Miércoles, 8 de noviembre de 2006
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EDICIÓN IMPRESA

el mirador
José Evangelista, entre Canadá y Valencia
Los valencianos de la diáspora. Los que se van no por cuestiones políticas –tal vez sí ambientales– sino porque fuera han podido desarrollar su carrera con una plenitud que aquí veían lejana. En la pintura, la literatura o el cine hay muchos destacados nombres de la diáspora ( Blasco Ibáñez, Berlanga) . En la música, además de los ejemplos de José Iturbi y Joaquín Rodrigo , también José Evangelista .

Evangelista nació en Valencia en 1946. Estudió en el Conservatorio de Música, donde recibió clases de Vicente Asencio , un profesor ya desaparecido al que admiró y quiso, “y al que debo mucho. Evangelista, que empezó estudiando Física, carrera que terminó, se casó con la hija de Asensio (y de Matilde Salvador ), decidió entregarse por completo a la música.

Año 1969. Becado en Ginebra (por su profesión de físico), “no tenía ganas de volver a España”. Aprovechó la oportunidad de instalarse en Montreal (Canadá). Empezó a dar clases de música. Y en Montreal se quedó, donde ha desarrollado una brillante carrera musical. En 1983, su composición Visión obtuvo el premio extraordinario de composición del Ministerio de Cultura, con ocasión del cuarto centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús , fue estrenada en 1983 en el Centro Pompidou, de París, por el grupo francés L’Itinéraire . Las composiciones de Evangelista se han interpretado en el Palau de la Música y en los más prestigiosos auditorios de Canadá y de varios países europeos.

“Sólo trato de trabajar”
Evangelista, que sigue viniendo mucho por Valencia (“por supuesto”), habla de sí mismo y de su relieve profesional con modestia. “Tan sólo trato de trabajar”, dice. “Aunque mi música se interpreta en auditorios importantes, la verdad es que la resonancia de la música contemporánea electrónica es muchísimo menor que la que obtiene la música ligera”.

Habla con entusiasmo de la afición musical de Montreal y del director de su orquesta, Kent Nagano . “Es buenísimo”, afirma. Aunque es poco quejica, lamenta que haya pocos directores que se interesen por los compositores actuales. “Recurren casi siempre al repertorio clásico; con esa mentalidad, Mozart o Beethoven no hubieran podido estrenar sus obras”. Una observación inapelable.

 
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