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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Valencia

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Moverse en transporte público por la ciudad es casi igual de rápido que en un turismo. LAS PROVINCIAS lo ha comprobado
19.09.09 -

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Coche y metro rozan el empate
ENTRE COCHES. Varios ciudadanos disfrutan del jardín artificial, montado en una plazade la zona ORA de la calle Colón. /IRENE MARSILLA
Muchos de los que lamentan las dificultades para llegar a fin de mes son los mismos que cada día copan, con sus coches, las calles de la ciudad. Quizá no han caído en la cuenta de que ahorrarían muchísimo dinero al cabo del año si dejaran sus máquinas tranquilas en casa y recurrieran al transporte público.
El argumento comodón de que es más rápido el vehículo privado se sostiene por los pelos, y más en Valencia, donde la red de metro y autobús, pese a algunas carencias, está muy desarrollada y permite llegar a casi cualquier punto de la capital. Y resulta mucho más económico.
Aprovechando que mañana se celebra el día Europeo Sin Coche, LAS PROVINCIAS lo ha comprobado. La prueba ha consistido en recorrer una distancia de 7,1 kilómetros entre la avenida del Cid, a la altura de Santa Cruz de Tenerife, y la calle J. J. Dómine, en su confluencia con la avenida del Puerto. Hacer el itinerario en coche, cumpliendo las normas de seguridad vial, cuesta 21 minutos. Hacerlo con el metro, utilizando las líneas 5 y 6, requiere 26 minutos, y eso que en la parada de Marítimo Serrería hay que bajarse y transbordar con el tranvía. La diferencia es despreciable, apenas cinco minutos. Si se recurre a la EMT (en este caso, la línea 3), se tarda algo más, 30 minutos.
La alternativa a las máquinas de acero es la bicicleta, cuyo uso cada vez está más arraigado en Valencia, donde la orografía y el clima son perfectos para este medio de transporte. Y encima es sano, permite quemar calorías y no daña el medio ambiente. Con una bici, recorrer los 7 kilómetros cuesta 43 minutos.
Si se introduce la variable del coste del desplazamiento, queda claro que no sale a cuenta recurrir al vehículo privado. Por ejemplo, si el recorrido planteado es el que utiliza una persona para tomarse un aperitivo en la fachada marítima, debe tener en cuenta que el coche no siempre se puede dejar en un parking en superficie, por lo que hay que contar con el precio de un aparcamiento de pago.
En este caso, el ideal es el situado en la calle J. J. Dómine, donde una hora cuesta 2,8 euros y dos, 4,95. Si se le suma el coste de la gasolina (entre 0,4 y 0,5 litros), el desplazamiento puede costar hasta 5,4 euros. En cambio, el billete sencillo del metro se queda en 1,40 y el de la EMT en 1,25. En otras palabras, con coche el trayecto es entre 235% y un 389% más caro. Si se opta por la bici, la ecuación es sencilla. El coste es cero.
Alguien se tiene que haber dado cuenta de la situación, teniendo en cuenta que en los últimos años ha descendido el número de vehículos matriculados en Valencia. Sirve un dato, extraído de la oficina de Estadística municipal. En 2008 había 347.425 coches en la ciudad. En 1999 eran 402.093. En contrapartida, los viajeros del metro han aumentado de forma paulatina (un 3% anual). Lo ha mismo ha sucedido en la EMT, donde tras el bache producido por la puesta en marcha de Metrovalencia, el crecimiento de usuarios también es constante.
Los propios viajeros del metro y el autobús explican las ventajas del transporte público. «Trabajo en la avenida del Puerto, y ninguna parada de metro me va bien. Por eso recurro al bus. Tengo coche, pero lo dejo en casa. Es difícil aparcar, y al final tienes que recurrir al parking o a la zona ORA. Y es más caro», señalaba ayer Julia Baldoví, a bordo de la línea 3.
En el metro abundan los estudiantes y universitarios. Andrés Casas, que apura sus últimos días de vacaciones, estudia en la zona de Blasco Ibáñez. «Si quisiera venir en coche tendría que levantarme al menos una hora antes para poder aparcar. Con el metro, lo cojo en Ángel Guimerà y llego en pocos minutos. Y me bajo casi en la puerta», concluye.
En cuanto a la bicicleta, el usuario debe afrontar diferentes problemas. Desde el peatón insolidario que ocupa el carril bici hasta el conductor que desconoce que el ciclista siempre tiene preferencia en los cruces del carril. Por no hablar de la infraestructura existente, con tramos inconexos sólo suplidos por el eje del viejo cauce del Turia, una maravilla natural muy utilizada por los cicloturistas. En el caso de la ruta descrita, el ciclista despistado puede darse un buen susto en el carril de la avenida del Puerto, donde las rampas de acceso de los garajes son, en algunos casos, molestas en exceso. Por no hablar de las grietas y las trapas.
Con motivo del Día Europeo Sin Coche, se han programado numerosos actos con el ánimo de restar espacio al vehículo. Ayer, varios colectivos ciclistas montaron un pequeño jardín en una plaza de parking de la calle Colón. El objetivo era este mismo: menos coches y más conciencia ambiental.
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