Hallan una fosa común con republicanos valencianos fusilados por su propio bando

La tumba aparecida en una partida de Rubielos de Mora pertenece a militares que combatieron en la toma de Teruel

M. RODRÍGUEZVALENCIA/RUBIELOS DE MORA
FOSA COMÚN. Huesos de los militares hallados en Rubielos. /LPVALENCIANOS. Laureano y Gorgomo, dos de los fusilados (arriba). /LP/
FOSA COMÚN. Huesos de los militares hallados en Rubielos. /LPVALENCIANOS. Laureano y Gorgomo, dos de los fusilados (arriba). /LP

Anacleto Esteban Mora huyó en 1936 de Villarquemada, su pueblo natal en Teruel. Le detuvieron al considerarlo republicano por un error y fue puesto en libertad. Presa del miedo, decidió enrolarse en el ejército popular, pero no le sirvió de nada. En 1938, fue fusilado por el bando por el que había combatido junto con otros 45 soldados, muchos de ellos provenientes de las provincias de Valencia y Castellón. Sus huesos han sido hallados recientemente en dos fosas comunes en Rubielos de Mora.

Los trabajos realizados por la Sociedad de Ciencias Aranzadi y por la empresa Condor Georadar han permitido localizar dos balsas donde yacen los soldados republicanos fusilados el 20 de enero de 1938. La actuación cuenta con una subvención del Ministerio de Presidencia y la exhumación está autorizada por el Gobierno autonómico de Aragón.

La iniciativa arrancó desde las páginas de un libro, «Si me quieres escribir», obra de Pedro Corral, quien fue corresponsal durante años del diario ABC. Familiares de los fusilados contactaron con Luis Avial, de Condor Georadar para buscar la fosa después de leer la obra.

La empresa ha sido complicada. «Es un auténtico milagro. Hemos peinado más de 30 kilómetros cuadrados», indicó Luis Avial. Los trabajos empezaron en junio y se han empleado detectores de metales, fotografías aéreas por infrarrojos y un georradar.

A principios de octubre, la búsqueda se convirtió en un éxito. Los arqueólogos identificaron dos balsas con huesos, casquillos, hebillas de cinturones de soldados e incluso un reloj de muñeca en el paraje Piedras Gordas, a tres kilómetros de Rubielos de Mora.

Improvisado paredón

Cerca de allí, en una explanada, también había casquillos y restos de munición conocida como bala de gracia. Todo indica que este emplazamiento se empleó como improvisado paredón de los 46 soldados. «Pasaron en dos días de aplaudidos por la prensa republicana a ajusticiados por los suyos. Los machacaron, porque muchos supervivientes de esta unidad estuvieron luego en la cárcel de Franco», precisa Corral, quien en su libro publica la lista de los ejecutados.

Vallegil, Pla, Catalá o Martí. «Hay muchos apellidos valencianos», puntualiza. Gorgomo Vicente y Laureano Blasco, que aparecen en la portada de «Si me quieres escribir», provenían de Casas Bajas. El libro recoge la gloria y el castigo de la 84 brigada mixta.

Entre los últimos días de 1937 y los primeros de 1938, Teruel cae en poder del bando republicano. Muchos soldados, entre ellos los cuatro batallones de la 84 brigada mixta, recibieron un permiso de una semana y se marcharon a Rubielos de Mora. Era el premio por su victoria, junto a dinero y un ascenso que jamás llegaría.

Un tercio de la unidad había muerto y los supervivientes habían combatido a 20 grados bajo cero. Muchos estaban enfermos y todos ellos, exhaustos. Cuando llegaron a Rubielos, el coronel Andrés Nieto, histórico alcalde de Mérida, ordenó que regresasen al frente de Teruel debido al contraataque del bando nacional.

Muchos de ellos, alrededor de 300, tomaron una decisión que les llevó al patíbulo. Los soldados se dirigieron a sus mandos negándose a volver a Teruel. La respuesta fue afirmativa. Los oficiales pidieron que todo aquel que quisiera quedarse en Rubielos, que dejase a un lado sus armas.

Todo era una trampa en la que cayeron unos 130. Tras deponer sus fusiles, los soldados fueron arrestados. «No hubo juicio, lo que era una irregularidad según el Código Penal Militar Republicano».

Según explica Pedro Corral, el propio Andrés Nieto estuvo días antes al borde del arresto por ordenar la retirada en Teruel. El alcalde que implantó las representaciones en el teatro romano de Mérida no quiso exponerse a que la negativa de la 84 brigada mixta a volver al frente diese con sus huesos en el calabozo.

«Fue un gran alcalde que se vio forzado al mayor exponente de la barbarie humana. Al escribir mi libro sólo quise reivindicar la valentía de 46 españoles caídos en el olvido», señala Pedro Corral.

Nadie sabe cómo fueron elegidos, pero la orden fue fusilar a sólo 46 de los insubordinados. Entre ellos estaba Anacleto Esteban Mora, el tambor que buscó cobijo en los republicanos por temor a que lo ajusticiaran los nacionales.