Lunes, 9 de abril de 2007
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Valencia
Tarzán, Spitz y Phelps
En el origen fue Weissmuller. Tal era su destreza como nadador que se hizo famoso como actor. En 1972, Spitz le robó la popularidad, con sus siete oros. Ahora, Phelps es el nuevo Tarzán
En el origen fue Weissmuller. Tal era su destreza como nadador que se hizo famoso como actor. En 1972, Spitz le robó la popularidad, con sus siete oros. Ahora, Phelps es el nuevo Tarzán
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La natación universal tiene tres leyendas y una polémica sin solución: ¿Quién es mejor, Johnny Weissmuller, Mark Spitz o Michael Phelps? Nunca se sabrá.

Hasta 1972, el mejor nadador de la historia era Johnny Weissmuller. Nacido el 2 de junio de 1904 en Freidorf, entonces un pueblo del imperio austrohúngaro, emigró a Estados Unidos y allí supo nadar y guardar la ropa del éxito. Conquistó cuatro medallas de oro en los Juegos de París 1924 (una, en waterpolo) y otros dos en Amsterdam 1928. Siempre venció en las pruebas de estilo libre, con un cuerpo tan atlético que se ganó a pulso, y a músculo, su papel como Tarzán de los monos , en 1932. Su éxito fue tal que desde entonces se hizo mundialmente famoso como actor y por aquellos chapuzones que provocaban los triples saltos mortales de Chita.

En 1972, Mark Spitz le robó el trono acuático. Sus siete medallas de oro, laureadas con otras tantas plusmarcas mundiales, le elevaron al mar de los altares. Su repercusión fue tal que un cuarto de siglo más tarde, cuando Michael Phelps supo que su vida sería la natación, solamente planificó un objetivo: superar el récord de los siete oros de Spitz. A ello se ha dedicado durante doce años. Obtuvo cinco en los Mundiales de Montreal 2005, seis en los Juegos de Atenas 2004 y ahora, en Melbourne, ha igualado al rival de su obsesión: siete colgantes amarillos. En Pekín 2008 buscará definitivamente las ocho.

El último portento
Para muchos, Michael Phelps es ya el número uno de todas las épocas. En los Mundiales de Fukuoka 2001 comenzó una carrera triunfal que no encuentra piscina que la ahogue. Pero la discusión será eterna. Durará otros treinta y cuatro años, los que separan los hitos de Mark y de Michael. Son epocas incomparables, como dice Spitz. Cuando él nadaba, no ganaba dinero ni había patrocinadores que pudieran permitirle dedicarse a este deporte. El tiburón con bigote se adjudicó sus siete metales, estableció otros tantas plusmarcas mundiales y se retiró. Tenía veintidós años y “había que ganarse la vida”. Hoy, Phelps se dedica a la natación en cuerpo y alma. Gana millones de dólares en la piscina en busca de un objetivo que ahora ha igualado. Las dudas pueden quedar despejadas dentro de un año en los Juegos de Pekín.

 
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