Domingo, 30 de septiembre de 2007
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Valencia
Guillermo Montesinos
De pequeño quería ser torero, futbolista o ciclista hasta que descubrió su pasión: la interpretación.El veterano actor, natural de Castellón, prueba suerte en la serie de televisión ‘L’alqueria blanca’
De pequeño quería ser torero, futbolista o ciclista hasta que descubrió su pasión: la interpretación.El veterano actor, natural de Castellón, prueba suerte en la serie de televisión ‘L’alqueria blanca’
mira que es perduda esta criatura!, Vine a casa, que ja és molt tard per a què un xiquet estiga en el carrer”. Es la abuela de Guillermo Montesinos, alrededor de las doce, en una noche de la década de los 50. No se crean que el pequeño estaba haciendo travesuras, ¡De eso nada!, el niño era de lo más bueno pero tenía cierta fijación por las representaciones teatrales de obras valencianas en las fiesta de Castellón.

Y a rastras se llevaba la abuela a su nieto que, sí o sí, tenía que acabar siendo actor. “De muy pequeño, quería ser lo mismo que los demás chavales de mi edad en aquella época. O futbolista, o torero o ciclista”. De lo primero, no pasó de darle patadas al balón de cuero por las calles de Castellón o en el patio del colegio. Lo de la bicicleta se quedó en un deseo. Pero como torero si que llegó a coger el capote y la montera con cogidas incluidas. “Toreé algunas vaquillas pero después de unos cuantos revolcones se me quitó la idea de la cabeza. Me di cuenta de que aquello no era para mi, era muy pequeño de estatura, las vacas muy grandes y acababa con demasiados moratones”, recuerda.

Está claro que por cuestión de salud se dejó la lidia, pero, ¿cómo le picó el gusanillo de la interpretación?: “Fue gracias a una compañía itinerante de zarzuela que llegó al Teatro Principal de Castellón un buen día. Interpretaban La rosa del azafrán y necesitaban dos niños que los seleccionaban de las ciudades donde actuaban”. Y el pequeño Guillermo, con ocho años, estaba en el momento y el lugar adecuado ya que las tablas del teatro no tenían secretos para él. “Mi familia tenía relación con el tío Pepe y la tía Tonica, que llevaban el recinto, y como sabían que me gustaba, me llamaron”. Dice el actor castellonense que aquel despertar de la interpretación nunca lo olvidará: “Me impactó cada momento. Estaba allí arriba, cara al público, muy feliz”. Además de por amor al arte, Guillermo también hizo aquel trabajo por el módico precio de cinco duros de papel: “Una millonada en aquella época”.

Con las ideas bien claras, queriendo ser actor a pesar de todo, Guillermo se fue a la capital de España y allí se quedó: “Ahora es diferente, pero, a mediados de los 70, si querías trabajar tenías que marcharte a Barcelona o a Madrid. Tenía un amigo allí y no me lo pensé”, explica.

Una alquería en el mar
Nadie le podrá negar nunca a Guillermo que es castellonense hasta la médula. “Sóc de Castelló”, dice bien alto. Lo pregona pero también practica con el ejemplo: “Soy de una fundación, El Moro de L´Alqueria, y en 1987 fui nombrado Moro del año, todo un honor. Además soy de la Gaita número tres de toda la vida y si me llaman de la ciudad para las fiestas o para cualquier actividad de índole cultural, ahí estaré”, afirma orgulloso.

El actor lleva media vida viviendo en Madrid y, a pesar de los años, no se acostumbra a su ritmo de vida. “Siempre que puedo me voy a mi tierra a ver el mar”. Hay dos cosas que Guillermo siempre tiene que hacer cuando vuelve a casa: “Ver a los amigos, a la familia y comerme una paella, si puede ser al lado de la playa”. Y es que el mar es uno de esos proyectos de vida que “ya llegarán”: “No quiero vivir en Madrid. La ilusión de mi vida es comprarme una alquería la lado del mar”.

Por el momento sufre en la distancia las aventuras y desventuras de sus paisanos: “Patiment, el que se diu patiment, lo paso con el Castellón”. Guillermo es futbolero y, por lo demás, se define como una persona casera y tranquila a la que le gusta leer. Y si quiere recordar el sabor de su tierra se anima a hacer alguna paella. “Sólo si me dejan tranquilo, porque para cocinar una buena paella, uno tiene que estar concentrado para comenzarla y acabarla sin agobios. Es como todo, si muchas personas quieren opinar seguro que sale mal”, explica.

Trabajar en valenciano
Guillermo actualmente está de lo más contento con su papel en la nueva serie de Canal 9, L’Alqueria Blanca . “Don Cipriano, el capellán, me encanta. Cuando me propusieron el papel ni me lo pensé. Me gustó desde el principio y también volver a trabajar en mi tierra y en mi lengua.”. Dice el actor valenciano que desde la televisión autonómica han tenido muy buen ojo para poner en marcha la serie sobre una época tan importante para la historia de la Comunitat como son los años 60. “Tenemos 13 capítulos grabados, y si funciona podemos prorrogar 13 o 26. La verdad es que Canal 9 tendría que poner en marcha más producciones de este tipo”, explica el valenciano. Por ahora y tras la emisión del primer capítulo, las serie tiene buena pinta. “Es que además es reparto es excepcional. Poder trabajar con Juan Gea o con Remedios Cervantes”.

Dejando de lado L’Alqueria Blanca , Guillermo tiene dos proyectos en teatro. “He estado trabajando durante los últimos años, haciendo giras que han tenido mucho éxito. Por ahora no puedo adelantar nada, pero hay cositas para el futuro”. Así que mientras, afortunadamente para el público, el actor castellonense tenga faena, la compra de la alquería al lado del mar tendrá que esperar.

 
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