La crisis saca a ancianos de las residencias

Valencianos en paro recurren a las pensiones de jubilación de sus padres para poder salir adelante

BEATRIZ LLEDÓVALENCIA
CUIDADOS. Una mujer da de comer a ancianos en la residencia Novaedat de Xàtiva. / DANIEL DUART/
CUIDADOS. Una mujer da de comer a ancianos en la residencia Novaedat de Xàtiva. / DANIEL DUART

Cuando la necesidad apremia, se recurre a soluciones desesperadas. La crisis económica continúa haciendo estragos en muchas familias valencianas que se han visto obligadas a sacar a sus mayores de las residencias en las que hasta ahora estaban ingresados para poder sobrevivir con su pensión. «Nos estamos encontrando con muchos casos de personas sin trabajo, a las que se les ha acabado la prestación del paro, que no tienen ningún ingreso y deciden sacar a sus padres del centro para cuidarlos en casa y poder disponer de su paga», alertó la portavoz de la Plataforma de la Ley de Dependencia en Valencia, Palmira Castellano.

No es la única que ha detectado esta realidad. José Hernández, miembro de la Unidad de enfermos Paliativos del hospital Doctor Peset, advierte de la misma situación. «Se llevan a casa a los familiares que estaban en la residencia para ahorrarse el dinero que pagaban porque estuvieran allí y para cubrir sus gastos con la pensión de jubilación», explicó la semana pasada el experto durante unos cursos para profesionales impartidos por CSI-CSIF en Valencia.

Incluso se benefician de las posibles ayudas de la Dependencia que podían estar recibiendo los ancianos por estar en una residencia. Así lo asegura José Sanchis, presidente de la Unión de Pensionistas (UDP) de Valencia, quien lamenta que muchos hijos «que se habían olvidado de sus padres» ahora los acogen para quedarse con su dinero. «Los meten en una residencia y al principio van a verlos cada semana, luego van cada semana, cada mes y al final ya ni se acuerdan. Y ahora porque les interesa, los sacan. Hay muchos mayores muy solos pese a tener familia», denuncia.

Si la crisis no remite, el número de familias que decidan llevarse a los ancianos a casa aumentará de forma preocupante. «Hace dos años no conocía ningún caso. Esto ha empezado hace algunos meses y aún puede ir a más. Es una solución a la que están acudiendo muchos hijos que no encuentran trabajo, que también son padres de familia y que no llegan a final de mes», aseguró Hernández. También Cáritas ha notado esta tendencia.

Plazas libres

Una consecuencia inmediata es que las residencias cuentan con plazas libres, algo impensable hace sólo unos meses. «Desde hace medio año, centros que estaban llenos y en los que era muy difícil entrar, ahora tienen sitio de sobra», explica Sanchis.

Pero detrás de esta realidad subyace un peligro. ¿Están preparados los hijos para convertirse en los cuidadores de sus padres las 24 horas del día? Castellano lamenta que la atención puede no ser la misma. «Cuidar bien y sin descanso a un enfermo es algo muy serio y duro. Entiendo que a la gente le hace falta el dinero pero la situación puede volverse contra ellos si no soportan el esfuerzo que supone estar pendiente de un dependiente», manifestó.

Para Hernández, en cambio, «en principio, si se trata de un mayor, no tiene porque haber especiales dificultades para atenderlo».

La crisis también ha hecho que muchos hijos ya independizados vuelvan a casa de sus padres porque no pueden pagar la suya. Y no lo hacen solos. Con ellos se instalan sus cónyuges e hijos. «Dicen que los jubilados no notan la crisis porque tienen su pensión. El problema es que ahora con esa paga tienen que pasar ellos, sus hijos y sus nietos. Un padre nunca le cierra la puerta a un hijo», explica el presidente de UDP.

Pero hay situaciones aún más dramáticas. Como la de un matrimonio valenciano, ya jubilado, que hace años avaló con su piso la hipoteca de su hijo. «Él se quedó sin empleo y al no poder pagar la casa, el banco echó mano de la vivienda de los padres. El resultado es que se han quedado todos en la calle, tanto los pensionistas como el hijo», relata Sanchis.