Rajoy amenazó con expulsar a Costa del partido si Camps no lo destituía

El secretario regional del PP

HÉCTOR ESTEBANVALENCIA
EL DÍA DESPUÉS. Camps se dirige ayer al encuentro de dos de sus personas más próximas en el Palau, Ana Michavila y Cristina Albamonte, durante el acto celebrado en el Palau de les Arts. /D. TORRES/
EL DÍA DESPUÉS. Camps se dirige ayer al encuentro de dos de sus personas más próximas en el Palau, Ana Michavila y Cristina Albamonte, durante el acto celebrado en el Palau de les Arts. /D. TORRES

La tarde del viernes fue la de las decisiones drásticas. El líder del PP, Mariano Rajoy, no dio pie a la negociación. Si el presidente del Consell, Francisco Camps, no anunciaba la destitución de su número dos, Ricardo Costa, sería Génova la que ejecutaría la acción pero con consecuencias más dramáticas: la expulsión del partido.

Los estatutos así lo permiten y la salida temporal del número dos del PP valenciano ya estaba redactada en Madrid a la espera de la decisión del líder del PP regional, Francisco Camps.

Las cartas de Costa estaban sobre la mesa y se la jugó a tumba abierta. Le llegó, camino de Astorga, el ultimátum de Rajoy. Su respuesta fue fiel a sus principios: «Pues que me expulsen». No tenía nada que perder. Desde el minuto uno, el secretario regional de los populares ha mantenido una máxima: «No voy a dimitir». Y este lema, si no hay un cambio de última hora que se antoja difícil, se irá con él a su tumba política.

El ultimátum de Rajoy es lo que hizo a Camps reaccionar. Fue el momento en el que se dio cuenta de que no había salida posible. Por eso, pasadas las nueve de la noche se redactó un comunicado lanzado por agencia y a través de uno de los móviles del círculo más cercano a Camps en presidencia.

La dirección nacional del PP asaltó el viernes la celebración del Día de la Comunitat. En la fiesta grande para todos los valencianos, Rajoy puso en un brete al presidente de la Generalitat y de la Comunitat, esa que le dio dos de los cinco diputados que ganó en las últimas elecciones generales y que, en parte, le sirvió para sobrevivir ante los bocados de una parte de su partido.

Roto el encanto

Varios dirigentes del PP valenciano coincidieron ayer que en la tarde del 9 d'Octubre «ha quedado roto el encanto entre Camps y Rajoy». Uno era el sustento del otro y viceversa. Ambos se han ayudado en todas las batallas políticas que han tenido que jugar en el seno interno del partido. Pero, esa autonomía y libertad con la que salió Camps del Parador de Alarcón tras el almuerzo de la semana pasada se vio condicionada con las palabras de Esteban González Pons en el patio interior del Palau de la Generalitat antes de la procesión cívica.

El futuro de un partido político se condicionó entre las paredes de uno de los emblemas del autogobierno valenciano. Un gesto que disgustó a muchos cargos del PP valenciano, que vieron como una ofensa la intromisión de Madrid en el día grande de la Comunitat.

Los mismos cargos consultados por este periódico consideraron que a finales de agosto, Camps perdió una gran oportunidad para sanear la manzana. La remodelación se quedó en un movimiento de piezas sin los cambios que desde muchos sectores del partido se reclamaban para tratar de remontar tras el sobreseimiento del caso de los trajes. «Hace tiempo que se sabía que existía ese informe policial», apuntó ayer un alto cargo del PP valenciano.

Ahora ha llegado la hora de apoyarse en los tres presidentes provinciales. Alfonso Rus, Carlos Fabra y José Joaquín Ripoll tendrán un papel protagonista en el futuro inmediato del partido, sobre todo después de que la idea es no ocupar los puestos vacantes que dejarán Ricardo Costa, además de David Serra y Yolanda García, que dimitirán de sus cargos el próximo martes.

Reacciones nacionales

En la reunión del Comité Eejecutivo Regional del martes por la tarde, que se convocó sin citar el cese temporal del número dos del partido, tanto Camps como Costa presentarán su informe. Será el momento de atender a las posibles explicaciones.

Las decisiones tomadas en la tarde del viernes provocaron reacciones en el día de ayer de dirigentes de peso en el PP. Uno de los primeros en pronunciarse fue el líder de los populares andaluces, Javier Arenas, que señaló, sin referirse directamente ni a Ricardo Costa ni a Francisco Camps, que la única trama que existe no es de corrupción sino «contra el PP».

La valoración del presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, fue mucho más gráfica. Basagoiti lamentó la diferencia entre la política que desarrollan sus cargos públicos en el País Vasco y la que ponen en práctica en otros sitios, en alusión a la Comunitat Valenciana.

Los concejales populares vascos, dijo Basagoiti, «se juegan la vida por cero euros para defender unos ideales» mientras que en otras partes algunos prefieren «el lujo, el sexo, vivir bien, trincar o no trincar». Ante este panorama, el líder del PP en el País Vasco instó a Rajoy a que «aclare y limpie» el partido.

Desde el PP valenciano se entiende este tipo de posturas como una oportunidad para líderes regionales de buscar un puesto privilegiado a nivel nacional. Una forma de intentar aprovechar la posible debilidad de Francisco Camps para obtener cuota de poder a nivel orgánico.

La intromisión de la dirección nacional en la autonomía del PP valenciano ha abierto la puerta a que dirigentes de otras comunidades autónomas analicen la situación de la Comunitat Valenciana y anuncien cuáles deben ser las decisiones que hay que tomar.

La presidenta del PP de Cataluña, Alicia Sánchez Camacho, fue otra de las que salió ayer a valorar la decisión de destituir a Ricardo Costa: «Es la medida que se esperaba y celebro que haya sido de forma rápida y contundente». Sánchez Camacho recordó que en Valencia no existe ningún cargo imputado.

Salida con normalidad

La portavoz del Consell, Paula Sánchez de León, también valoró ayer por la mañana la salida de Ricardo Costa de la dirección del PP. Sánchez de León aseguró que el relevo se producirá «con total normalidad» y que, con esta decisión, «se ha demostrado que al final ha prevalecido el interés del partido sobre cualquier otro».