El derribo del Palacio Real

“Almunia” de los reyes de Taifa, sede regia de los monarcas de la Corona de Aragón y de los Austrias, no fue tan apreciado por los Borbones

F. HERRERO VALENCIA
Un grabado sin fechar que muestra la fachada delantera del antiguo Palacio Real, también conocido en los últimos tiempos como Palacio del Real./
Un grabado sin fechar que muestra la fachada delantera del antiguo Palacio Real, también conocido en los últimos tiempos como Palacio del Real.

Valencia, que fue Reino durante siglos, tuvo en su capital Palacio Real, que permaneció desde el siglo XI al XIX y fue sede regia para los reyes de la Taifa musulmana, para los monarcas de la Corona de Aragón y los Austrias, pero no gozo tanto del favor de los Borbones, bajo cuyo imperio, en la primera década del siglo XIX, fue desgraciadamente derruido.

No hay demasiadas descripciones de la “Almunia” valenciano-musulmana; yo reseño la del gran arabista Henri Pérès que muestra el Palacio como una Alhambra primigenia del siglo XI, como se relata al pie de esta página.

En tantos siglos, naturalmente el Palacio Real de Valencia padeció los avatares de los tiempos y sufrió asaltos guerreros, destrucciones y reconstrucciones, y ampliaciones. Unas de estas últimas y de las más importantes fue la llevada a cabo por Pere el Ceremoniós, que habiéndolo conocido antes de su saqueo por las tropas castellanas en 1364, lo calificaba de “alberg delitós”, y lo rehabilitó en todo su esplendor y en su rango de lugar real.

Antes de seguir con las vicisitudes del Palacio, quisiera responder a una pregunta: ¿por qué su construcción extramuros? La respuesta es que era lo habitual en los príncipes andalusíes tener un lugar a distancia premeditada para controlar la capital y defenderse de revueltas, pero también por su gusto por los albergues dotados de amplios y esplendorosos jardines.

Si me permiten una pequeña “maldad”, recurro a Pérès otra vez, que recoge unos versos del poeta Ibn Masada, que dicen: “Valencia es el paraíso de este mundo por su belleza”... Pero a esta admiración sigue un pesar: ”Sus habitantes, sin embargo, sufren desagradablemente a causa de los mosquitos”... Hay que recordar que la ciudad estaba construida sobre terreno de aluvión, junto al río... Pero no deja de tener un punto de actualidad la queja del poeta andalusí.

Ahora, dejamos atrás la “Almunia”, para pasar al trance del infausto derribo del Palacio Real. Aunque muy pocos años después de su demolición, parece que hubo un intento de reconstruirlo. Yo lo pongo en duda, por los tiempos que corrían. Pero, eso es lo que dice Vicente Vidal Corella en una de sus crónicas en LAS PROVINCIAS, recogida en el libro . Dice Vidal que el general Elío, nombrado capitán general de Valencia por Fernando VII en 1813 “al encontrarse ante los escombros del Palacio Real, derribado durante la Guerra de la Independencia, pensó en reedificarlo, pero ante los inconvenientes que se le opusieron, ordenó reunir los restos del memorable y glorioso monumento, formando con ellos dos montículos inmediatos, que las gentes denominaron “les muntanyetes d’Elio”.

Lo cierto es que no estaban los tiempos a favor de la existencia de un Palacio Real en Valencia. Teodoro Llorente da la clave de la “incomodidad política” del Palacio Real en los tiempos de la uniformidad borbónica que convertiría los antiguos reinos en meras provincias.

Llorente escribió: “¿Qué fue de ti, Palacio Real? Noble mansión de los monarcas valencianos, centro y símbolo de nuestro antiguo y glorioso reino (...) Desaparecido todo, con las instituciones que representabas, la autonomía ilustre de aquel reino del que fuiste cabeza...”

Las razones oficiales de su demolición durante la Guerra de Independencia –el 12 de marzo de 1810 comenzó su derribo– fueron de supuesta estrategia bélica, para no dejar un bastión como ese donde se pudieran hacer fuertes las tropas napoleónicas invasoras.

Lo cierto es que a esa discutible concepción táctica –otros estudiosos dicen lo contrario, precisamente, que el Palacio podía servir de punto desde donde batir a los atacantes de la muralla–, dio alas la enemiga borbónica a esos “restos”, en forma de Palacio, del “Antiguo Régimen” derrotado en Almansa.

Josep Vicent Boira, en su análisis incluido en el libro editado por el Ayuntamiento de Valencia e impreso por Rotodomenech, y que él coordina, apunta: “Podríem pensar que l’enderroc va obeir a una conjunció de factors: una fallida estratégia militar hi podia estar present, però també hi intervendría la necessitat econòmica de la Junta de Defensa i la percepció de ser el simbol per excel.lencia del passat, vist a ulls de les forces burgueses i liberals que sorgien en aquell moment”.

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