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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

C. Valenciana

HISTORIA, TRADICIÓN

09.08.09 -

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Llegó el tiempo de los sabrosos higos, del perfumado árbol cuya sombra abraza al cubrirnos. Su cultivo ha decaído, pero en el Camp de Morvedre fue tan importante que a ellos se refiere Catón, 200 a. C. El interrogante se abre en torno a la posibilidad de que se exportara a Italia el vinagre conseguido con ellos, o preparados con miel y envasados en cálatos.
La historiadora Concha Saura cita que en la época musulmana en Alfara fue de gran auge la higuera y la vid, tanto blanca como negra, roja o moscatel, que originó el nombre de una partida, el Panser, llamándose de igual modo al secador de pasas. Con el mismo procedimiento, extendiendo los frutos sobre cañizos al sol y dándoles la vuelta, se trataban los higos, de tal modo que Corominas, en el siglo XVIII, califica como 'pansona' al higo muy maduro.
He tenido la suerte de conocer a una vecina mayor de Alfara -Carmen Sancho-, amante de viejas tradiciones y, por lo tanto, transmisora de cultura oral, que se brindó a preparar el 'panfigo' artesanal, utilizando el 'mole', los dos objetos de madera imprescindibles que, de generación en generación, fueron guardándose en la alacena de los blancos tapetes con remate de ganchillo.
Se utilizan los higos secos, a los que se corta el pezón y la flor (su entorno) para aplanarlos. Se van uniendo con gotas de aguardiente y se introducen en el orificio del molde principal; capa sobre capa y echando almendras y anises en el centro se alcanza el tope de la oquedad, que se prensará con la segunda pieza, por ambos lados. El pan de higo o 'panfigo' aún ha de permanecer secándose a la sombra más de una semana, hasta que se quede con la dureza que exige el cuchillo.
De los moriscos viene el dulce de higos y almendras, de su rudimentaria elaboración en un cofín o capazo de palma, que colmaban igualmente y comprimían. Capachos pequeños con tan nutritivo y humilde alimento se llevaban al campo para aguantar las horas de la jornada. El posible origen bereber de su ascendencia confirmaba la sobriedad, que hemos perdido.
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