Miércoles, 10 de octubre de 2007
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9 d'octubre
Los valencianos arropan a la Senyera con fuertes aplausos al himno nacional
La procesión cívica discurre sin incidentes y con un mensaje claro de apoyo a la Constitución
La procesión cívica discurre sin incidentes y con un mensaje claro de apoyo a la Constitución
Quizá el momento en que todos estuvieron unidos, cuando no hubo gritos ni insultos aislados, fue en los jardines del Parterre, frente al monumento en bronce dedicado al Rey Jaume I. Muchos asistentes a la procesión cívica celebrada ayer en Valencia sintieron la piel de gallina cuando sonaron el himno de la Comunitat y el de España, este último con unos fuertes aplausos que ahogaron las débiles protestas.

El apoyo explícito del público (85.000-100.000 personas según la Policía Local) a uno de los símbolos más claros de la Constitución se manifestó en otros momentos del recorrido, como en el izado de la Real Senyera por el balcón del Ayuntamiento, apenas una hora y cuarenta minutos después de haber sido descolgada totalmente enhiesta, como manda la tradición.

La propia alcaldesa Rita Barberá destacó al final del acto que los valencianos “no quieren privilegios, sino reconocimientos a través de la unidad de España”, al hilo de los actos de protesta realizados por grupos radicales en contra de la monarquía española, con la quema de retratos de los Reyes.

“Tuvimos la oportunidad de recibir la solidaridad de España –dijo al recordar los 50 años de la riada– y ahora queremos ofrecer esa solidaridad a través de nuestra fe en la Constitución.” Palabras que resumían las percepciones llegadas desde el público a lo largo del recorrido por el centro.

Si la procesión del pasado año se acortó en el tiempo considerablemente, al eliminar la visita a la Generalitat, la de 2007 se puede considerar de récord. Veinte minutos antes de las dos de la tarde, los encargados de Patrimonio Histórico subieron la Senyera para guardarla en la vitrina donde queda a resguardo el resto del año.

El abanderado este año fue Vicente Gónzalez Móstoles, concejal socialista, quien se hizo cargo de los 20 kilogramos que pesa el símbolo de los valencianos. Al volver a la plaza del Ayuntamiento, el termómetro marcaba 27 grados centígrados y todavía salía del asfalto la sensación de humedad de la lluvia caída el lunes.

No obstante, eso no fue inconveniente para que el ritmo de la procesión, otros años demasiado lento, fuera aceptable para los asistentes, quienes esperaron hasta las dos de la tarde y disfrutaron de una ensordecedora mascletà.

Fue el colofón a una fiesta tranquila, sin incidentes ni silbidos contra el himno de España ni contra la presencia de una formación militar en la plaza. Un pequeño grupo con una pancarta y globos negros se colocaron al paso de las autoridades en el Ayuntamiento y la plaza de la Reina.

Fue la única nota destacable en el apartado de reivindicaciones, al igual que otro grupo de valencianistas que se hicieron notar durante unos minutos en el Parterre. Al margen de ello, brilló por su ausencia el lanzamiento de monedas, consignas coreadas por cientos de personas en contra de la Acadèmia Valenciana de la Lengua o incluso pancartas alternativas a la misma procesión para hacer notar la fuerza de algunos partidos políticos, como otros años.

Un minuto antes del mediodía la Real Senyera fue colocada en la parte final de la comitiva, en el lugar de privilegio. Unos disparos de carcasa avisaron a los despistados para que se acercasen a la plaza. Desde allí hasta la Catedral, apenas 25 minutos, para iniciar el Te Deum presidido por el arzobispo García-Gasco.

Algunos concejales del grupo socialista prefirieron no entrar en la Seo, para reivindicar de esa manera la laicidad del acto de la Senyera. Esta cuestión fue motivo de polémica el pasado pleno, cuando el edil Juan Soto preguntó a la alcaldesa si era posible ser abanderado y no asistir al acto religioso.

La cuestión fue rechazada por Barberá, igual a lo que sucedió en el anterior mandato con los concejales de Esquerra Unida. González Móstoles aceptó el recorrido entero y demostró ayer un aplomo inusual para un edil novato en Valencia.

“Estoy muy orgullosa de él”, dijo la portavoz de su grupo, Carmen Alborch, para quien la mejor manera de reducir los incidentes al mínimo es “mirar hacia el futuro, lo que supuso la riada pero sin esa tragedia, cuando todos los valencianos tomaron impulso hacia adelante”.

Barberá, en su balance final, recordó que 2007 ha sido un año “especial” para la ciudad de Valencia, con logros tan importantes como la Copa América o el acuerdo para celebrar un Gran Premio de automovilismo. “La apuesta por esa modernidad, ese progreso– dijo en alusión a lo que le decía el público– es lo que yo escuchaba del público en la calle”.

pmoreno@lasprovincias.es

 
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