Domingo, 3 de junio de 2007
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historiadora y miembro de las reales academias de la historia y de la española
Carmen Iglesias: “Siempre he pensado que el tiempo jugaba a mi favor y he sabido esperar”
catedrática de historia, preceptora del futuro rey, sillón ‘e’ de la real academia... carmen iglesias ha hecho del mundo de las ideas un lugar tan accesible y atractivo como ella
catedrática de historia, preceptora del futuro rey, sillón ‘e’ de la real academia... carmen iglesias ha hecho del mundo de las ideas un lugar tan accesible y atractivo como ella
Carmen Iglesias, en la sede de la Real Academia de la Historia. / irene medina
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“¿Vocación? Cuando estaba en el colegio no sabía bien lo que quería hacer, pero sí sabía lo que no quería hacer. Era una buena contadora de historias y, aunque no sabía a lo que me iba a dedicar, tenía que ser algo relacionado con el saber, con transmitir el conocimiento”. Carmen Iglesias sonríe relajada cuando habla de su trayectoria profesional, una carrera de fondo cuajada de dificultades que ella, elegantemente, deja de lado para centrarse con naturalidad en sus logros. “Desconfío del victimismo —no de las víctimas reales—, pero siempre pienso que cualquier persona puede contar su vida en clave trágica”.

Tras “un Bachillerato de lujo, como el que teníamos todos los niños de la época en los institutos de enseñanza media”, entra en la Universidad. “Para mí fue la liberación. En aquel momento, año 63-64, era un oasis de libertad dentro de la dictadura. Allí la gente hablaba, se rebelaba... Por supuesto, se pagaba un precio, pero era un mundo totalmente distinto del que se vivía fuera”.

En ese caldo de cultivo, la libertad ganaba terreno. “Yo pertenezco a una franja generacional en la que los mejores expedientes éramos también los que dábamos más la cara por las libertades. Éramos grupos minoritarios, pero muy inquietos. Se leía desaforadamente. La verdad es que también leíamos mucha porquería porque como estaba prohibido...”, comenta riendo.

El mundo de las ideas

Estudiando la carrera conoce a los que serán sus grandes maestros en Historia de las Ideas: los profesores Díez del Corral, Maravall y García de Valdeavellano, que marcan para siempre su destino. “La vida es esa mezcla de azar, carácter y necesidad. Si por azar hubiera tenido otro grupo de maestros...”. Con un expediente como el suyo pudo elegir entre varias opciones, pero de nuevo una confabulación de la Historia de las Ideas y el azar, dirigida por Díez del Corral, le lleva a ejercer la docencia. “Siempre he procurado ser rigurosa en lo que contaba y al mismo tiempo abrir puertas; sabiendo que cuando las abres, luego cada uno las pasa solo”.

Tras años abriendo esas puertas, Carmen Iglesias decide opositar: “Era muy consciente de que con la obtención de la cátedra ganaba mi libertad”. El camino no fue fácil y, por primera vez, pierde la sonrisa: “No sé cómo lo hacían, pero muchos a mi alrededor iban a las oposiciones solitos. Yo, desde luego, tuve que luchar. Fueron seis ejercicios muy duros, frente a tres varones. Las saqué además por unanimidad y a la primera vuelta. Nunca me lo perdonaron. La misoginia y el ninguneo han durado hasta anteayer. Ahora, no se atreven ya”, comenta sonriendo de nuevo.

En el curso siguiente, la Infanta Cristina comenzaba sus clases en la Universidad y Carmen Iglesias se convierte en su tutora. “El primer año fue durísimo. Jamás pensé que, después de haber corrido tantas veces delante de los grises, me iba a hacer tan amiga de la policía. Me ayudó mucho el personal subalterno de la facultad: los bedeles, auxiliares y algunos profesores. No todos. Salió muy bien y fue muy importante”.

Años después se convierte en preceptora del Príncipe, de quien guarda grandes recuerdos: “Tuve la suerte de encontrarme con un interlocutor excepcional. Una persona que se emociona con las cosas, con la página en blanco. Alguien con mucha curiosidad. ¡Me hacía unas preguntas! ¿Cómo te imaginas tú el vacío, Carmen? Me obligaba a pensar”.

Pero la vida todavía le reservaba grandes satisfacciones. En 1989 es elegida miembro de la Real Academia de la Historia : “Fue una gran sorpresa. Gonzalo Anes me preguntó si aceptaría y casi me caigo. En la Academia Española, de otra manera y años después, fue lo mismo”.

Ambos nombramientos le han hecho muy feliz, pero reconoce que lo único que ha peleado en su vida ha sido la cátedra. “Como mi padre murió pronto y lo he pasado mal en momentos de mi vida, cuando estaba a la expectativa de algo que me importaba mucho, pensaba: si sale, estupendo; pero si no sale, también. Durante la cátedra suspendí aquel juicio. Además, era ya bastante adulta. Yo siempre he pensado que el tiempo jugaba a mi favor y he sabido esperar. De repente, en algún momento de la vida, dices: “ya no tengo el tiempo por delante, lo empiezo a tener por detrás” y sabes que tienes que salir adelante”.

Y así ha sido. Aquella niña que intuía que en alguna parte había un lugar para ella y “gente con la que me iba entender bien”, los ha encontrado. Hoy es una profesional satisfecha y repleta de curiosidad, “un impulso tan fuerte como la sexualidad”.

 
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