Domingo, 21 de enero de 2007
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Valencia
Las cartas del capitán Scott
La Universidad de Cambridge expone las cartas que el capitán Robert Scott escribió antes de morir en el regreso del Polo Sur
La Universidad de Cambridge expone las cartas que el capitán Robert Scott escribió antes de morir en el regreso del Polo Sur
Querida: no es fácil escribir por el frío (setenta bajo cero y ningún refugio excepto nuestra tienda de campaña). Sabes que te he amado y de bes saber que lo peor de esta situación es que no volveré a verte”.

25 de marzo de 1912. El capitán de la Royal Navy Robert Falcon Scott escribe algunas cartas de despedida en una tienda plantada en medio de la nada antártica. Junto a él están el teniente Henry Bowers y el doctor Edward Wilson. Son todo lo que queda de la expedición inglesa que ha llegado al Polo Sur dos meses atrás. Desde entonces, han recorrido más de mil kilómetros en condiciones extremas. A pocas ho ras de un puesto de suministro, les sorprende una tormenta de nieve y deciden detenerse. Se encuentran al límite de sus fuerzas y saben que van a morir. La primera carta que escribe el capitán Scott lleva un título significativo: “A mi viuda”.

La siguiente carta va dirigida a sus compatriotas: “Estamos dé biles, es difícil escribir, pero no me arrepiento de haber emprendido este viaje, que ha demostrado que los ingleses son capaces de soportar penurias, ayudarse unos a otros y afrontar la muerte con una fortaleza mayor que nunca (…) Estos apuntes y nuestros cuerpos contarán nuestra historia”.

Desde el pasado miércoles, esas cartas se exponen –algunas de ellas por primera vez– en la Universidad de Cambridge, junto a la correspondencia completa de Scott y algunos de los objetos que utilizó en su expedición antártica. Son los pecios de un naufragio que tuvo lugar en un desierto de hielo y que estremeció el corazón de Inglaterra durante al menos medio siglo.

Scott fue el segundo hombre en alcanzar los míticos noventa grados de latitud Sur. Roald Admunsen, al frente de un grupo noruego, se le adelantó en un mes ganando la llamada Carrera del Polo, quizá la última gran hazaña exploratoria de la Historia. El inglés perdió la partida sobre la nieve pero se convirtió en una leyenda. Las cartas que escribió antes de morir exalta ron el espíritu de la sociedad eduardiana y le convirtieron en el mayor héroe británico después de Nelson. Scott personificó el valor y el sacrificio. Sus funerales estuvieron presididos por Jorge V. Era la primera vez que un monarca inglés asistía a una misa por al guien que no pertenecía a la familia real.

Pero, ¿quién fue realmente el capitán Scott? Hasta que se extendió la noticia de su muerte, tan sólo un oficial interesado en las Ciencias Naturales. En realidad, sabemos poco de él. En 1900 había dirigido una expedición que alcanzó los 82 grados de latitud Sur. Desde entonces soñó con ser el primero en alcanzar el Polo. Era am bicioso y sabía que la exploración era su único modo de ascender socialmente. El 15 de junio de 1910 el ‘Terra Nova’ zarpaba de Cardiff con destino a la Antártida. Esta vez el objetivo era el Polo Sur.

Hasta los años setenta se consideró que Scott fracasó por una combinación de errores (especialmente el de llevar ponies siberianos en lugar de perros para tirar de los trineos) y mala fortuna. Pero nadie dudó de su coraje. Siguió siendo un hé roe hasta que Roland Huntford pu blicó un libro en el que aparecía co mo un megalómano que envío a su equipo a una muerte segura y tuvo la astucia de preparar unas cartas que maquillaron su posteridad. Bastó con que el escritor Paul Theroux bendijese esa teoría para que la figura del explorador cayese de su pedestal. Scott de la Antártida pasó de pronto a ser Scott el Chiflado, el símbolo de una época caduca en la que las banderas valían más que las vidas humanas.

Silencio gélido
Desde entonces, de un modo lento y silencioso, el mito fue perdiendo el combate contra el paso del tiempo. La modernidad se reveló como un laberinto irónico en el que no había lugar para los héroes. En 1999 la BBC realizó una encuesta en busca del personaje británico más importante de la Historia y Scott quedó en el puesto cincuenta y cuatro. Lady Di ocupó el tercer lugar; Beckham, el trigésimo tercero. Mucho antes, en 1929, cuando el mundo aún no había envejecido, Stefan Zweig imaginó los últimos momentos de Scott: “Solo, en medio del silencio más gélido que un ser humano haya respirado jamás, es heroicamente consciente de la fraternidad que vincula a su nación, a toda la humanidad (…) Con los dedos cada vez más rígidos, el capitán Scott escribe”.

 
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