Sábado, 18 de agosto de 2007
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Castellón
Las excavadoras desentierran a los muertos en Pisco
Apilados los cadáveres como sacos, sus restos parecen muñecos de cera
Apilados los cadáveres como sacos, sus restos parecen muñecos de cera
En Pisco ya no sacan a sus muertos con las manos. Han llegado excavadoras y grúas. La población que ha sobrevivido busca a los que no aparecen.

Muchos no han podido salir corriendo o no quisieron dejar sus bienes a merced de los saqueos. Dos días después de que la tierra se tragara a los suyos, siguen sin comida, sin luz y sin agua. De día se derriten de calor, y de noche tiritan de frío. Necesitan mantas, necesitan abrigo.

El presidente del Gobierno advirtió por la mañana que no puede hacer milagros. “Lo más urgente es enterrar a los muertos, desplazar a los heridos, distribuir agua y energía”. Alan García dijo que Emergencias estaba funcionando como se esperaba. Primero había que intentar rescatar a los atrapados entre los escombros; después, alimentar y dar de beber a la población y, para más adelante, pensar en reconstruir Pisco, Tica, Cañete, Pincha, Caracas y el resto de las localidades que sintieron el terremoto, el peor de los últimos cincuenta años.

Apilados los cadáveres como sacos, sus restos parecen muñecos de cera. Los sacan con la misma expresión que tenían cuando les cayó el muro o la casa entera. De las catacumbas de la catedral de Pisco, donde los fieles se agolpan para escuchar misa, esta mañana se recuperaron tres cuerpos. Los bomberos siguen buscando en la iglesia de San Clemente. En ésta, al sacerdote Dios le vino a ver una vez más. Se salvó porque, nada más terminar la misa, salió por la puerta de la sacristía. Se calcula que bajo el templo murieron trescientas personas.

Al mediodía, en una de las casas del Hotel Savoy, el más importante de la ciudad, del que quedan apenas dos plantas derrumbadas, también han logrado rescatar a un hombre con vida. Una ambulancia, cuando llegue, se le llevará a Lima, donde los hospitales están atendiendo a los heridos. “Nos sobran médicos», ha dicho sobre el terreno de la tragedia Alan García en Pisco. La respuesta masiva de doctores a la llamada desesperada que hizo la víspera el Gobierno fue reconocida por García. Lo que van a faltar es “albañiles e ingenieros para la reconstrucción”, reflexionó García.

Caminar entre escombros
La mayor parte de Pisco está bajo las ruinas; hay que caminar entre los escombros y mirar al cielo para sortear los derrumbes. Sobre las ocho de la mañana la Tierra volvió a temblar. Algunos entraron en pánico. A unos kilómetros del centro de la ciudad, el coche se deslizó como patines sobre hielo al carril contrario. Fue un segundo, pero se hizo eterno. En la carretera La Panamericana hay escalones de más de un metro. Algunos socavones han sido rellenados con arena, pero otros son tan profundos que es imposible. Hay desniveles tan pronunciados que conviene bajarse del coche y bordearlos a pie.

Hay vehículos que no pueden llegar hasta Pisco porque el puente de San Clemente se ha cortado. La estructura puede desmoronarse en cualquier momento. Pocos son los que se animan a cruzarlo por el río. Desde el viernes se han registrado más de trescientas réplicas del seísmo. “Yo no vuelvo. He vuelto a nacer y no me quiero morir”. El hombre que piensa esto en voz alta estaba en el centro de Pisco cuando la ciudad empezó a desaparecer. “Seguí en mi mototaxi y no me cayó una piedra. Creo que fue un milagro. Frente a mí, una pared le rompió la cabeza a una señora”.

“Hay que evitar las epidemias”, “despejar las vías interrumpidas”, y pronto podremos recuperar la energía eléctrica. El presidente Alan García, que celebra desde el sábado los Consejos de Ministros en Pisco, lo dijo aquí porque es “la zona más afectada”. García desmenuza los esfuerzos del Gobierno y de la comunidad internacional para convencer a la gente que está furiosa y hambrienta de que están haciendo lo imposible por ellos.

Cuenta que han aterrizado en San Andrés, localidad vecina a Pisco, 55 aviones cargados con ochenta toneladas de víveres, pero aún no se han podido repartir en la población.

 
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