negro en cámara tradicional, que es la mejor forma de captar momentos”.

Vayan con cuidado porque pueden pasar a formar parte de una obra de arte del líder de Revólver porque –según dice– no le gustan las puesta de sol, ni los bodegones. Lo suyo es fotografiar caras, gestos, sentimientos, en definitiva gente.

Otra de sus tareas pendientes era el piano, “esto va más lento que las fotos y es más aburrido, pero bueno es necesario. Tengo que admitir que, por ahora, suena a todo menos a música”, pero todo llegará.

Por lo demás, a Carlos le gusta estar en familia, de hecho su comida sagrada del día es la cena, ya que consigue estar con su mujer y sus dos hijos, hace deporte y es lo que se dice una persona ‘a la última’ en noticias: “Me encanta la tele y no la veo todo lo que quisiera”.

Carlos ve diferentes informativos, oye distintas cadenas de radio y compra varias periódicos, por eso de comparar: “Y me divierto muchísimo cuando cuentan la mismo noticia de mil formas diferentes, según la línea ideológica del medio”. Está tan ‘a la última’, que no entiende cómo hay personas que se pude pasar horas y horas sin hacer nada: “Me da cierta envidia, porque mira que es difícil que yo pueda estar quieto”.

Carlos está ahora recopilando todo el material que ha ido acumulando en los meses de parón. “Siempre estoy componiendo, pero ahora –por así decirlo– me voy a poner serio. Igual hay media letra en un folio, una melodía completa en otro y, todo eso, hay que ordenarlo”.

Así que, según sus previsiones, el nuevo disco de Revólver estará listo en el mes de julio del año que viene. Para poder ver a Carlos Goñi de gira, habrá que esperar hasta el mes de octubre, porque en verano de 2008 “queda confirmado que no voy a girar”.

 
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