Lunes, 11 de junio de 2007
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FÚTBOL | LEVANTE U.D.
El Levante busca dar un salto de calidad tras consolidarse
El Levante abre un periodo con el deseo de no cometer los errores del pasado
El Levante abre un periodo con el deseo de no cometer los errores del pasado
Riga explota de alegría tras conseguir su segundo gol, tercero para el Levante, frente al Valencia.
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El Levante comienza a acomodarse en el futuro. Sin hacer todavía la digestión por el atracón que supuso la goleada y la permanencia, nadie en el seno de la entidad duda de que la puesta en marcha del nuevo proyecto puede –debe– ser la definitiva. El ejemplo lo tiene muy cerca, a apenas 50 km. En Vila-Real pueden dar fe de lo que significa el nacimiento de un club que tras recuperarse del tropezón que supuso bajar a Segunda, ascendió un año después a Primera para ir cogiendo suficiente volumen como para manejar en su vocabulario palabras impensables, por el momento, por Orriols: Intertoto, UEFA, Liga de Campeones...

Si el Villarreal ha sido capaz de hacerlo, el Levante tiene claro que también. Ahora bien, para lograrlo el máximo accionista, Pedro Villarroel, se ha concienciado y ha optado por una táctica con doble vertiente. Mientras que por un lado atiza el fuego y no pierde la oportunidad de reclamar al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, que se equiparen los contratos que por TVV perciben los tres equipos valencianos; por otro ofrece la sensación de que de una vez por todas la dirección deportiva va a dejarse de experimentos y apostará por el rigor. Ese es el deseo, al menos inicialmente porque también la experiencia dice que a finales de agosto es cuando más movimientos se suelen producir en el Levante, con sus trágicas consecuencias para el entrenador. López Caro, de hecho, lo experimentó personalmente.

Desde luego, Villarroel ha sido claro cuando ha querido exponer los dos mensajes que hay planteados. El dedicado a Francisco Camps y en concreto el acuerdo sobre televisión encierra hasta una estadística brutal: “No podemos vivir sobre la base del esfuerzo de unas pocas personas. Imaginemos que el Levante, por TVV, recibe 1, el Villarreal lo multiplica por 2 y el Valencia por 3”.

La otra línea de actuación es el gran tema de batalla de este club: la composición de la plantilla. Hace unos años se apostó por productos jóvenes que pudieran aportar beneficios de futuro, el año pasado se optó por jugadores de cierto caché –al menos salarial– que, después, se ha demostrado que han rendido por debajo de lo esperado y ahora se ha distribuido la sensación de que lo que va a primar en la próxima plantilla es el producto nacional. No obstante, el secretario técnico, Manolo Salvador, está en Argentina viendo jugadores –regresa el próximo lunes–, se ha ido de pesca por Italia y tampoco se olvidan los contactos por Europa.

El problema es que sólo tres futbolistas acaban contrato (Salva, Kapo, Molina, Ze Maria y Déhu). Para vaciar el vestuario, por lo tanto, se van a tener que negociar rescisiones y en ese caso siempre se acaba perdiendo dinero porque no hay que olvidar que además hay cuatro cedidos. Luego está lo de acertar en los fichajes. Por el inédito Meyong y por el castigado por las lesiones Nino, el Levante hizo frente a dos traspasos con un montante global de casi tres millones de euros. A Villarroel en los últimos años se le han escapado los hombres-gol. Los casos más conocidos: el de Forlán, el de Arveladze, el de Luyindula... demasiados patinazos.

En la otra cara de la moneda está el fichaje de Riga. Sin duda, el gran acierto de los últimos años. Llegó libre y ahora ni Villarroel sabe lo que se podría sacar por él. El ghanés se cubrió de gloria el sábado. En las últimas cinco jornadas de Liga ha marcado seis goles, lleva una progresión increíble. De hecho, se ha colocado a un gol de igualar el mejor registro de un jugador levantinista en una temporada en Primera. De momento suma los mismos que logró Serafín en la campaña 1964-65, uno menos que Pepín un año antes.

Lo de Riga se va a convertir en el mejor de los quebraderos de cabeza de este verano para Villarroel. El deseo del dirigente es zanjar de una vez por todas esta cuestión pero todo se resume al fin y al cabo en euros. O se vende a cambio de una buena suma (con el riesgo de que el recambio no funcione igual) o se le blinda aumentándole un contrato que ya se le subió este año. Desde luego, si se quiere dar entidad al proyecto no se puede estar cada año renovando hasta las perchas de Buñol. Pese a lo que diga Abel, uno de los grandes males que ha arrastrado esta temporada el Levante ha sido la falta de implicación que han podido tener algunos elementos del vestuario. “Ni aunque me dieran mil millones me quedaba aquí”, ha llegado a decir un futbolista en referencia a la nula complicidad que ha experimentado como levantinista.

 
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