Domingo, 3 de junio de 2007
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ECONOMÍA
Dejar siempre las puertas abiertas
según ignacio gil-casares, socio de spencer stuart, cuando un directivo cambia de compañía debe dejar un buen recuerdo
según ignacio gil-casares, socio de spencer stuart, cuando un directivo cambia de compañía debe dejar un buen recuerdo
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Ni dando un portazo, ni poniendo un candado. Cuando un directivo decide tomar un nuevo rumbo profesional, siempre tiene que intentar marcharse de su empresa dejando las puertas abiertas. «La importancia de este aspecto en realidad es clave para la carrera profesional de cualquier persona, pero a partir de ciertos niveles ejecutivos la vida laboral está expuesta a dar muchas más vueltas». De este modo Ignacio Gil-Casares, socio de la firma de búsqueda y selección de directivos Spencer Stuart, reconoce el valor que supone para cualquier trabajador, dejar un buen recuerdo de su paso por la compañía.

Para Gil-Casares son dos los pilares sobre los que se construye una despedida adecuada: «Cumplir con los deberes y compromisos contraídos y dejarlos cerrados antes de marcharse, y dar el tiempo oportuno a la empresa para que pueda tomar las medidas necesarias ante nuestra marcha». De este modo se alcanzará el objetivo deseable para cualquier ejecutivo que cambia de rumbo y que consiste en, nada más y nada menos, que «dejar un buen recuerdo de tu paso por la empresa». El socio de Spencer Stuart añade que para la consecución de esta meta «también es recomendable explicar las razones de ese despido voluntario».

Evitar encontronazos

Lo cierto es que el momento del cambio no resulta sencillo para ninguno de los implicados. El ejecutivo tiene que hacer frente a dar explicaciones, dejar atrás equipos de trabajo e, incluso, relaciones personales. Por su parte, sus superiores tienen que cubrir ese puesto vacante. Pero si la persona que se va lo hace de un modo apropiado —«con claridad, sinceridad y entereza»—, su marcha no suele acarrear consecuencias traumáticas para el funcionamiento de la organización. «A nadie le gusta, en un principio, que algún miembro valioso de su equipo decida marcharse, pero a la hora de la verdad todo el mundo entiende que detrás de este tipo de decisiones siempre hay razones que justifican esa elección». «Asumir nuevos retos, cambiar de ciudad, de sector o un aumento de sueldo —añade Gil-Casares— son los motivos más comunes, y todos ellos son perfectamente comprensibles».

Pero detrás de esta actitud no solamente hay intenciones altruistas hacia la compañía para la que se trabajó durante un tiempo, sino que también se trata de obtener posibles beneficios personales en un futuro. Como apuntaba al principio Ignacio Gil-Casares, «la vida profesional puede dar muchas vueltas». «La fama, buena o mala, siempre precede a los directivos y por eso es importante forjarse un buen nombre, de profesional cumplidor».

En este contexto es evidente tratar el tema de mantener el contacto personal. A este respecto Gil-Casares matiza que resulta más complicado cuando el directivo se traslada a una empresa competidora o del mismo sector ya que pueden darse situaciones comprometidas pero matiza que «siempre hay tiempo y motivos para mandar ese e-mail o hacer esa llamada».

 
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