Julio Gil Pecharromán: Investigar un pasado cercano

El historiador aborda en su próximo trabajo la figura del político valenciano Ricardo Samper, “un centrista en la II República”

MARA CALABUIG VALENCIA
Julio Gil Pecharromán./
Julio Gil Pecharromán.

Julio Gil Pecharromán es un hombre alto, de atuendo cuidado y porte elegante, corrección exquisita y mirada profunda, con el talante sereno del erudito no exento de una calidez humana que impregna su notable quehacer intelectual. Primogénito de cinco hermanos y padre, a su vez, de cinco hijos, el tirón de la cotidianeidad late también en su labor de estudioso y docente. Empieza por revelar que su vocación de historiador se gestó en la infancia:

‘‘Con las películas de romanos, que me hacían pasar muchas tardes enteras en aquellos cines de sesión continua, para verlas varias veces seguidas. Y leyendo los libros de la colección de historia de Bruguera’’. En la Universidad Complutense cursó Historia y al mismo tiempo Periodismo. Reseña tres personas fundamentales en su trayectoria: ‘‘En la investigación y la docencia me inició Carlos Seco Serrano, del que fui en mis comienzos ayudante de cátedra y con quien tengo una deuda perenne. En el periodismo, el profesor Desantes Guarner, que impartía Derecho de la información, me aportó una visión del orden jurídico que me ha sido muy útil en la existencia. Y no puedo olvidar al añorado Javier Tusell. Con él trabajé muchos años, y nuestra estrecha amistad supuso para mí un considerable enriquecimiento personal’’.

Historia contemporánea

Centrado primordialmente en la historia política de la España del siglo XX, el profesor Gil Pecharromán emprendió una pentalogía biográfica de políticos de la segunda república de la que han aparecido tres volúmenes. ‘‘En 1996 -enumera- se publicó el de José Antonio Primo de Rivera. En 2000, el segundo, sobre un valenciano, el doctor Albiñana, un personaje atrabiliario, de vida complicada, que introdujo las primeras milicias de partido y la primera violencia callejera; todo un síntoma, más que una anécdota. En 2005 se editó el libro sobre Alcalá Zamora, un liberal que va cambiando su actuación política en cada período, desde diputado por una localidad de Jaén hasta llegar a Jefe de Estado, que muere en la pobreza, en Argentina, con sus propiedades de España secuestradas por el franquismo’’.

Proyecta a renglón seguido una visión general de la república: ‘‘Yo diría que fue un régimen nacido de una ilusión a la que los españoles no fueron capaces de dar un curso político. Fracasó, pero señaló muchos caminos para que la transición nacida en 1976 no repitiera errores y pudiera profundizar en vías de modernización’’.

Del protagonista de su próximo libro, que espera publicar en la primavera de 2007, afirma el autor: ‘‘Samper es un gran desconocido, del que estoy descubriendo una personalidad fascinante. Desde su liberalismo, es uno de los más genuinos centristas de la República. De haber tenido oportunidad de desarrollar su visión de la conciliación y el parlamentarismo, hubiese podido actuar como un auténtico pivote centrista. Laminado entre dos sectores radicales cada vez más potentes, Ricardo Samper tiene un currículum muy destacable. Fue uno de los dirigentes del republicanismo blasquista en Valencia, concejal y diputado provincial, alcalde de la ciudad entre 1920 y 1922, miembro de la comisión que redactó la Constitución de 1931. Fue sucesivamente ministro de Trabajo, de Industria, de Estado, presidente del Consejo de Estado y el único valenciano que llegó a presidente del Gobierno en el siglo XX’’.

En lo que concierne a su actuación en nuestra ciudad, Gil Pecharromán manifiesta: ‘‘Ricardo Samper estuvo muy implicado en los intereses valencianos, como abogado y como político. Fue redactor del Estatuto, presidente del Ateneo, valedor de la agricultura y el sector exportador, que sufrió con la crisis de los años 30. Su criterio de progreso para la ciudad se puso de relieve en obras de alcantarillado, iluminación, proyecto del aeropuerto. Soñó con el afianzamiento de una República democrática moderada, en la que los hechos regionales tuvieran puesto. Para él, el regionalismo refuerza la cohesión nacional. Por desgracia, la España del primer tercio de siglo desaprovechó muchas figuras que habrían podido asentar la democracia. No sólo eso; además fueron perseguidos o fusilados. Es uno de los grandes dramas de la España contemporánea. Se impusieron, en los dos bandos, los que más gritaban’’.

Visión optimista de Valencia

Nuestro interlocutor tiene algún vínculo familiar en Valencia, y sus visitas aquí no han sido escasas, generadas también por sus consultas en los diferentes archivos, como lo ha hecho igualmente en el Nacional y en el de Salamanca, investigando acerca de Ricardo Samper. ‘‘Hay en todos referencias abundantes, porque su vida política es muy dilatada. Y me han sido muy útiles las aportaciones de su nieta, Elena Enguix Samper’’.

Su opinión de nuestra ciudad es eminentemente positiva: ‘‘Respira una visión optimista de la existencia y, aun siendo una gran ciudad, posee un tono de vida relajante, que espero sepa conservar’’.

Una nota negativa, sin embargo: ‘‘Me extraña -dice el profesor- que en Valencia no haya existido interés o reconocimiento hacia la figura de Ricardo Samper, que representó sus intereses en un momento crucial y fue un gran valenciano. No tiene, que yo sepa, ni una calle siquiera dedicada a su nombre. Me duele ese olvido colectivo”.

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