Domingo, 25 de febrero de 2007
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Valencia
Miguel Ramón Izquierdo, el alcalde que protegió el Saler
Cuatro alcaldes anteriores, durante casi 20 años, proyectaron la urbanización que recondujo desde la Alcaldía Su primera decisión, en septiembre de 1973, fue paralizar la subasta de 68 parcelas de monte; ya no se vendió más desde entonces
Cuatro alcaldes anteriores, durante casi 20 años, proyectaron la urbanización que recondujo desde la Alcaldía Su primera decisión, en septiembre de 1973, fue paralizar la subasta de 68 parcelas de monte; ya no se vendió más desde entonces
Uno de los mitos más extendidos en la ciudad de Valencia, singularmente en los ambientes de la izquierda, consiste en atribuir al alcalde Miguel Ramón Izquierdo la responsabilidad de la idea y proyecto de la urbanización de la Dehesa y su desarrollo cuando en realidad fue él quien detuvo la subasta de parcelas del monte público a los pocos días de llegar a la Alcaldía. Sin embargo, también se le achaca con frecuencia no desear que el Turia fuera jardín, cuando fue él quien logró del Estado la propiedad del cauce e hizo la primera plantación de árboles en el río.

El hipotético desarrollo turístico del Saler fue propuesto por los ayuntamientos de los cuatro alcaldes anteriores a Miguel Ramón Izquierdo en un extenso período que va desde 1954 a 1973. En efecto, alcaldes como Baltasar Rull o Tomás Trenor, marqués del Turia, no son vinculados con la urbanización de la Dehesa ni por las más informadas entidades ciudadanas ni por quienes, desde la izquierda, manejan estudios más o menos reivindicativos sobre el tiempo en que se pedía la paralización del proceso de urbanización del monte y la consiguiente subasta de parcelas. Sin embargo, los primeros esbozos de urbanización de la franja de pinos que separa el mar de la Albufera datan del año 1954 y fue en 1955 cuando el Ayuntamiento vio aprobado por el Gobierno su plan de urbanización.

El Almanaque de LAS PROVINCIAS que resume las noticias de 1955 no puede ser más explícito al resumir lo ocurrido en enero, cuando el Gobierno aprobó el primer plan de la Dehesa: “Se trata de un plan fundamentalmente práctico, que no es de grandes vuelos ni requiere inversiones económicas muy cuantiosas: saneamiento de les mallaes mediante la construcción de canales de desagüe que eviten los encharcamientos y su secuela de mosquitos; conversión de los actuales cortafuegos en caminos pavimentados; reglamentación para construir chalets en la zona de las dunas; autorización para edificar hoteles y restaurantes en las debidas condiciones de amplitud; repoblación forestal; mejora de las guarderías; dotación de agua… Con este motivo se señala nuevamente en la opinión la necesidad de mejorar los accesos actuales, pues la carretera que existe es insuficiente; y dotar, con ello, a la Albufera y la Dehesa de un buen sistema de comunicaciones que acerquen aquellos parajes a la ciudad” .

Miguel Ramón Izquierdo, ajeno a todo ello, trabajaba por entonces en su despacho de abogado y en la empresa metalúrgica familiar, a 18 años vista de su nominación como alcalde de Valencia. Con todo, el alcalde Tomás Trenor tampoco pudo ver mucho más que la aprobación del borrador de un proyecto. La riada de 1957 trastocó y retrasó cualquier plan turístico que la ciudad tuviera y tuvo que ser su sucesor, Adolfo Rincón de Arellano, quien pusiera en marcha, en 1960, el primer concurso de ideas para la urbanización del Saler. Y sólo en julio de 1963 pudo la empresa ganadora del concurso, Tevasa, exponer su plan de urbanización.

Fraga Iribarne y el Saler
Con todo, fue la formación del undécimo Gobierno de Franco, en julio de 1962, la que determinó el lanzamiento de la urbanización del Saler. Porque en ese gabinete figuraba como ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, el decidido impulsor de los paradores y del turismo español en los años sesenta. En septiembre de 1963, el subsecretario de Turismo, Antonio José García Rodríguez-Acosta, viajó a Valencia para poner los cimientos del desarrollo turístico valenciano junto con las primeras autoridades locales. Sus objetivos eran sustancialmente dos: Cullera, donde visitó el Camping Santa Marta, y Valencia, donde recorrió el monte de la Dehesa y la playa del Saler de la mano del alcalde, Rincón de Arellano.

Se trataba de que Valencia tuviera, a ser posible en el Saler, una instalación turística de primer nivel como es un Parador. Tras un almuerzo en la Casa Forestal del Saler, el subsecretario expuso la idea motriz del ministro Manuel Fraga Iribarne. Se trataba “de crear centros turísticos en la costa mediterránea en lugares especialmente dotados para tal fin y que Valencia y su Dehesa habían sido elegidas desde el primer día por estimar que reunían óptimas condiciones para ello, tanto por las condiciones naturales que reúnen como por su proximidad a una gran ciudad” , podemos leer en LAS PROVINCIAS del día.

En diciembre de 1964, la ciudad puso en marcha el acuerdo que permitió la urbanización: cedió al Ministerio el terreno necesario para construir el parador del Saler y trazar el campo de golf colindante. Como contrapartida, pudo poner en marcha el proceso urbanizador, que se desarrolló a lo largo de la década de los sesenta, incluyendo una visita del ministro Fraga en febrero de 1969. El parador de turismo, que ahora se esta reformando a fondo, comenzó a funcionar en 1966, hace algo más de cuarenta años.

La subasta de parcelas de monte público y la puesta en marcha de la urbanización del Saler se desarrolló, básicamente, durante el mandato del alcalde Vicente López Rosat, en un tiempo en que era responsable del monte al entonces concejal Luis Puig Esteve, que da nombre al velódromo de Benimàmet como presidente que fue de la Federación Española de Ciclismo.

Las protestas ciudadanas, alentadas sobre todo por las duras críticas del periódico LAS PROVINCIAS, se empezaron a desplegar entre 1972 y 1973, año este último en que el alcalde López Rosat fue relevado por Miguel Ramón Izquierdo. El 22 de septiembre de ese año, cuando el nuevo alcalde acababa de tomar posesión de su cargo, el periódico destacó su primera decisión: la suspensión de la subasta de 68 parcelas de la urbanización y su declaración de que quería estudiar el asunto del Saler de arriba abajo. El alcalde, cuatro días después, visitó la Dehesa; y el 2 de octubre tenía ya tomada una determinación: revisar el proyecto de la urbanización por completo.

No se subastaron más parcelas desde ese momento y, posteriormente, se revisó todo el expediente. Cuando el primer alcalde democrático llegó al Ayuntamiento, la urbanización de la Dehesa estaba congelada y, detenido el daño, dispuesta para que se tomaran las decisiones pertinentes desde la nueva corporación democrática.

 
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