Obesidad infantil

Un niño obeso observando a sus compañeros de colegio. /lp/
Un niño obeso observando a sus compañeros de colegio. /lp

Es importante el desterrar la falsa similitud entre niño gordito y niño sano tan de moda en las últimas décadas por las consecuencias tan nefastas que puede ocasionarle cuando sea adulto, por contra tampoco debemos relacionar con niño delgado el ser enfermizo.

Para el pediatra el peso y la talla del niño son datos fundamentales para conocer su estado nutricional y poder catalogarlo en su caso de niño obeso o con sobre peso. La determinación aislada del peso no tiene valor analítico por lo que deberemos siempre relacionarla con la talla y calcular el Índice de Masa Corporal (IMC) que es la medición actual que utilizamos para diagnosticar la obesidad o el desmedro en los niños, este índice se obtiene al dividir el peso del niño por la talla elevada al cuadrado, obteniendo un número que correlacionamos con la edad para saber si esta dentro o fuera de los percentiles normales. Como dato les puedo decir que en los países desarrollados cerca del 50% de los adultos es obeso, siendo en la etapa infantil de hasta un 20%. Este dato es muy importante dado que en estos niños se produce un aumento progresivo del número de adipocitos los que condiciona que al llegar a ser adultos, la posibilidad de adelgazar va a ser mucho más complicada, por mucha dieta o ejercicio físico que realicen. Si el percentiol del IMC está entre el 85 y el 95 hablamos de sobrepeso y cuando supera el percentil 95 hablamos de obesidad.

Las consecuencias de la obesidad son tanto a corto como a largo plazo muy importantes, así observamos que las niñas y niños obesos pueden presentar problemas de aislamiento y burla por parte de sus compañeros, además de tener mermadas sus aptitudes físicas para el deporte, sin mencionar el aumento de caries dentales y problemas respiratorios en los mismo. Por otro lado a largo plazo cuando son adultos observamos una mayor incidencia de hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, problemas con el colesterol y trastornos psicológicos.

El mejor tratamiento para la obesidad infantil es la prevención por lo que deberemos recomendar la lactancia materna de forma exclusiva durante los primeros 6 meses de vida para iniciar paulatinamente una alimentación variada. Durante los primeros años el control de la alimentación es fundamental, así deberemos realizar un desayuno energizante por ser la mejor receta para afrontar la actividad diaria, sobre todo después de muchas horas si haber ingerido ningún alimento, la comida no debe ser muy copiosa para dar paso a un tentempié a mitad tarde y terminar con una cena con alimentos de fácil digestión dejando pasar por lo menos una hora antes de ir a la cama. Deberemos educarles en los hábitos más sanos de la dieta ofreciéndoles platos elaborados y divertidos con raciones diarias de leche y derivados, cereales, carne, pescado, huevo, frutas y verduras variadas. Evitar sobre todo chucherias, bollería industrial, comida rápida o fast-food tan de moda pero tan mala para la nutrición, es decir deberemos evitar los alimentos que solo nos proporcionen calorías vacías sin otro beneficio que el de engordar.

No sobrealimentemos a nuestros hijos, no forzarles a comer nunca, respetar que pase fases de inapetencia. Fomentemos por otro lado la práctica diaria del deporte más adecuado para su edad y luchemos contra el hábito del pasar largas horas viendo la televisión y comiendo palomitas o chocolate de forma compulsiva e inconsciente, sin medir los padres las consecuencias de este proceder.

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