Jueves, 1 de marzo de 2007
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Teodoro Llorente Falcó: el rigor en el periodismo valenciano
Teodoro Llorente Falcó nació cuando su padre ya era director de LAS PROVINCIAS, el 15 de marzo de 1869. Era el cuarto hermano. La sombra de su padre, tal vez, le hizo que no cultivara la poesía, pero fue un periodista entregado y ejemplar. Era la segunda generación de periodistas cuyo nombre va unido a un solo periódico como el marqués de Valdeiglesias con La Época o el segundo Gasset con El Imparcial. Cuando su padre dejó la vida política le sustituyó en la dirección efectiva del periódico, aunque no fue director titular hasta 1911, año en que murió el primer director Teodoro Llorente Olivares.

Periodista y escritor
Teodoro Llorente Falcó fue, como ya se ha dicho, un periodista excepcional. Consideraba que, a pesar de que lo valenciano estaba perfectamente definido, siempre era una buena ocasión para concretarlo mejor, y así lo hizo en su obra. En defensa de la personalidad valenciana, participó activamente en las actividades de Lo Rat Pena. Llegó a ser secretario de la entidad y fue académico del Centro de Cultura Valenciana.

Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia. Además de director efectivo del diario LAS PROVINCIAS, fue colaborador de ABC y de la Ilustració catalana y de diversas revistas. Dirigió también las revistas El Agrícola Levantino y La Exposición Valenciana.

Su trabajo fue más allá del periodismo, colaboró con el franciscano Lluis Fullana en la investigación filológica que condujo a la publicación de su famosa Gramática valenciana. Utilizó los seudónimos Juan de Antaño, Jordi de Fenollar y Aradiel tanto a la hora de firmar algunos de sus artículos como en sus libros. Entre estos destacan los literarios: Ráfagas del campo, impresiones de la manada; Cuentos maravillosos; Nuevos cuentos maravillosos, y los ensayos: En defensa de la personalidad valenciana y Los valencianos en San Sebastián. También escribió obras biográficas como Mistral y Llorente y Eduardo Escalante (Recopilación de datos para un estudio sobre su personalidad literaria). Memorias de un setentón es una verdadera autobiografía. Entre su obra destaca el Epistolari Llorente, en el que recoge, en tres volúmenes, la correspondencia de su padre, a la que añadió su estudio crítico con notas y acotaciones.

Los años difíciles
Teodoro Llorente Falcó conoció la descomposición del sistema político de la Restauración y la tensión social que provocó una serie de conflictos que afectaron a la vida de LAS PROVINCIAS, como las huelgas de 1916 y 1917. Pero estas dificultades de nuevo cuño en nada afectaron a la resonancia de su pluma: en diciembre de 1918 describe en un artículo la falta de transparencia del mercado de productos agrarios, especialmente la naranja. LAS PROVINCIAS, bajo su dirección, se convertía en un referente de la prensa española en general, de ahí que las crónicas de las campañas de Marruecos alcanzaran una gran resonancia.

Pero los temas valencianos siempre estaban en primera línea: la naranja, la cebolla, el arroz, el vino dentro de la economía agraria; el puerto y la construcción naval y la mejora del transporte por ferrocarril.

El tema de la lengua valenciana era objeto de un tratamiento especial: en un artículo publicado en noviembre de 1926 LAS PROVINCIASdefendía la candidatura del franciscano Lluis Fullana, filólogo de gran prestigio, para presentar a la lengua valenciana en la Real Academia Española. En marzo de 1927 el padre Lluis Fullana era elegido para el puesto mencionado en la Real Academia Española. Todavía no había llegado Rubio a la Real Academia con su gran influencia para que la institución cambiara de criterio con respecto a la consideración del valenciano.

La renovación del periódico
En año 1931, en que se proclamó la II República, LAS PROVINCIAS, dirigido por Llorente Falcó, fue el quinto periódico que se editó en huecograbado (los cuatro primeros fueron: El Día Gráfico de Barcelona; el ABC de Madrid; La Vanguardia de Barcelona y Ahora de Madrid). Nos lo cuenta así José Altabella:

Efectivamente, el 27 de enero de 1931, LAS PROVINCIAS iniciaba una nueva singladura técnica, culminación de las reformas emprendidas por la tercera generación de los Doménech: Federico Doménech Muñoz, nieto del fundador e ingeniero industrial –nacido en Valencia el 17 de agosto de 1887 y fallecido en . dicha ciudad el 12 de junio de 1935–que fue, a la muerte de su padre, en 1924, quien habría de continuar la dinastía dirigente de la empresa editorial de LAS PROVINCIAS. Pero ya, con la orientación tecnológica que exigen los tiempos, Doménech Muñoz sentía la responsabilidad de esa herencia tradicional y sabía que LAS PROVINCIAS era eje histórico del periodismo valenciano. Y a él se debió la instalación del teletipo, la modernización de la estereotipia, la nueva etapa del huecograbado, el tamaño reducido y manejable de sus páginas, la popularización, en fin, del periódico entre los grandes sectores sociales…

Pensaba en los detalles aparentemente más nimios que proyectaba para fomentar la propaganda de su empresa; así, en 1930, convocó un concurso para premiar un pasodoble titulado LAS PROVINCIAS; la obra seleccionada llegaría luego a interpretarse durante muchos años en los desfiles y en certámenes de bandas de música regionales y de las fiestas falleras.

Ante la II República
Al iniciar su nueva etapa bajo la dirección de Llorente Falcó, LAS PROVINCIAS reafirmaba, una vez más, su independencia política y renovó los principios que lo informan y lo orientan. En el editorial de aquel día 27 de enero de 1931 podía leerse:

“LAS PROVINCIAS, sin dejar de ser una publicación muy española, en el sentido de mantener los sagrados lazos de la unidad nacional, es, ante todo y sobre todo, muy valenciana porque tiene la firmísima convicción de que el fundamento de la prosperidad nacional está en el progreso y bienestar de las regiones, y que uno de los errores más gravísimos que ha padecido España ha sido precisamente el de pretender matar la personalidad de dichas regiones para crear un uniformismo sin corazón ni ideal…”(…) “LAS PROVINCIAS, de hoy en adelante, nos proponemos que sea la hoja serena e imparcial que lleve a todos los hogares, despojada de partidismos y pasiones, la información más completa de todo lo que en el mundo acaezca, comenzando por la ciudad, siguiendo por la región, pasando luego a toda España para continuar por Europa y, finalmente, por el mundo, que así el afecto va gradualmente creciendo en una serie de círculos hasta diluirse en lo infinito.”

Un hombre que nació en 1869, tres años después de LAS PROVINCIAS, vivió el optimismo decimonónico del que él era partícipe, y así se manifiesta en su obra literaria, que no poética, como Cuentos maravillosos. Pero ese optimismo se truncó en desazón, que no odio, cuando algunos de los que ahora pretenden ser recuperados como supuestos defensores de la libertad, por una pésima memoria y peor Historia, acabaron con la vida de su hijo Teodoro Llorente Monleón. Nunca se recuperó del golpe que le produjo este asesinato.

En 1939, Llorente Falcó recuperó la dirección del periódico. Cuando el 15 de abril de ese año reanudó su aparición era otro hombre sin su optimismo anterior, pero dejó una obra que es un monumento de amor a Valencia y sus coetáneos: Memorias de un setentón. Poco a poco, como era tradición en el diario, le pasó el testigo al subdirector: Martín Domínguez que, como él, también fue un clásico del valencianismo.

 
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