Jueves, 17 de mayo de 2007
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Ignacio Villalonga: mucho más que un mecenas
Pero Ignacio Villalonga era mucho más que un mecenas. A lo largo de su vida, en la que tuvo responsabilidades financieras de ámbito internacional, nunca perdió su referente natal: Valencia

Tras estudiar en el Colegio de los Jesuitas de Valencia, Ignacio Villalonga se licenció en Derecho por la Universidad de Deusto, en 1914, y fue Doctor en Derecho por la Universidad Complutense con una tesis sobre el régimen municipal foral valenciano. En una ocasión, al ser entrevistado, recordaba que en sus tiempos de estudiante en Bilbao y, luego de doctorando en Madrid fue teniendo “ideas valencianas” a las que le habían llevado sus lecturas de Vázquez de Mella, Menéndez y Pelayo, Antonio Maura y Cambó.


Unos años decisivos

En año tan abigarrado como 1917 comenzó su actividad política como militante de la Joventut Valencianista. La buena relación de este sector del valencianismo político con la Lliga Regionalista de Cataluña, llevó a Villalonga acompañando a Pérez Lucia, a la sazón presidente de Lo Rat Penat y que llegó a ser presidente de la Diputación Provincial de Valencia, a Eduardo Martínez Ferrando y a Salvador Ferrandis Luna, a Barcelona para entrevistarse con Francesc Cambó y con Joan Ventura, con la intención de crear un gran movimiento político regionalista que se extendería a Galicia, Aragón y a las Provincias Vascongadas.

Francisco Roca nos recuerda que “en 1918 se creó el partido Unió Valencianista Regional de la que fue Villalonga líder destacado –hasta la dictadura de Primo de Rivera (1923)-, pronunciando, en su inauguración en el Teatro Principal de Valencia, un discurso sobre Valencianismo político. Y en diciembre de aquel año, se discutió en la Diputación Provincial una ponencia sobre regionalismo, en la que intervinieron Vicente Gay, Facundo Burriel, Ricardo Samper, José Barberá y Falcó, Luís García Guijarro y Facundo Gil Perotín y Villalonga, que habló sobre Sustantivitat del valencianisme y en valenciano. El periódico del nuevo partido fue La Correspondencia de Valencia, dirigido por Maximiliano Thous y Orts, en el que Villalonga escribirá numerosos artículos.” Su vinculación con el valencianismo cultural se mantuvo constante tanto en Lo Rat Penat como en el Centro de Cultura Valenciana en el que ingresó como miembro de número de 1928, a los 33 años. Fue Vicepresidente de Lo Rat Penat, en 1927.


Político de vocación

En cuanto a su vida profesional, Ignacio Villalonga, desde 1927, está vinculado al Banco de Valencia, del que llegó a ser presidente entre 1954 y 1964. En 1929 contribuyó a crear el Centro de Estudios Económicos Valencianos, desde la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Valencia. En 1932 pronunció una nueva conferencia dentro de las actividades de Lo Rat Penat en la que defendió la necesidad de autonomía para la Región Valenciana que debería basarse en tres cuestiones básicas: unidad territorial, equiparación de derechos entre las dos lenguas propias: el valenciano y el castellano y una hacienda valenciana. Estas ideas autonomistas las recogió el que fue su partido a partir de este momento: La Derecha Regional Valenciana. En 1932 Lo Rat Penat y también Ignacio Villalonga vuelven a plantear la necesidad de un Estatuto de Autonomía para Valencia.

El 11 de julio de 1931 se hacía público el texto del Anteproyecto del Estatuto de Autonomía. En cambio, éste fue acogido con cierto desinterés por algunos representantes políticos de las provincias de Castellón y Alicante, que decían que habían otras cuestiones más precisas. Respecto del PURA, partido que ostentaba el gobierno de la ciudad y de la provincia de Valencia, se puede afirmar que al existir posturas diversas dentro del mismo, no adoptó una política seria entorno al Estatuto.

El 11 de junio de 1931, la Junta de Gobierno de Lo Rat Penat acuerda que su presidente Agustí Alamar y los socios Manuel Oller, Nicolau Primitiu Gómez, Constante Ballester y F. Jiménez Fayos, comiencen los estudios para la redacción de un Estatuto Valenciano para entregarlo a la comisión nombrada a tal efecto por el Ayuntamiento. En la Junta de Gobierno de 21 de octubre de 1931, el socio Giménez Fayos, como portavoz de la ponencia encargada de la redacción del anteproyecto, lo presenta para su debate. Leído todo el articulado se discutirá punto por punto, y se aprobará por unanimidad. Finalmente se acuerda que una comisión formada por el presidente Alamar, el socio Giménez Fayos y el secretario Vilella, visite al alcalde y le haga entrega del anteproyecto del Estatuto Provisional que la sociedad ha aprobado, además de ofrecerle su colaboración. En la Junta de 23 de noviembre de 1931, el presidente Alamar dará cuenta a la Junta de Gobierno de la visita al alcalde y de la entrega del anteproyecto.

Con todo este bagaje, fue elegido diputado por Castellón en el Congreso, en las listas de la Derecha Regional Valenciana en 1933 y 1936. Al suspender el Gobierno de la República la autonomía a Cataluña, en 1935, fue nombrado Gobernador General, máxima autoridad política en aquella región.


Valenciano internacional

Desde 1943 fue presidente del Banco Central, lo que implicaba tener cargos de empresas más o menos vinculadas con dicho banco: CEPSA, Saltos del Sil, Dragados y Construcciones, Ferrocarriles de Cataluña, Banco de Fomento y otras varias. También estuvo en los consejos de administración de Unión Naval de Levante e Inmobiliaria Valenciana. Desde el Banco Central llevó a cabo una política de fortalecimiento del banco a través de diversas absorciones de bancos pequeños.

Además de diversos artículos de economía publicó un libro de Historia del Derecho en 1916: Régimen municipal foral valenciano. Los jurados y el Consejo, que fue su tesis doctoral y otro de ensayo político en 1919, coincidiendo con la creación de Unió Valencianista Regional, que se titulaba: Sustantivitat del valencianisme, cuyas ideas había plasmado en diversas conferencias. Fue presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Valencia; presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio de España y miembro del Consejo Superior Bancario. Tuvo el reconocimiento de los valencianos que, en 1956, le rindieron un homenaje verdaderamente sentido y emocionado con motivo de la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad por el Ayuntamiento de Valencia.

Ignacio Villalonga no se pudo sustraer a su siglo y, por lo tanto, no pudo desplegar políticamente sus “ideas valencianas”. Si en otro contexto histórico las hubiera podido desarrollar o no, ya forma parte de los futuribles y, por lo tanto, de la historia que no fue, es decir, de la nada. Lo que nos queda es su coherencia, que sí pudo plasmar en su valencianismo cultural.

 
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