Sábado, 10 de febrero de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

Valencia
Nuevas amenazas
Las amenazas buenas son las que se cumplen sin haberlas anunciado. El factor sorpresa, que dicen los militares, es decisivo y cuando todo el mundo está amenazado los ataques no pueden pillarle de improviso a nadie.

Ahora flota en el ambiente cargado de pólvora lo que le ha anunciado el líder supremo de Irán, el ayatolá Jamenéi, a Estados Unidos: nada menos que golpearle en cualquier parte si ataca a su país. Parece que la Administración del presidente Bush ha tomado en serio la amenaza ya que con toda presteza ha dicho que no tiene intenciones de hacerlo. Algo sabemos los españoles acerca de la capacidad del islamismo, mejor dicho, de algunos islamistas, para golpear “en cualquier parte”. El ex presidente Aznar, como los maridos de las comedias de enredo, ha sido el último en enterarse de que en Irak no había armas de destrucción masiva.

Cuando envió tropas españolas sólo lo sospechaba. Ahora no puede repetirse el caso. Los del turbante tienen una idea fija dentro de la cabeza: responder a las invasiones donde más duela y donde haya más inocentes, por ejemplo en una estación de ferrocarril o en un mercado. Ya sabemos que gobernar consiste en equivocarse lo menos posible en el menor número de ocasiones y elegir, entre dos cosas malas, la menos pésima.

El ayatolá Jamenéi ha avisado de que cualquier agresión a su país tendrá una respuesta inmediata en cualquier punto del globo, o sea, que no puede acusársele de traidor. Los enemigos no engañan. Una elemental prudencia obliga a aplazar el combate de revancha de Las Cruzadas, que algunos profetas sombríos creen que se concertará en el primer tercio de este siglo. El Gobierno de Teherán asegura que ha identificado a un centenar de espías por cuenta de Washington e Israel. Una cifra insignificante si se la compara con la de los muertos de la próxima guerra.

 
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