Domingo, 8 de abril de 2007
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vida & ocio
Concha Montaner
La atleta de l’Eliana disfruta cocinando para los amigos. Lo primero que hace cuando entra a su casa es apagar el móvil. Una semana al año cuelga las zapatillas por los moños de fallera
La atleta de l’Eliana disfruta cocinando para los amigos. Lo primero que hace cuando entra a su casa es apagar el móvil. Una semana al año cuelga las zapatillas por los moños de fallera
He sido una niña movida, no podía estar quieta”. Esta declaración de intenciones se convirtió en amenaza ejecutada con brillantez. Si de pequeña corría y saltaba por las calles de l’Eliana y en tan pocos segundos como lo hace ahora... ¡Madre mía! ¡Cómo se lo pasarían de bien en la familia Montaner para parar a la pequeña Concha!

Menos mal que de casta le viene al galgo –y eso de acelerar más que a nadie– y los progenitores de Concha estaban preparados para la velocidad: “En mi familia ya había algún antecedente deportivo. Siempre nos han gustado las actividades físicas. Mi padre jugaba al fútbol, mi madre también hacía sus pinitos en gimnasia y mis tíos eran atletas de carreras de fondo”.

Con esta estirpe queda claro que lo de la pequeña Montaner comienza por ser una cuestión de genética y de ambiente familiar.

A estas alturas del artículo ya está claro cuál era la asignatura preferida de Concha: gimnasia. Y matiza: “Pero hay que explicar que antes no era como ahora. Lo que hacíamos era jugar a diferentes deportes para conocerlos todos”.

En las instalaciones del colegio del Garbí y fuera de ellas, la pequeña destacaba en fútbol, voleibol, balonmano, tenis, natación, gimnasia rítmica, patinaje... no había ningún deporte que no practicara. Evidentemente probó el atletismo y le gustó.

Concha recuerda una infancia feliz de juegos con los demás chavales de la finca donde vivía. “Era una niña muy normal. Cuando estaba en casa me gustaba jugar a con las barbie y fuera, a pillar, al escondite, al sambori, básicamente, a los juegos más típicos”, rememora.

Con 11 años comenzó a interesarse en serio por el atletismo. “Es una progresión. Primero te divierte con las demás compañeras, después te das cuenta de que te gusta y de que vales”. Tan buenos fueron los resultados que cinco años después ya era una promesa consolidada. Los galardones delataban una trayectoria brillante: en 1998 fue campeona de España juvenil de 100 metros y de salto de longitud, campeona del mundo junior en 2000 y subcampeona en los Juegos Olímpicos de Sydney. La lista es casi interminable.

En casa con los amigos
“Me gusta experimentar en la cocina y preparar platos nuevos. El problema es que no tengo tiempo y, además, como soy atleta llevó una alimentación estricta así que casi lo único que como es pasta y arroz”, admite.

A la deportista valenciana le gusta invitar a sus amigos a cenar a casa. Asegura que el motivo no es alardear de sus nuevos experimentos culinarios, sino que se trata de pasar una velada con las personas a las que aprecia.

Para los futuros invitados a casa de la flamante deportista, el menú de la chef Montaner suele incluir “de primero parrillada de ternera y de postre tiramisú”. Son las especialidades de la casa. En estas cenas Concha suelta la adrenalina de unas maratonianas jornadas de entrenamiento. “Mi trabajo, cuando no estoy viajando para competir, es entrenar. Me voy al polideportivo de l’Eliana todas las tardes, menos los sábados que intento descansar”.

La atleta valenciana se define como una persona “casera” a la hora de ocupar su tiempo de recreo. “Cuando llego a casa después del entrenamiento, apagamos los teléfonos. Mis horas de descanso son sagradas. Es un momento para la tranquilidad”, asegura. Dice Concha que le gustan las cosas normales, como “ir al cine y escuchar música”, pero sobre todo pasar todo el tiempo que el deporte le permite con su marido.

¿Aparte de hacer deporte también lo ve por televisión? “Por supuesto. Me gusta ver todo tipo de competiciones. De hecho cuando nos mudamos lo primero que hicimos es comprar todo lo necesario para sintonizar los canales donde se emite deporte”. La televisión es una buena aliada de Concha: “Mi marido graba mis competiciones así puedo ver en qué he fallado para mejorarlo la próxima vez”.

Durante todo el año sólo hay una semana en que la atleta se permite dejar de pensar en el deporte. Concha cambia las zapatillas por los moños, las peinetas y los trajes de fallera. La familia le inculcó el amor a la falla Virgen del Carmen de l’Eliana a la que pertenece desde que era pequeña. “Yo soy de mi pueblo. Aquí tengo todo lo que necesito, tal vez porque esto más que un puedo parece ya una ciudad. Toda mi familia es de aquí e intento disfrutar de las fiestas, aunque en verano es complicado porque los atletas estamos inmersos en la temporada de competición”, explica. Concha Montaner ha superado ya la resaca de éxito que le supuso ganar la medalla de plata de salto de longitud en los pasados europeos de pista cubierta celebrados en Birmingham.

Ahora se entrena de cara a sus próximos objetivos: el Mundial de Atletismo de Osaka de este verano y el próximo Mundial de Atletismo en Pista Cubierta que se celebrará el año que viene en Valencia.

 
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