Jueves, 22 de marzo de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Seguro de asistencia
Hay que estar al día, incluso a la noche cuando se mete en juerga. El sector asegurador español, con gran perspicacia, ha olido el negocio, a pesar de su vehemente tufo a alcohol, y lanza un seguro que ofrece llevar a casa a los jóvenes que no pueden ir por su pie. Es una garantía para quienes participan en la olimpiada del ‘botellón’: saben que después de estar tirados en las aceras van a poder tirarse en la cama, dormir la mona, que a veces es un toro, y comentar al día siguiente lo bien que lo pasaron vomitando líquidos hospicianos mezclados con anfetaminas.

Eso de salir a la calle con el propósito de emborracharse no figura en el código ético de ningún bebedor como Dios manda. A nadie que esté en sus cabales se le ocurre perderlos todos juntos. Lo que pasa es que es más fácil obtener un carné de conducir que un carné de bebedor. Los controles de alcoholemia fomentarán la buena marcha del negocio de las aseguradoras. ¿Por qué hacer soplar a quienes se han dedicado a eso durante buena parte de la noche? Además, el servicio es completísimo: incluye traslados hasta 25 kilómetros y está basado en la estadística. Al parecer, cada año unos 60.000 jóvenes sufren lesiones en accidentes de tráfico y muchos de ellos se van a criar malvas cuando estaban en la flor de la vida.

No se sabe bien por qué hay tantos muchachos que escogen el fin de semana para finalizar sus días terrestres. Los psicólogos están intrigados y van a seguir estándolo. El gran Chumy Chúmez decía que cuando alguien bebe sin motivo algún motivo tendrá. El caso es que el consumo de vino ha caído en España un 7% y no precisamente por mi culpa, pero los jóvenes beben otras cosas según parece. No es probable que lleguen a esa edad en la que las sopitas y el buen vino son lo más apreciado.

 
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