Jueves, 7 de junio de 2007
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Miquel Adlert: la excepción nacionalista
Retrato de Miquel Adlert, perteneciente a la galería de ‘Prohoms valencians’ de Lo Rat Penat.
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El valencianismo cultural y el político siempre estuvo libre del nacionalismo y los pocos nombres que se pueden aducir son excepciones que confirman la regla. Ahora bien, hubo un valencianista que se impregnó de este nacionalismo identitario: Miquel Adlert. El concepto de identidad etnolingüística del nacionalismo no encajaba en la realidad valenciana. Ante la evidencia de que lo valenciano se manifiesta en dos lenguas, y esto es una negación implícita del concepto de identidad al uso entre nacionalistas, Adlert no tuvo mejor ocurrencia que afirmar que sobraban de Valencia los territorios castellano-hablantes, en especial los “recientemente” incorporados: los partidos judiciales de Requena y Villena. Aparte de que no hablan los territorios sino las personas, resulta curioso que el único nacionalismo que, en vez de ser expansivo, era partidario de la disminución del territorio fuera el suyo. Y era solamente el suyo porque cuando el fusterianismo recoge esta idea, la cambia lo suficiente como para lograr la expansión de su “objeto nacional”, es decir la expansión de Cataluña hacia el sur. Lo hace porque sabe que una hipotética expansión catalana hacia Valencia, no sería aceptada, en absoluto, por lo habitantes de estas tierras. Por el resto de los valencianos tampoco, pero –piensa el fusterianismo- que una buena manipulación sobre la lengua (como se está haciendo aún hoy) puede dar resultado. Pero lo “castellano-hablantes profundos”, son otra cuestión.


Los valencianos sobrantes

Adlert tiene el dudoso honor de haber inspirado al pancatalanismo en cuanto a “valencianos sobrantes”, a pesar de ser un nacionalista valencianista, o, tal vez por eso. Porque los nacionalismos se retroalimentan unos a otros, incluso los enfrentados entre sí. Con todo parece ser que en 1963 se arrepentía de su voluntad de exclusión de los valencianos castellano-hablantes. Este año publicó, con título poco afortunado, La valencianitat de los churros, en la que corrige sus opiniones juveniles y aporta la idea de la unidad de la cultura valenciana que se manifiesta en dos lenguas. En su obra De la meua catacumba (1984), que es un conjunto de reflexiones sobre Valencia y lo valenciano, se aleja de su nacionalismo inicial. Eso no impidió el que, anteriormente, como nacionalista criticara duramente a Lo Rat Penat, desde su afiliación a Acció Nacionalista Valenciana, de la que Xavier Casp era, con 17 años, un jovencísimo secretario general. Allí se conocieron Casp y Adlert, tándem que tanto iba a representar en el valencianismo. La evolución y la tensión de la República dejó en un segundo plano este valencianismo, y la guerra todavía más. En 1946, acabadas las guerras civil y mundial, Casp y Adlert fundan la editorial Torre para publicar obras en lengua valenciana. El historiador Francisco Roca dice de ellos que “con ilusión y competencia bien pronto los dos amigos se constituyen en los adelantados de toda una juventud que ansiaba ver publicada su producción”, producción literaria en valenciano, a pesar de la censura y de las restricciones de la posguerra.


Crítica a Lo Rat Penat

La trayectoria histórica y la permanente pretensión de Lo Rat Penat de mantener su actividad en el plano estrictamente cultural y no político, por lo tanto no nacionalista, era duramente criticada por Miquel Adlert. Incluso se opuso a que su amigo Xavier Casp aceptara la presidencia de la entidad en un artículo publicado en la revista Murta, en febrero de 1980:

“He d’explicar ma posició contrària a Lo Rat Penàt. Des de 1925 que, com saben molts, em fiu valenciniste a 1939 yo no he segút mai de lo Rat Penàt, i he cregút que degué desapareixer en 1907, fent mutis, pel foro o per qualsevòl lateràl. Perqué com molts valencianistes, per no dir la majoria, d’abàns de la guerra estaran conformes, Lo Rat Penàt ha segut sempre enemíc del valencianisme politic i ha impedít que este prosperara. Per això, front a cada organisació valencianista que nasilla, clamaven els ratpenatistes: “No fa falta. Ya està Lo Rat Penàt””.

En la misma revista Murta contestaba Xavier Casp con otro artículo aparecido en el mes de mayo de 1980:

“… crec que les societats poden arribar a ser lo que els socis vullguen que siguen, si les circumstàncies ho permeten. I com també crec que le circumstàncies actuals si que ho permeten, em paréix que “Lo Rat Penàt”, como atres societats, pot arribar a ser lo que els socis vullguen que siga, sempre d’acòrd en els seus principis socials.

…, no soc yo a soles que he acceptàt esta missió, sino unes quantes persones tan importants i tan ocupades com yo, les que, no én mi, sinó junts, nos hem responsabilisàt d’intentar fer de “Lo Rat Penàt”, lo que els socis desigen i lo que Valéncia necesita d’ell ara.

…, no anem a pensar –ni molt manco a jujar- lo que “Lo Rat Penàt” ha segút o ha deixàt de ser; símplement i sincérament, anem a recordar la raó de ser que constituí el seu fonament intentant que les glòries valencianes que ame siguen realment glòries i valencianes de cap a peus “ Sin embargo, el verdadero punto de fricción no aparece, tal vez por la amistad personal entre ambos. Y ese punto es la concepción nacionalista de Adlert de la que no participaba el resto del valencianismo. Apoyo a sus tesis lingüísticas sí que le dio en parte, pero admitir sus teorías políticas era demasiado y, además, contrario a lo que había sido el valencianismo cultural históricamente.


La influencia de Adlert

Miquel Adlert, jurista, después de la publicación de la obra En defensa de la Llengua Valenciana (1977) publicó otras de carácter histórico- jurídico L’Espirit jurídic del Rei don Jaume (1980), Notes sobre els furs de Valencia (1980), Sobre dos temes jurídics (1982) y El comprimís de Casp (1984). Además escribió narrativa y novela como El dia torna (1981), Ventijol (1982), El salce a la sendera (1982) y Cor al nu (1982).

La publicación de En defensa de la Llengua Valenciana (1977) marcó un antes y un después, tanto en el valencianismo político como en el cultural. A partir de este momento se buscaron otras alternativas para la ortografía valenciana frente a la opción dominante hasta el momento. En cuanto al valencianismo político, de la influencia de Adlert, destaca el hecho de que en su seno se generara un pequeño, pero activo, nacionalismo valencianista bastante paradójico, pues es muy crítico con el nacionalismo catalanista, sin embargo –tal vez sin percatarse de ello- lo imita en su historicismo.

En cualquier caso parece como si la muerte todo lo reconciliara. Tras el fallecimiento de Miquel Adlert, Lo Rat Penat le dedicó un homenaje el 20 de febrero de 1987. Con anterioridad, Adlert visitó la sede acompañado de Casp, y donó su biblioteca a los fondos bibliográficos de Lo Rat Penat. El máximo fustigador de la asociación había sido nombrado finalmente “Prohom de Lo Rat Penat”. Todo un ejemplo de capacidad de integración.

 
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