Cuando los Reyes regalarona Valencia su río

Hace 30 años, don Juan Carlos firmó en Valencia el decreto de donación a la ciudad del viejo cauce del Turia

F. P. PUCHE
Los Reyes de España en su primera visita a la ciudad de Valencia como monarcas./
Los Reyes de España en su primera visita a la ciudad de Valencia como monarcas.

Todavía se llamaba plaza del Caudillo y tenía plantada la estatua ecuestre del dictador. Pero los Reyes se asomaron al balcón principal del Ayuntamiento, acompañados del alcalde, Miguel Ramón Izquierdo, y miles de valencianos les aclamaron. Por encima de las dudas, había esperanza; por encima de los temores y recelos, la libertad estaba llamando a la puerta y se estaba haciendo posible una España en la que tuvieran cabida todas las ideas capaces de respetarse en paz. Y fue entonces cuando el rey, en el curso de su parlamento ante los valencianos, dijo: “Es para mi una gran satisfacción comunicaros que, de ahora en adelante, las tierras del viejo cauce del Turia serán patrimonio de Valencia”.

Tras la muerte de Franco, en noviembre de 1975, este era el primer viaje oficial de don Juan Carlos a Valencia. Unas semanas antes había estado en la Ford, para inaugurar la nueva planta de fabricación de coches. En el balcón del Ayuntamiento, en respuesta al discurso de bienvenida del alcalde, Miguel Ramón Izquierdo, el monarca hizo un anuncio trascendental destinado a cambiar la orientación y el paisaje de la ciudad de Valencia para siempre. Porque Valencia, ciudad con dos ríos, podía destinar el viejo cauce, ahora, a cumplir su sueño de convertirlo en parque.

El editorial de LAS PROVINCIAS del 1 de diciembre de 1976 fue inequívoco: “De esta manera, sin protocolo, empieza para Valencia la difícil tarea de administrar, y de administrar bien, el destino del viejo cauce del Turia”. Era una alusión directa al dilema del momento: porque los ciudadanos, encabezados por nuestro periódico, reclamaban la conversión del Turia en parque; y los dictámenes oficiales, sin embargo, todavía hacían previsión de que la autopista de Madrid entrara por el viejo río hasta encontrarse con la del Mediterráneo a la altura del actual Parque Oceanográfico.

Un buen uso

LAS PROVINCIAS, que llevaba varios años reclamando ese cambio de destino, veía más cerca el sueño. Y saludaba, con prudente alegría, unas palabras de advertencia que el Rey había situado en su discurso tras anunciar la concesión: “Estoy seguro de que la ciudad sabrá ponerlas (las tierras del cauce) al mejor uso, para beneficiar a todos los valencianos”.

El 1 de diciembre, en Gobierno Civil, se celebró un acto solemne en el que el Rey firmó el decreto de donación a la ciudad del viejo cauce del Turia. Con la anuencia de Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, dos valencianos lo habían preparado todo junto con el alcalde: Federico Trénor, subsecretario de Hacienda, y Fernando Abril Martorell, ministro de Agricultura. Eduardo Carriles, ministro de Hacienda, se vino a Valencia a bordo de un “Mystere”, con el decreto bajo el brazo, y el Rey lo firmó solemnemente.

Todavía hubo complejas reticencias. El alcalde llegó a proponerlas y LAS PROVINCIAS las expresó durante el viaje mismo de los Reyes. Parecía un desaire, pero era preciso decir que faltaba suelo, que el Ministerio de Hacienda se había reservado parcelas sustanciales de una zona, mal catalogada, que sin ser huerta del término de la ciudad, tampoco estaba claro que fueran cauce estricto del río. Esos terrenos de nadie, zona de aluvión del Turia, pasaron con el tiempo a ser también de la ciudad. Y son ahora nada menos que el solar de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, probablemente una de las parcelas de tierra más valiosas de España.

Todo empezó con un libro

El deseo de Valencia de convertir el viejo cauce del Turia en un parque empieza con la edición facsimil, en los talleres de LAS PROVINCIAS, del libro “Murs i Valls”, la institución foral que se había ocupado de los puentes, valladares y pretiles del río. El afecto por un viejo libro se convirtió en operativa campaña del periódico por alterar la historia prevista: de ahí, del empeño editorial del diario decano de Valencia, nace el impulso cívico que llevó a pedir que el Turia fuera verde. La Transición valenciana, la demanda de democracia y libertad, en nuestra ciudad, se tiñó de verde: una forma de rechazar el franquismo fue pedir el parque. Y el Ayuntamiento de Miguel Ramón Izquierdo tuvo que seguir la pauta del clamor popular.

Tuvieron que pasar muchos años hasta que el Turia se convirtiera por entero en parque. Treinta años después todavía sigue la transformación en algunos puntos. Hasta 1985 no dejó de pasar agua bajo los puentes, aunque fueran aguas fecales de alcantarillado. Pero el esfuerzo no ha sido baldío: el eje verde del río Turia es hoy sustancial para la nueva Valencia.