Domingo, 29 de abril de 2007
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C. VALENCIANA

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La célula de Al Qaida que atentó en Casablanca se gestó en Valencia
La Comunitat ha registrado 70 arrestos por terrorismo islamista en dos décadas
La Comunitat ha registrado 70 arrestos por terrorismo islamista en dos décadas
La última conexión de Al Qaida en la Comunitat Valenciana se llama Saad Houssaini. Uno de los cerebros del atentado de Casablanca, que costó la vida a 45 personas en 2003, estudió Química en 1996 en la Universitat de València. Pero este marroquí de 44 años no es el único vínculo entre la región y la masacre de Marruecos.

Las investigaciones antiterroristas del Ministerio del Interior ya habían probado las relaciones existentes entre la Comunitat Valenciana y las matanzas del 11-M y 11-S. Jamal Zougam, uno de los presuntos autores de la masacre en los trenes de la muerte, pasó algunos días en Valencia. Khaled Madani, arrestado en 2004 en Torrevieja, fue considerado por la policía como uno de los falsificadores que proporcionó los pasaportes a la célula de Hamburgo, encargada de planificar el ataque contra las Torres Gemelas.

Hasta la aparición del islamista estudiante de Química, Salaheddin Benyaich, alias Abu Mughen, era la única conexión existente entre la Comunitat y el atentado de Casablanca. Considerado uno de los líderes del ataque contra la marroquí Casa de España, Abu Mughen se alojó en 1996 en una pensión de Ruzafa.

Entonces sólo era buscado por un juzgado de Valencia por una estafa. Fue detenido en octubre, pero quedó en libertad y huyó a Murcia. Pero, pese a ser únicamente un delincuente común, el futuro terrorista islamista ya sentía una “obsesión por España y odio por todo lo español”, tal y como indicaron fuentes de la lucha antiterrorista.

Conocido en ambos países
Pero la relación entre los dos futuros responsables de la matanza de la red terrorista islamista en el país vecino fue más estrecha que una simple coincidencia de espacio (la Comunitat) y tiempo (1996).

Tanto responsables de la Dirección General de Seguridad Marroquí (DGSN) como del Ministerio del Interior tienen constancia de que sendos líderes se reunieron en 1996, al menos en una ocasión, en Valencia, al parecer en el barrio de Ruzafa.

Un encuentro del que incluso se han hecho eco medios de comunicación internacionales como Associated Press o The Washington Times, tal y como ha podido comprobar LAS PROVINCIAS.

Abu Mughen, también conocido como “el hombre de los mil nombres” (por su infinidad de alias), cobra así un papel clave en los últimos atentados islamistas contra intereses españoles. Así, como ya publicó LAS PROVINCIAS, Mughen mantuvo al menos dos encuentros en Valencia con Jamal Zougam, uno de los supuestos autores materiales del 11-M.

Como Mughen, muchos de los incipientes terroristas islamistas detectados en la Comunitat surgieron del vivero de la delincuencia común. No es el caso de Saad Houssaini. Él no sigue el perfil de sus decenas de compañeros. Todo lo contrario. Es un hombre muy preparado. De hecho, llegó a Valencia en 1993 para completar su formación en Químicas con un doctorado en la Universitat de València.

Las dificultades económicas del marroquí le llevaron a intentar ganarse la vida mientras culminaba sus estudios. El mercadillo de Benicalap fue uno de los escenarios en los que el futuro islamista vendió alfombras y otros objetos árabes. Ayer, LAS PROVINCIAS recorrió este escenario pero nadie recordaba el rostro de Houssaini ni que pasara por el apacible rastro del barrio valenciano.

Manual de explosivos
La Universitat perdió el rastro del magrebí en 1995, aunque su nombre reapareció en diciembre de 1996. En esa fecha era detenido en Ruzafa, junto a dos tunecinos, a los que la policía intervino útiles para falsificar documentos y un manual para confeccionar explosivos. Pese al malestar policial, el juzgado dejó a los tres en libertad.

El inofensivo estudiante de Química reapareció en 1997 en Afganistán. Allí acudió para contactar con Bin Laden, conocer todos los secretos del terrorismo islamista y convertirse en un “especialista en explosivos” y uno de los “12 elementos más peligrosos de Grupo Islámico Combatiente Marroquí”, según fuentes de la lucha antiterrorista.

El marroquí cerebro de la matanza de Casablanca ha traído de nuevo el recuerdo de que la Comunitat es uno de las principales bases del terrorismo islamista en Europa. Alrededor de 70 detenidos por integrismo se han producido en la Comunitat desde 1989.

Por entonces ya comenzaban a sonar nombres como Grupo Islámico Armado (GIA), Movimiento de Tendencia Islámica (MTI), Hermanos Musulmanes, todos con presencia destacada en la Comunitat. De hecho, dos de los primeros detenidos por colaborar con una banda terrorista de este signo (Hezbollah), pretendían introducir 180 kilos de explosivos por el puerto de Valencia.

La Comunitat ha tenido siempre varios atractivos para los integrantes de estos grupos terroristas. Ofrece oportunidades de trabajo en el campo, la construcción y la hostelería. Muchos de los arrestados se dedicaron durante algún tiempo a estas faenas. La rápida y directa conexión marítima entre Alicante y el norte de África es otra de las ventajas. O también las relaciones comerciales de muchas empresas valencianas con Oriente Próximo.

1997 fue un año en el que quedó claro el carácter de Valencia como encrucijada de Al Qaida. Ese año caía una peligrosa célula del Grupo Islámico Armado en Torrent. Entre sus filas, Allekema Lamari, un nombre célebremente famoso al ser uno de los terroristas suicidas del 11-M muertos en Leganés.

Pero incluso antes se había demostrado que la red de Osama Bin Laden había puesto sus ojos en la Comunitat Valenciana. En 2001, Mohamed Bensakhria, lugarteniente del jeque saudí, fue arrestado en Alicante. Era sólo el comienzo de la tupida red logística que Al Qaida tejió en la Comunitat.

acheca@lasprovincias.es

 
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