Domingo, 23 de septiembre de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Marta Belenguer
La actriz de ‘Cámera Café’ jugaba a interpretar desde los miradores de casa de su abuela, en la calle San Vicente de Valencia. Ahora se relaja haciendo yoga u organizando cenas de cuscús y costillas a la miel
La actriz de ‘Cámera Café’ jugaba a interpretar desde los miradores de casa de su abuela, en la calle San Vicente de Valencia. Ahora se relaja haciendo yoga u organizando cenas de cuscús y costillas a la miel
Vecinos de la calle San Vicente de Valencia ¡atención! porque hablamos de una niña que ustedes conocen muy bien. Marta Belenguer, la actriz valenciana que ha caído rendida a los encantos televisivos del café, es esa pequeña que cantaba y bailaba en el balcón de la casa de su abuela, en una de las calles más emblemáticas.

“Montaba funciones para mi madre y mi abuela. Me gustaba mucho ese balcón, con sus cortinas tan grandes, era como de fantasía”, y es que Marta no recuerda otra cosa que no fuera su pasión por las bambalinas desde la más tierna edad. “Mi primera obra fue a los siete años en el colegio, La abeja Maya, y yo era la protagonista, por supuesto. Recuerdo que me hicieron un maillot y unas alas y estaba super feliz”. Marta tiene imágenes de su infancia pero si hay algunas que recuerda especialmente son las que tienen relación con la interpretación. “Es que yo quería ser actriz. De muy pequeña fui al teatro a ver El diluvio que viene . En un momento de la obra comenzó a caer papel de color oro del cielo, y estaba fascinada, era magia”, explica. La Marta adolescente iba al teatro con una admiración que muchos no comprendían: “Estaba sentada disfrutando de la obra y la gente se ponía a hablar. ¡Qué mal! Me indignaba muchísimo esa falta de respeto por los actores”, explica.

La actriz lo califica de “evolución natural”. Lo suyo eran las tablas aunque para llegar tuviera que dar un rodeo. “Siempre he sido buena niña, buena estudiante y no quería defraudar a los míos, por eso empecé a estudiar Filología en vez de arte dramático. Lo más curioso es que cogí esa carrera porque en la Universitat de València se empezaba a mover un grupo de teatro desde la Sala Palmireno, más que por el temario en sí”.

Marta acabó haciendo las pruebas de arte dramático. De los 300 aspirantes que se presentaron, entró en el grupo de los 10 elegidos y compaginó sus estudios. “Ya ves. Me quedé a seis asignaturas de acabar Filología”, explica.

Valenciana y fallera
“¡Hombre!, Todos los valencianos hemos sido o somos falleros. Si eres valenciano y no has sido fallero es como no ser valenciano. ¿O es que no es así?”. Marta Belenguer, “como todos los que han nacido en la capital”, era una firme participante de la fiesta desde su comisión Poeta Alberola-Totana y miembro de una de esas familias que llevan la traca en la sangre. “Mi madre fue fallera mayor de la Plaza de la Mercé”. Marta recuerda que de pequeña le gustaba la vida del casal, la semana fallera y esa tradición de que su madre le pusiera los topos y el traje para ir a la ofrenda. “Con el tiempo, te haces mayor y los moños comienzan a agobiarte, hasta que al final me acabé borrando”. De las tardes de verano en el chalet de L’Eliana escuchando junto con su madre y su abuela a Elena Francis pasó a ver conciertos de Golpes Bajos y a bailar en la discoteca Espiral.

Trabajar en Madrid
Dentro de su “evolución natural” el siguiente paso fue irse a la capital de España. “En Valencia había hecho mis cositas en café teatro, en televisión, pero pasé de ir buscando trabajo a que me llamaran para ofrecerme papeles en Madrid. Me siento más libre. Es más fácil trabajar desde aquí, además he conocido a gente fantástica. Tengo muy buenos amigos”, asegura.

Con ellos, o a solas, pasa su tiempo libre. “Organizo meriendas, cenas, comidas en casa. Me salen muy bien las costillas a la miel y mi cuscús de verduras está que te mueres de bueno”. Marta disfruta también viendo las fotos de los viajes. “He pasado unos días de descanso en Formentera pero si tuviera que elegir un sitio no lo tendría muy claro”. Dice Marta que es una necesidad conseguir algo de tranquilidad porque “vivimos en un mundo muy acelerado”. Además, la actriz confiesa que está engancha al móvil. Además practica el yoga siempre que puede e intenta leer e ir al teatro.

La actriz vuelve algún fin de semana a su casa. “Vivo en Madrid pero Valencia siempre está ahí y a ver si ponen el AVE ya de una vez por todas y llego en menos tiempo porque después de 10 años uno se cansa de estar cuatro horas en el tren”, comenta.

Ahora Marta Belenguer está practicando otra de sus aficiones: compagina trabajos. Por una parte la compañía valenciana La Pavana, en su 25 aniversario, se ha lanzado a repetir el éxito de público y critica que la obra Bebé tuvo la temporada pasada. Marta es una de las caras de la obra que desde principios de septiembre se representa en el teatro Lara de Madrid. “En diciembre volveremos a Valencia, al teatro Talía porque en la pasada campaña la obra funcionó muy bien e incluso hubo gente que se quedó sin poder verla. Así que animo a todo el mundo que se quedará con las ganas a venir porque merece la pena”. Para los que quieran seguir a la actriz más de cerca siempre quedará la hora de Cámera Café . La grabación de los nuevos capítulos ya está en marcha. Por si acaso les parece poco, Marta avisa: “Me quedan tantas cosas por hacer... ”.

 
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