Las viejas naves huyen del olvido

La iniciativa privada fomenta la recuperación del patrimonio industrial de Valencia, que en los próximos años contará con una decena de edificios rehabilitados con un uso ciudadano

J. BATISTAVALENCIA
Un estudiante de Barreira Arte y Diseño pasa por delante de la vieja maquinaria de la fábrica de cepillos Máximo Bruch. Los engranajes están integrados en la reforma. / I. MARSILLA/
Un estudiante de Barreira Arte y Diseño pasa por delante de la vieja maquinaria de la fábrica de cepillos Máximo Bruch. Los engranajes están integrados en la reforma. / I. MARSILLA

El crecimiento urbanístico de Valencia condenó al olvido a las viejas naves industriales que le dieron trabajo y prosperidad. Arrinconadas, objeto de reiteradas ocupaciones, algunos de estos ejemplos del patrimonio industrial de la ciudad ya se han recuperado o están en proceso, albergando desde oficinas a centros de estudios, mientras que otros, los más, esperan la llegada del presupuesto necesario para rescatarlos de su lenta y paulatina degradación.

Además de las Administraciones públicas, que tienen el deber de fomentar estas tareas, especialmente si se trata de edificios protegidos, la iniciativa privada también está contribuyendo a la recuperación. Un ejemplo se ha dado en la vieja nave de cepillos Máximo Bruch, situada en la calle San Jacinto, que desde este verano alberga el centro Barreira Arte y Diseño, donde futuros artistas y expertos en moda se forman rodeados de engranajes y elementos de carpintería metálica propios de la antigua edificación.

La idea surgió de la necesidad de ampliar las instalaciones en una nueva ubicación. «Necesitábamos un espacio diáfano. O buscábamos una nave o teníamos que recurrir a un loft», explica a LAS PROVINCIAS Lorenzo García, uno de los docentes. El centro ocupa la planta baja de la nave, que precisó de una pequeña reforma para adecuar los espacios y hacerlo accesible.

Otro ejemplo es el proyecto presentado por un grupo de empresarios para rehabilitar la antigua imprenta Vila, levantada en 1908. El objetivo es crear un contenedor cultural en un entorno industrial que acogerá espectáculos musicales, teatro y exposiciones artísticas. El edificio carece de uso en la actualidad, y está a las espera de los permisos municipales y de la Dirección General de Patrimonio, al tratarse de un inmueble protegido. Incluso se baraja como futura sede del Greenspace de Heineken, que ha tenido que salir de las viejas naves de Juan Verdeguer, otro ejemplo de recuperación industrial, que en la actualidad están inmersas en las obras de rehabilitación.

En el puerto de Valencia, área industrial por excelencia, también se puede ver un edificio recuperado, como son los antiguos almacenes portuarios de Marcos Sopena, hoy en día ocupados en régimen de concesión, por una discoteca. Un ejemplo más es la adecuación de la nave de Abonos Crespo, diseñada por Demetrio Ribes, y que alberga un gimnasio municipal en la calle Islas Canarias.

En los próximos años, Valencia contará al menos con una decena de nuevos edificios reconvertidos. Es el caso de la segunda fase de Tabacalera, la fábrica de Bombas Gens (se conservará la fachada), la nave de máquinas de Macosa (la única que se mantendrá del conjunto), la imprenta, dos de las naves del complejo de Cros, la estación del Grao, la aceitera de Marchalenes, las naves de Juan Verdeguer o el almacén, también de Ribes, anexo a la nave de rodaje de la playa de vías del Parque Central.

En este último caso, la rehabilitación está hecha. Tras la retirada de los elementos impropios, como el tabicado y el falso techo, se ha dejado a la vista la estructura original, desde las cerchas hasta la fábrica de ladrillo.