Domingo, 15 de abril de 2007
Registro Hemeroteca

en

EDICIÓN IMPRESA

Valencia
“Majestad, ¡no hay segundo!”
La respuesta que un súbdito británico dio a la reina Victoria en la regata de la que nació la Copa América (1851) marca la historia de competitividad y lucha en la que se ha basado la competición deportiva más antigua del mundo
La respuesta que un súbdito británico dio a la reina Victoria en la regata de la que nació la Copa América (1851) marca la historia de competitividad y lucha en la que se ha basado la competición deportiva más antigua del mundo
En 1851 se celebró en Lon dres la primera Exposición Universal de la historia. El Imperio Británico pretendía con ella mostrar al mundo el poten cial de una nación que, de la mano de la reina Victoria, se había con vertido en la primera potencia del mundo. Sobre todo en el terreno naval.

Dentro de los actos de esa exposición se programó una gran regata que consistiría en una vuel ta alrededor de la isla de Wight, en pleno Canal de la Mancha. El ga nador de la prueba sería premiado con una copa de plata valorada en 100 guineas de oro. Como muestra de típica cortesía victoriana, los or ganizadores del evento decidieron cursar una invitación a un velero extranjero, el América, procedente del recién nacido Club de Vela de Nueva York.

El barco norteamericano, que se había pasado 21 días navegan do por el Atlántico, fue rebasando uno a uno a todos los barcos parti cipantes hasta llegar en solitario a la zona de meta. En ese momento se empezó a crear el mito que ro dea la prueba.

Fue la propia reina Victoria, copa en mano y dispuesta a entre garla a un vencedor británico, quien en la línea de meta preguntó por el vencedor. “El América, Majestad”, recibió por respuesta, a lo cual si guió la enérgica pregunta de la so berana de la mayor potencia naval del momento sobre quién era el se gundo. Tras unos segundos de bús queda de unos de sus lacayos a tra vés de los decimonónicos prismáti cos obtuvo la respuesta que daría el pistoletazo de salida a la historia de la competición: “Majestad, ¡no hay segundo!”. La Copa de las 100 Guineas, como se le llamó en los días previos a su disputa, fue a pa rar al América y se convirtió en la Copa del América –America’s Cup en su nombre original en inglés– desde ese momento hasta hoy.

Con ello nació una leyenda ba sada en la superación deportiva y tecnológica que ha llegado hasta la 32ª edición –que se celebra este año– como uno de los retos deportivos que más pasiones levantan en el mundo.

Una historia de lucha
El sistema actual de competición no tiene nada que ver con la regata original de 1851. El campeón ame ricano regresó a Nueva York con el orgullo de haber derrotado a los británicos en su propia casa y no fue hasta 1870 cuando se ce lebró la primera defensa de la co pa, sistema sobre el que se basa la competición actual.

En 1870, 17 barcos del Club de Vela de Nueva York (NYYC) parti ciparon como desafiantes en una competición que fue dominada apa bullantemente por distintas embar caciones norteamericanas durante algo más de 50 años. De hecho, ninguna embarcación desafiante pudo ganar una regata al defensor de turno hasta bien entrado el siglo XX, a excepción del Livonia británi co, que en 1871 consiguió el honor de ganarle una regata al defensor de esa edición.

Las primeras ediciones mostra ron la impresionante ventaja que la vela de competición de los Esta dos Unidos tenía sobre el resto de países. No obstante, los primeros años ya presentaron intrigas de es pionaje industrial y sabotajes que no hicieron más que engrandecer el mito de competitividad que ro dea a la copa.

En 1887 la Copa de las 100 Gui neas fue depositada finalmente en la sede del NYYC. El depósito se realizó acompañado de una ver dadera acta fundacional, el Deed of Gift, que sentaría la bases para que la competición se plantease a partir de ese momento como un verdadero “desafío entre naciones extranjeras”. De esta forma se es tablecía el reglamento de regatas que sigue siendo en la actualidad la base del torneo: equipos de dife rentes países, distintos al del bar co defensor, luchan por arrebatarle el trofeo. Ello dejaba separada la lucha entre los barcos americanos que desearan defender el trofeo y los veleros extranjeros que quisie sen plantarles cara.

La Clase J y los grandes nombres
Las ediciones se fueron suce diendo con distinta periodicidad du rante el último tercio del siglo XIX y el primero del XX. Únicamente las dos guerras mundiales y la crisis económica del periodo de entregue rras pararon la competición.

Muchos fueron los nombres que pasarán a la historia de la compe tición en una época en la que los viejos barcos dieron paso a los mastodónticos Clase J, que prota gonizaron la prueba hasta que fue ron desmantelados para abastecer a barcos de contienda en la Segunda Guerra Mundial. Nombres como los de Sir Thomas Lipton –conocido co mo el rey del té–, uno de los desa fiantes más activos de principios del XX, o Charlie Barr, que ganó co mo timonel tres ediciones seguidas de la prueba, forman parte de la historia de la competición.

Tras el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial la reglamentación sufrió una modificación que resul taría a la postre definitiva. A partir de 1958 la organización permitió a los barcos participantes en el desa fío llegar al lugar en el que se cele braba sin necesidad de llegar por mar navegando en el propio barco de competición. Así pues, se abría la puerta a que participasen bar cos de países más allá del Atlánti co que tenían casi imposible llegar navegando al campo de regatas de turno y poder competir con ese mis mo barco.

Los barcos americanos continua ron con la hegemonía en el palma rés durante los años posteriores sin que ningún barco ni australiano ni británico fuera capaz de vencerle en el desafío final. Tal era la su premacía estadounidense que se decía que si un patrón perdiese la copa, debería rellenar el hueco que dejase la copa en las vitrinas con su propia cabeza. Por eso, cuando finalizó la “dictadura” la afrenta se tomó como un desastre.

La gran debacle americana
El año 1983 pasará a la historia de la vela por ser el año en el que se cele bró la primera Copa Louis Vuiton. No obstante, esa fecha será la del fin de la hegemonía de Estados Unidos. El Austra lia II ganó la I Copa Louis Vuitton y contra pronóstico se adjudicó la Copa América en casa de los propios americanos. La racha había acabado y Estados Unidos lo entendió como una verdadera afrenta a su hegemonía tecnológica y de portiva. El presidente Ronald Reagan declaró que hasta ese momento habían “considerado que los australianos vivían cabeza abajo, a partir de hoy debemos pensar que son ellos los que están cabeza arriba”.

La siguiente defensa del trofeo fue la primera que se celebró en el hemisferio sur. El despliegue de los americanos para recuperar la copa devolvió al evento el aire de competitividad que había ido perdien do a lo largo del siglo XX. La copa volvió a Estados Unidos pero la polémica que si guió a esa edición casi acaba con la pro pia competición.

En 1988 las peculiares interpretaciones del Deed of Gift –protocolo original bajo el que se rige la Copa–, tanto por el desafiante neozelandés Michael Fay, como por el de fensor, Dennis Conner, hicieron que ambos se acusasen de boicot. La competición vio vencer al defensor norteamericano, pero los meses siguientes la maraña judicial en la que se vieron inmersos mermó la imagen de la Copa.

Para sobre pasar todo este embrollo se introdujo una nueva normativa: se creó una nueva clase de velero, la única con la que se podría competir a partir de esa fecha y con la que se compite actualmente: la International America’s Cup Class (IACC).

Una Copa más internacional
La edición que siguió a la época más convulsa del trofeo, la de 1992, fue una de las más internacionales de la historia. Sindicatos de Francia, Japón, Italia, Rusia e incluso un barco español lucharon en el campo de regatas de San Diego. Los italianos de Il Moro de Venezia pusieron la base a la apertura internacional del trofeo al plantarse en el desafío contra el barco estadounidense y plantarle batalla hasta el final.

Los dos siguientes desafíos fueron para el barco neozelandés Black Magic, que se convertía sí en el primer velero no estadounidense que era capaz de mantener la copa tras un desafío. Este hito hizo que para 2000 y 2003 no se celebrase eliminatoria para decidir defensor de la copa, por lo que la batalla se centró únicamente en los barcos desafiantes.

Los desafíos de la Copa América se han convertido en auténticos proyectos que, en ocasiones, alcanzan unos presupuestos astronómicos. De hecho, las luchas internas y los fichajes están a la orden del día. Entre 1995 y 2000 la gran mayoría de la tripulación del neozelandés Black Magic fue fichada por el multimillonario proyecto del suizo Ernesto Bertarelli y su Alinghi. Este barco pasaría a la historia en 2003 por ser el primer barco de un país sin salida al mar que conseguía ganar la Copa América. De ahí que las normas de la competición obligasen al Alinghi a buscarse un campo de regatas fuera de su país de origen, lo que permitió que Valencia fuera el primer puerto europeo continental en disfrutar de la disputa de la Copa América en sus 156 años de historia.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad

Canales RSS