Domingo, 16 de septiembre de 2007
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La otra Cara de...
Carmen Flores
La artista ha vuelto de nuevo a su hogar, en Valencia, después de triunfar como cada año en Argentina. Ahora la cantante y madre de Quique Sánchez quiere disfrutar de la playa, de la familia y de su gran afición, el fútbol
La artista ha vuelto de nuevo a su hogar, en Valencia, después de triunfar como cada año en Argentina. Ahora la cantante y madre de Quique Sánchez quiere disfrutar de la playa, de la familia y de su gran afición, el fútbol
Un rezo a la Virgen de los Desamparados, una oración a la Virgen de Luján, una plegaria a mi hermana Lola para poder ganar” y que empiece el partido. Le gusta el fútbol, los domingos por la tarde, Carmen Flores vive todo un ritual delante de la televisión y no sólo porque uno de sus hijos, Quique Sánchez Flores, sea el entrenador del Valencia sino porque es su afición.

Valencianista de corazón por familia y por pasión de equipo, eso sí, en Mestalla no la verán: “Sufro mucho. Sé que no pueden ganar siempre, pero la gente se enfada, chillan...” y el entrenador es su hijo. Así que la solución es comprar el partido y verlo tranquilamente en casa. “Quiero mucho al equipo. No olvido a Roberto Gil, a Arturo Tuzón y al club por haberle dado a mi hijo la oportunidad de formarse y de triunfar como futbolista, como uno de los mejores laterales derechos de la liga durante once años”, explica. Pero la afición de la artista por el deporte rey va mucho más allá de la familia: “Cuando estoy en Argentina, no me pierdo ni un partido. Allí dan muchos del Valencia, sobre todo, cuando estaban Aimar y Ayala. Así que veo la Liga y la Champions”, explica.

Tanta afición viene de la infancia, Carmen Flores quería ser o farmacéutica o deportista y cualidades para ambos oficios no le faltaban. Era una de las mejoras alumnas de la clase, algo que despertaba alguna que otra envidia entre sus compañeras: “Es que era muy aplicada. Me levantaba a las seis para poder repasarme la lección. Me gustaba todas las asignaturas, pero era especialmente buena en Matemáticas”, recuerda. Tenía gran facilidad para el cálculo mental, una virtud que aún conserva porque en aquella época “nada de calculadoras”.

Además de en los estudios, la pequeña Carmen era la más veloz en las clases de gimnasia: “En las carreras de relevos salía siempre la última y así ganábamos”. Tanto le gustaba y le gusta el deporte, que los editores de periódicos deportivos de este país tienen que estar encantados con ella. Diariamente compra tres cabeceras deportivas, a parte de LAS PROVINCIAS. “Mientras desayuno repaso la prensa. Me gusta estar bien informada, aunque hay algún lunes que no puedo comprarlos”, depende de cómo haya ido el fin de semana futbolísticamente hablando.

Artista de casualidad
Carmen Flores, por notas, hubiese llegado a ser lo que hubiera querido pero la carrera de su hermana Lola marcó a toda la familia. De muy pequeña, emigró de Jerez de la Frontera a Madrid y, a los 14 años, tuvo que dejar de estudiar porque la faraona había conseguido un contrato en México. “A partir de ahí, aprendí sobre la marcha, la vida fue mi escuela” y su vida del todo alejada de una juventud normal. “Gracias a Lola estuvimos en iberoamérica, fuimos también a Nueva York, nos invitaban a cenas en casa de los embajadores, de los presidentes de Gobierno”.

Unas experiencias que Carmen vivía desde la timidez y la admiración a su hermana: “Era muy callada. A mí me gustaba estar detrás, entre bambalinas, observando el espectáculo de Lola”. Una actitud que se mantuvo hasta el más famoso incidente entre hermanas artistas que haya existido en la copla y que Carmen relata en su libro de memorias: “Tenía que actuar y no quería salir porque creía que no sabía cantar, yo le decía a mi hermana que no salía, y al final Lola me dio un empujón y allí estaba yo, en el escenario delante del público”.

Desde ese momento, aquella niña que jugaba a dar palmas en las calles de Madrid, mientras su hermano tocaba el cajón y Lola cantaba y bailaba, no se ha bajado del escenario. Cuenta con un total de once discos, un DVD, una biografía y unos espectáculos que aplauden en su segunda patria, Argentina. “En España me quieren, pero es que allí realmente me adoran. Tengo la libertad de montar una gala donde toco varios géneros y me cambio varias veces de traje”.

Por eso, Carmen pasa al otro lado del Atlántico la mitad del año, dice que cuando muera, la mitad de sus cenizas irán a parar a Argentina y la otra mitad, a Valencia. Son los dos lugares que han marcado su vida. “Estoy muy bien aquí. Me gusta la playa, la gente y la ciudad que cada día está más bonita, ¿será por la alcaldesa?”, comenta.

Muy familiar
Cuenta Carmen que en estos momentos está encantada con su piso, y no es que sea nuevo, pero después de la reforma que dirigió su hijo como regalo para la artista, ha quedado “divino”.

Familiar y con ganas de celebrar cumpleaños rodeada de sus cuatro hijos, once nietos y un bisnieto. “Tengo 71 años, yo no me escondo, esa es mi edad y me gusta celebrarla en familia por muchos años que pasen”, indica. Esa es su edad, ¡pero no lo parece! y eso que la artista asegura que la arruga es bella, razón por la que ni ha pasado por el quirófano, ni tiene intención de hacerlo. “Con mi trabajo ya hago suficiente ejercicio. Me pongo mis cremas para la cara pero nada más. De hecho debajo de mi casa tengo uno de esos spa, pero es que no me atrae ir”.

Carmen Flores va a rematar las galas que le quedan por distintas ciudades de España esta temporada, unos actos a los que, por cierto, acude en su propio coche: “Me gusta conducir y, como no tengo que llevar muchos trajes, puedo ir con mi coche tranquilamente”.

El año que viene volverá a Argentina a triunfar y tiene la intención de llevarse con ella a uno de sus nietos que le ha salido artista, José Flores. Mientras tanto, seguirá viendo la tele y vibrando con el Valencia en sus ratos libres.

 
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