Jueves, 30 de agosto de 2007
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Josep Calatayud Bayá: ¡D’estos no vull res!
Médico de profesión, vivía en la calle Caballeros, cerca del Palacio Arzobispal. Esta doble circunstancia le permitió forjar una gran amistad con sus ilustres habitantes hasta tal punto que, en verano, se trasladaban a la villa de veraneo que tenía en Moraira.


Descubridor de Moraira

En 1935 Josep Calatayud fue al Portet a visitar a un enfermo de tifus, enfermedad que se cebaba con los habitantes de la zona. Le llevaron a dar una vuelta en barca y cuando vio Plagetes se quedó verdaderamente prendado. Pero eran malas fechas. En 1936 se ve obligado a huir de la ciudad de Valencia. Primero se esconde en Paiporta y luego en Murla, patria chica de sus suegros y de su esposa; hasta que, finalmente, lo detienen y por el grave delito de haber sido militante de la Derecha Regional Valenciana y amigo de José Mª Gil-Robles, lo encarcelan en Murcia.

Pero la guerra termina y, en 1940, comienza a construirse una casa en Plagetes de Moraira donde pasará los veranos hasta su fallecimiento en 1978. Precisamente en esta casa en donde veraneaban también el arzobispo Marcelino Olaechea, monseñor Lisón y demás personas que vivían habitualmente en el Palacio Arzobispal de Valencia.

La verdad es que en Moraira mostraron su agradecimiento a Josep Calatayud Bayá y le dedicaron la calle principal de lo que, con el tiempo, se convirtió en una concentración urbana. Sólo por su buen gusto de descubrir Moraira, que tantos valencianos capitalinos disfrutan, ya debía formar parte de la cultura valenciana, pero su actividad literaria y su capacidad como gestor le convierten en una personalidad indiscutible de la Cultura valenciana con mayúsculas.


Escritor vocacional

Las circunstancias de la vida le llevaron a estudiar Medicina en Santiago de Compostela. En esta época colaboró con los periódicos El Diario de Galicia y El Ideal Gallego. Su mayor reconocimiento como poeta lo alcanzó en los años cuarenta y cincuenta. En 1941 obtuvo la Flor Natural de los Jocs Florals de la Ciutat y Regne de Valencia en 1941. En 1943 y 1952 logró la Rosa de Oro en el Certamen literario en honor a Nuestra Señora de los Desamparados. En 1945 consiguió el Premio del Ayuntamiento de Valencia por su obra de teatro La Virgen de la Azucena. En mayo de 1959 ganó el premio Joan Senent Ibáñez de la Caja de Ahorros de Valencia. En 1967 la Diputación de Valencia le otorgó un premio extraordinario por su obra El Padre José, Lorenzo Salom y los prohombres mercaderes fundadores del Hospital. También fue premiado por su poesía en castellano con la Flor Natural de la Fiesta de la Vendimia de Requena, en 1971. Tuvo la satisfacción de que sus obras fueran prologadas por figuras de primer relieve nacional: en 1945, José María Pemán le prologó su obra La Virgen de la Azucena; en 1959 José Mª Gil Robles redactó el prólogo de Esclats de Caritat y Valencianía y, finalmente, en 1963 el miembro de la Real Academia Española, Federico García Sanchiz, firmó el prólogo de la obra titulada El perque d’algunes de nostres locucions. A esta obras hay que añadir Crónica de la Coronación Pontificia de la Imagen de Santa María del Puig y Diccionario abreviado de personajes alicantinos.

Su colaboración en la obra colectiva Cartas al pueblo español, en la que también participaba Gil Robles le supuso tener que declarar ante el Tribunal de Orden Público, lo que no dejaba de resultar paradójico. Josep Calatayud formó parte de aquellos cedistas que vieron críticamente la evolución del Movimiento que poco a poco se convirtió en el Régimen de Franco. De hecho firmó el Manifiesto de Lausana y mantuvo una estrecha relación con José Mª Gil Robles y su familia a lo largo de toda su vida, lo que significaba un distanciamiento del Régimen para el que, en su propia terminología, tenía status de “ex-cautivo”. Pero esta circunstancia, quienes lo conocieron, la consideran secundaria. Lo importante en la vida de este médico, siempre delicado de salud, fue su dedicación al valencianismo cultural, o si se quiere, a la valencianía, según su propia expresión.


La valencianía desde Lo Rat Penat.

En los años cuarenta, años en que Josep Calatayud fue el vigésimo octavo presidente de Lo Rat Penat, entre 1942 y 1948, Lo Rat Penat estaba totalmente incardinado en la sociedad valenciana. Además de sus actividades ordinarias, Luisa Ferrer nos explica algunos aspectos de su proyección: “Aixi mateix, tambe se’ls tenía en consideracio a l’hora de participar en homenages a personalitats importants, com es el cas del que se li dedicà al pintor Marià Benlliure en 1942, posteriorment s’organisà atre homenage a nivell nacional el 7 de maig de 1944 per a impondre-li l’insignia de la Gran Creu d’Alfons X el Sabi”.

Calatayud Bayá era un luchador incansable frente a la censura y conocía sus recovecos, por ello utilizaba diversos ardides para salirse con la suya y organizar las actividades culturales que creía más convenientes e interesantes, hasta tal punto que en ocasiones recibía cartas de otras partes de España preguntándole qué tipo de gestión hacía para lograr las autorizaciones de “la Delegación de censura y prensa”. Efectivamente, Calatayud solía lograr lo que quería. Por ejemplo, el 24 de noviembre de 1944 invitó a Manuel Ballesteros, Catedrático de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia a que pronunciara una conferencia cuyo guión fue el siguiente: Lo regional como color y vida de la totalidad nacional. La juventud como promesa de la continuidad de los valores nacionales. Lo valenciano dentro del cuadro de lo español. El porvenir de un valencianismo nacional y Misión de Valencia en el Mediterráneo.

No es momento de entrar en si hablar de si este tipo de valencianismo era más o menos tibio o complaciente con el Régimen, pero de lo que no cabe duda es que mantenía la llama de la Renaixença y además mantenía la conciencia de pertenencia de los valencianos, lo que no es poco en 1944.

En cualquier caso dado que un gran número de militantes de la Derecha Regional Valenciana se habían incorporado al régimen de Franco, en diversos niveles, y él siempre aparecía peleándose con la censura y, en ocasiones, con el gobernador civil, alguien le sugirió que por qué no se comportaba de manera más complaciente con el régimen vigente, ya que con su trayectoria durante la Guerra Civil tendría muy fácil obtener alguna prebenda. Josep Calatayud contestaba sin dudar: ¡D’estos no vull res!

 
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