Sábado, 10 de marzo de 2007
Registro Hemeroteca

en

EDICIÓN IMPRESA

PILOTA
La enésima batalla de Oñate
El punter de Massamagrell disputa mañana la final de la Lliga Bancaixa a sus 42 años. A los 25 estuvo a punto de dejar la pilota
El punter de Massamagrell disputa mañana la final de la Lliga Bancaixa a sus 42 años. A los 25 estuvo a punto de dejar la pilota
Oñate era un juerguista de campeonato. Le gustaba tanto la jarana que estuvo a punto de abandonar su otra gran pasión: la pilota. “Espiral (una discoteca de Camp de Turia) la hacía polvo”, advierte un ex compañero. Noches interminables, resacas espantosas, el lado fácil y engañoso de la vida. Pero entonces apareció Mercedes, su actual mujer, y lo metió en vereda.

Aquello fue hace quince años y gracias a la providencial aparición de aquella persona, su esposa, la afición sigue deleitándose con un maestro de la pilota. Porque Oñate estaría jugando toda su vida. Y de hecho lleva toda su vida haciéndolo. Francisco Javier García Atienza (Massamagrell, 1965) es el decano de la actual nómina de pilotaris. Y no está de relleno. Ni mucho menos. Oñate se prepara para afrontar su tercera final de la Lliga Bancaixa, lo máximo. Mezquita, Sarasol II y él se enfrentarán mañana (12 horas), en el trinquete de Guadassuar, a Núñez, Melchor y Tino. Será el primero de un desenlace al mejor de tres asaltos.

La principal característica de esta final es que los protagonistas tienen muchas horas de vuelo. Núñez tiene 37 años; Tino, 36; Mezquita, 39; Sarasol II, 36, y Oñate, 42. ‘El Nene’, un apelativo heredado de su padre, que también fue jugador, se encuentra pletórico y ni siquiera piensa en la retirada. “Seguiré mientras el cuerpo aguante. Mis 42 años no se reflejan en la cancha. Yo veo que hay chiquitos que se cansan antes que yo”, explica sobre su longevidad, señalando como clave “vivir tranquilito”.

Pero no siempre vivió igual de tranquilito. “Unos días iba hacia el Norte y otros hacia el Sur”. Oñate se refiere a aquellos días de fiestas continuas. Fiestas que se acabaron cuando Mercedes le hizo comprender que podía disfrutar de la vida, y de la pilota, con más conciencia y orden. “Le debo mucho a mi mujer. Si no fuera por ella, todavía estaría dando barrigazos por las discotecas”.

Su vida dio un cambio radical. Se centró y puso todo su empeño en jugar como muy pocos más lo hacen, con una técnica deliciosa. Porque Oñate es un artista. Ya no se encuentran punters como él. Pero esto tampoco es por azar. El pilotari de Massamagrell salí del colegio y se iba a jugar al trinquete hasta que se le hacía de noche. Y en verano se pasaba el día entero. Horas y más horas golpeando la pilota. O viendo a los grandes. A Xatet, Genovés, Eusebio... “Los jóvenes de ahora no se quedan ni a ver las partidas. Acaban de jugar, meriendan y se van a casa”, explica.

Y a sus 42 años sigue dando juego. La Lliga Bancaixa premia la técnica. Los jugadores de gran pelotazo pierden su ventaja con las galerías prohibidas. Por eso Oñate ha llegado a la final con otros dos maestros como Mezquita y Sarasol II. Es muy posible que estos tres hayan sido los mejores jugadores de la historia del Circuit. Cada uno en su puesto.

Pero el bando contrario no anda cojo. Tino, por ejemplo, ha jugado siete finales y ha ganado tres. Igual que Sarasol II. Ambos son padres de dos hijos. Como Núñez, que tiene gemelos. Oñate, por su parte, tiene uno, Eric, de nueve años. Y el punter medita sobre quiénes van a jugar la final y llega a la conclusión de que no puede haber sorpresas. “Nos conocemos de sobra, desde hace muchísimo tiempo”, comenta Oñate, que debutó allá por 1979, en un campeonato juvenil en el que jugó junto a Fenollosa. Hasta que el resto se lesionó en un dedo y fue sustituido por Enrique Sarasol. Fueron subcampeones.

Oñate cree que tampoco han cambiado tantos las cosas. La principal diferencia que encuentra es el carácter. “Antes se sentían mucho más las derrotas. Había más genio. Cuando uno perdía, se rompía la camiseta, chillaba, discutía. Ahora los jugadores son más tranquilos. Todos son amiguetes, salen por juntos por ahí... Van al trinquete, juegan y se van. Y si pierden no pasa nada, a la otra. Nosotros estábamos días sin hablarnos”.

Además matiza que en aquella época había muchos más pilotaris. “Cada partida era como la última oportunidad. No podías fallar. Ahora no pasa nada porque no hay más de donde coger”. Tal vez por eso la final reúne a cinco veteranos y un chico de 25 años, Melchor, que ha tardado en cogerle el punto a la vida. Como aquel Oñate a su misma edad.

La final se resume en una pregunta: ¿Será capaz el trío de Núñez de derribar el muro? Porque Mezquita, Sarasol II y Oñate ya no forman un trío explosivo, agresivo, pero resulta francamente complicado hacerles un quinze. “A mí no me preocupan los rivales, sólo pienso en mi equipo”, comenta Oñate, que por las mañanas trabaja como repartidor y por las tardes juega a pilota. Como siempre, desde hace 28 años.

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad

Canales RSS