Lunes, 11 de junio de 2007
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Valencia
Un rito desde 1516
La Cabalgata del Convit es un acto a través del cual el Capellà de les Roques invita al pueblo a participar en la procesión
La Cabalgata del Convit es un acto a través del cual el Capellà de les Roques invita al pueblo a participar en la procesión
Como todos los años Valencia celebró su antigua fiesta del Corpus, con más se seis siglos de antigüedad, en la que se reunió la religiosidad y la tradición, animadas por el esplendor de las costumbres y la fe.

Millares de valencianos, en su mayoría jóvenes, asistieron a los actos matinales, bajo un cielo cubierto y calor agobiante, que se desarrollaron alrededor de la plaza de la Virgen. Desde la torre del Miguelete, todas las campanas históricamente manejadas por el Gremio de Campaneros Valencianos, anunciaron con su vibrante volteo la festividad del Corpus, en el mismo momento que comenzaba la misa de pontifical en la Catedral y la asociación de Amics del Corpus sacaba a la calle la tradicional cabalgata del Convit y la Degolla.

Volteo de campanas
Numerosos valencianos alzaron la mirada hasta la cima del Miguelete, y no era para menos, pues volteaban sus once campanas. “Es el único día del año que se voltean simultáneamente las 11 campanas de la torre del Miguelete”, señaló ayer el presidente de la Asociación de Campaneros de la Catedral, Francesc Llop, que por primera vez tuvo que escuchar el volteo a pie de calle y no en la torre, y dijo: “He salido muy bien de una intervención quirúrgica en los ojos, pero por ahora no es conveniente subir”.

Los artífices del volteo, que comenzó a las 8 de la mañana, con el toque de albas, eran 18 miembros de la asociación de campaneros que seguían la compilación del canónigo Herrera de 1705.

La música de tabal i dolçaina arremolinó al público hacía la calle de Caballeros, zona recayente al palacio de la Generalidad, desde donde comenzaba la variopinta cabalgata del Convit, según los historiadores creada en 1516, a través de la cual antiguamente los Jurados de la Ciudad, por medio del Capellà de les Roques, invitaba a las autoridades y al pueblo para que asistieran a la procesión del Corpus.

El colorido de la fiesta la ofrecieron las danzas autóctonas del Corpus, como la dels Caballets, els Arquets, els Pastorets y, sobre todo, la danza de la Moma, que representa la Virtud en lucha contra los siete pecados capitales. Es un tipo de danza en la que se cumple la tradición de que sólo debe ser bailada por hombres, motivo por el que la figura central, la Moma, es un hombre revestido de mujer totalmente de blanco. La cabalgata la cierra el grupo de la Degolla, personajes que representan la guardia de Herodes encargada de la degollación de los inocentes, y que previsto de un carchot de pergamino asustaron con su demoníaco aspecto al público, al que en compensación entregaban caramelos. En la calle de Cavillers, los demoníacos personajes, todos componentes de Amics del Corpus, soportaron el consabido castigo, recibiendo numerosos pozales de agua; líquido elemento que por otro lado fue agradecido dado el calor.

Finalizada el público se perdió por las calles del casco antiguo de la ciudad. Unos en busca de algún cacharro de barro, que aún se puede adquirir en el mercadillo de la escuraeta de la plaza de la Reina, y, otros, se dedicaron a contemplar de cerca las ‘rocas’ del Corpus expuestas en la plaza de la Virgen.

 
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