Martes, 10 de abril de 2007
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La “edad de oro” de Balansiya
La Valencia musulmana conoció su mayor esplendor en el siglo XI, durante el reinado de Abd al-Aziz, señor de la Taifa valenciana, nieto de Almanzor
La Valencia musulmana conoció su mayor esplendor en el siglo XI, durante el reinado de Abd al-Aziz, señor de la Taifa valenciana, nieto de Almanzor
Ami entender, esta vieja tierra con linaje de gran historia, tuvo dos “edades de oro”. Una, los años a caballo entre el siglo XV y el XVI, desde la llegada al trono de Alfonso el Magnánimo, en 1416, a la muerte del duque de Calabria, en 1550. Son los años equivalentes al Quattrocento y Cinquecento italianos. Es el Renacimiento, que entró en España por Valencia. Nos ocuparemos de ella próximamente, y, mientras, pueden ustedes contemplar la magnífica exposición que se muestra en L’Almodí, que enfoca precisamente esta época .

La otra “edad dorada” nos envía su eco hasta esta página desde más antiguo, es el momento en que se constituye en Valencia la primera forma de Estado, autónomo y diferenciado, que es el Reino Taifal valenciano-árabe de Balansiya, en el siglo XI, en el que sobresale la figura de Abd al-Aziz ibn Amir, el más grande “malik” –”rey”– de Balansiya, es decir, Valencia, textualmente, y geopolíticamente lo que aproximadamente es hoy la Comunidad Valenciana, aunque con expansiones territoriales, como luego veremos, y que reinó desde el año 1021 al 1061.

“Abuelos” sirios
Antes de Abd al-Aziz, Valencia aparece como un apéndice al norte de los dominios del caudillo godo Teodomiro, que pacta un statu quo con los nuevos dominadores árabes y, a cambio de su gobierno vitalicio sobre algunas zonas valencianas meridionales y murcianas, permite la progresión de los árabes y su asentamiento colonizador. De hecho, su propia familia entronca con árabes prominentes; su hija se casa con el noble sirio Ibn Jattab – anotemos la primera aparición de los sirios relacionados con Valencia–, cuyos descendientes son los primeros señores de Balansiya, y, como anota Sanchis Guarner, favorecen el establecimiento aquí de agricultores venidos de Siria –de nuevo los sirios–, y también egipcios, que con sus conocimientos de las técnicas agrícolas y sistemas de riego perfeccionarían la agricultura de los oriundos, la población íbero-romanizada.

Tras el paréntesis de otra figura reseñable de los musulmanes en Balansiya, el príncipe omeya Abd Allah, llamado “al-Balansi”, es decir, “el valenciano” –ver texto sobre la al Rusafa en la parte inferior de la página–, la “edad de oro” de los musulmanes valencianos lleva el nombre de Abd al Aziz.

La gran Taifa de Abd al-Aziz
Cuando el califato omeya de Al-Andalus se divide en reinos independientes –las Taifas–, Balansiya emerge como uno de los más importantes, de la mano de su rey Abd al-Aziz. Este gran monarca valenciano-musulmán, nieto de al-Mansur –”el Vencedor”, el Almanzor del habla castellana– engrandeció territorialmente Balansiya con la anexión de la Taifa de Almería, que comprendía también Murcia, y convirtió la ciudad de Valencia –que los árabes llamaban Medina al-Turab, “Ciudad de Arena”, por estar edificada en la orilla de un río, aunque enseguida el topónimo territorial de Balansiya pasó a ser también el de la ciudad– en la mayor plaza fuerte de todo al-Andalus. Sanchis Guarner dice de Abd al-Aziz que sus cuarenta años de reinado fueron el periodo de mayor esplendor de la Valencia musulmana y “els moros valencians havien de recordar.lo amb enyoranza en els seus tribulacions posteriors”.

Y hace referencia a crónicas árabes de la época, que nos retratan a los musulmanes valencianos como de “elegant aspecte” y como “gent rica, que disposava en les seues cases de tots els atifells i estris de luxe i de plaer, i adquirien qualsevol novetat exòtica que hi aparegués...”.

Al-Munia real
Abd al-Aziz construyó su palacio real –al-Munia, en árabe–, según la costumbre de los soberanos árabes como un lugar de recreo fuera de la ciudad, –donde ahora están los Viveros–. El gran arabista Henri Pérès en su libro Esplendor de al-Andalus, nos habla de la belleza y grandiosidad del palacio, que “comprendía un gran jardín plantado de árboles frutales y flores; un río lo atravesaba (¡!), y en el centro se encontraba el palacio, con pabellones ricamente decorados, que se abrían al jardín”.

El día de la inauguración, dice Pérès, Abd al-Aziz dio una fiesta “que reunió a la flor y nata del reino; cien pajes servían las vituallas y el vino; el príncipe distribuyó ese día veinte mil presentes y donó en feudo propiedades importantes”...

 
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