Las puertas monumentales de la ciudad

DANIEL SALA VALENCIA
Puerta del Real./
Puerta del Real.

La ciudad, en la que seguramente pensaba a fines del siglo XIV el fraile Eiximenis cuando explicaba en Lo crestià, siguiendo a los filósofos griegos, Quina forma deu haver ciutat bella e bé edificada, tenía sus cuatro puertas principales en cada uno de los cuatro puntos cardinales dando acceso a las calles principales que la dividían en cuatro sectores; las citadas puertas de Serranos y Quart, venían a completarse con las desaparecidas de San Vicente (en la plaza de San Agustín, siguiendo la salida natural de la ciudad hacia el sur, hacia el ‘camì de Xàtiva’), más allá de la cual se hallaba el monasterio de Sant Vicent de la Roqueta; y, hacia el este, más allá de la importante calle del Mar, la puerta de su nombre, junto al convento de Santo Domingo. Así nos los presenta J. Llop en su obra como ‘portales mayores’, al cargo de los cuales unos ‘portaleros’ recogían los albaranes de las harinas y granos que entraban en la ciudad, gravados con los impuestos necesarios para que l’Obra de Murs e Valls pudiera acudir a los muchos frentes de su competencia.

Y si bien es cierto que algunos de ellos no revestían monumentalidad alguna y sólo cumplían con el carácter funcional para el que fueron abiertos, otros, en cambio, mostraban su elegante estilo neoclásico y, unos y otros, sin distinción, sucumbieron bajo la piqueta demoledora. Entre los primeros, el del Coixo (también llamado de setseclaus o de la Encarnación, por la vecindad de este convento) dejaba entrar las reses que iban a corral del Triador, de donde saldrían las ‘rayadas’ para las carnicerías de la ciudad; el ‘dels Inocents’ (también conocido como de Torrente por enfrentar al camino de Arrancapinos o viejo de Torrente) se hallaba junto al hospital de los locos e inocentes; el ‘dels Jueus’ (también ‘dels cabrerots’), dando acceso a la huerta de Ruzafa, así llamado por hallarse junto al cementerio de los judíos, que después fue monasterio de las monjas de Santa Catalina de Sena; el portalón ‘dels Blanquers’, inmediato a las torres de Serranos, que daba paso a los ‘blanquers’, o curtidores; el de la Corona (o ‘dels Tints’), por hallarse entre el convento de su nombre y el huerto donde los peraires tendían sus paños. Pero, recordemos al menos nuestras puertas monumentales ya desaparecidas..

El Portal de San Vicente tenía dos torres cuadradas y, sobre él, en la parte interior una gran estatua de san Vicente Mártir; hacia el exterior, san Vicente Ferrer, con espada desenvainada en la mano derecha y su izquierda sobre el escudo de armas de la ciudad, manifestaba ser el defensor de la misma, pues la tradición decía que se apareció el Santo sobre la puerta para impedir que la peste que prendió en Xàtiva, en 1600, no llegase a Valencia, que conservó libre de tal azote. Por su estrechez y estado ruinoso, en 1830 se decidió construir una nueva puerta de estilo neoclásico que fue inaugurada el 20 de mayo de 1835.

La puerta de Ruzafa, daba acceso a esta población desde 1356. En 1786, el Marqués de San Joaquín, don Félix Pastor, recién obtenido el título nobiliario, y vecino de la calle, abrió y reedificó de nuevo la puerta a sus expensas y se colocaron dos inscripciones latinas dentro y fuera del remate de la misma que así decían: “En honor de Dios Omnipotente Máximo: año 18 del reinado de Carlos III. El senado y el pueblo de Valencia abrió esta puerta, llamada de Ruzafa, en 1786”; y en el exterior: “En honor de Dios Omnipotente y Máximo para pública utilidad se abrió esta puerta en 1786 a expensas de Félix Pastor”.

La puerta del Mar ya existía en 1409. Fue reedificada, según J. Lop en 1597. Cerrada en 1707 por hallarse junto a la Ciudadela, al construirse la Aduana se reabrió nuevamente en estilo neoclásico; una lápida bajo el ático así rezaba: “Año 1764. Reinando D. Carlos III”. En 1842 se le añadió un segundo arco de igual estilo bajo la dirección del arquitecto Jorge Gisbert, con pilastras almohadilladas; en su remate los escudos de armas de España, por el exterior, y de Valencia por el interior.

Desde finales del siglo XIV se tiene noticia de a existencia junto al Temple de una puerta que se abría en la muralla para llegar al palacio del Real; así se cita en entradas reales y sucesos memorables, hasta que se decidió en 1599 tapiarla al abrirse una nueva frente al puente del Real con motivo de la celebración en Valencia de las bodas de Felipe III con Margarita de Austria. Era de un solo arco; pero, con motivo de la estancia en Valencia de Carlos IV y María Luisa en 1800, al retirarse el gentío de una fiesta celebrada en el llano del Real, el pánico provocado por la falsa noticia de la llegada de un toro los arremolinó en la puerta y hubo muchos muertos. Se promovió la construcción de otra mayor, con proyecto del arquitecto Juan Bautista Lacorte. Se remataba con el escudo de la Ciudad e inscripciones en los arquitrabes laterales. En su frontón el texto: “Reinando Carlos IV y María Luisa de Borbón. Año 1801”. Su neoclásico estilo se repite en el monumento central que se halla en la Plaza Porta del Mar.

La puerta islámica de Beba-farachi (‘puerta del sol’ o de levante), después conocida como ‘puerta de la Trinidad’ por el monasterio establecido frente a ella en 1256, era la única que había por esta parte del muro, frente al vado del río. Cerrada con hierros, reabierta y tapiada, siguiendo los mismos avatares del resto de los portales llamados ‘menores’, en 1792 se determinó reedificarla por la necesidad de facilitar el tráfico de trigos y harinas por ella a causa de la proximidad del almudín; en estilo toscano con un solo arco con postes de pilastras resaltadas y un ático de remate adornado con pomos de piedra y dos inscripciones latinas en cada frente que, traducidas, decían: “A Carlos IV de España, césar, padre de la patria, el senado y pueblo valenciano. Esta antigua puerta fue restablecida a mejor estado del fondo público para facilitar la entrada más cómoda al comercio del trigo y su venta. Año del señor 1792”; y al exterior: “Reinando Carlos IV se reedificó y abrió esta puerta, llamada de la Trinidad, a solicitud del síndico personero de esta muy Noble y Leal Ciudad, año de M.DCC.VIIIC”.

El Portal Nou se empezó a construir sobre 1391 como consecuencia del ensanche de la ciudad; se abrió sobre septiembre de 1409 y las torres se terminaron en 1419. Al hallarse junto al último de los puentes ‘históricos’ construidos, tomó el nombre de ‘portal Nou’ y también de Portal de San José, por la proximidad del convento de carmelitas descalzas de San José y Santa Teresa; su forma imitaba las torres de Cuarte con menos espesor y elevación de sus torres.

Estas eran las puertas de la muralla de nuestra Ciudad. El 9 de octubre de 1868 se daba cuenta de su derribo: “No es sólo el portal del Real el que se está derribando sino que también caen bajo el golpe de la piqueta de los trabajadores, los del Mar y de Ruzafa, que desapareciendo la muralla no tienen razón de ser”.

Fotos

Vídeos