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EL RINCÓN DEL PEDIATRA

13.06.09 -

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Problemas de crecimiento
Una sanitaria tallando a un niño. /lp
De todos es conocida la preocupación de los padres por la talla que puedan llegar a conseguir sus hijos cuando sean mayores, queremos que sean los más altos, los más rubios y los más guapos, pero por desgracia, la mayor parte de las veces esto no es así, ya que la talla adulta va a depender en primer lugar de la medida de los padres o carga genética de los mismos, en segundo lugar de la alimentación y en tercer lugar de la ausencia de enfermedades que puedan incidir en el niño mermándole su crecimiento.
Cuando los pediatras nos encontramos con un niño 'bajito' debemos actuar con cautela y mucho tacto ya que desde el punto de vista psicológico, este chico puede somatizar una preocupación de los padres sobre su talla y ocasionarle un cuadro de ansiedad y de inferioridad, por lo que deberemos centrar el problema y abordarlo de manera firme para que no queden dudas o lagunas sobre la futura talla del niño.
Así, en primer lugar realizaremos una medición correcta y la compararemos en las tablas con los niños de la misma edad para obtener el llamado 'percentil', este dato es fundamental ya que es el punto de partida para seguir abordando el tema o bien despreocuparnos del mismo, ya que si el chico tiene un percentil correcto, por mucha apreciación de los padres de que su hijo es bajito, deberemos zanjar el problema y convencerles de que su niño es normal y no precisa más intervención médica.
Por el contrario, si está por debajo del percentil mínimo para su edad, deberemos de iniciar una serie de actuaciones encaminadas fundamentalmente a valorar las posibilidades de crecimiento del niño, siendo muy importante como es lógico la medición de los padres ya que si ambos son de talla baja, lo normal es que el niño no sea muy alto, aunque siempre hay excepciones de padres bajitos con niños con una talla importante y viceversa. Deberemos hacer una historia clínica completa sobre los hábitos alimenticios y sobre posibles enfermedades que pudieran incidir en el crecimiento.
Si la talla es preocupante realizaremos una radiografía de la muñeca para valorar la edad ósea y si está por debajo de la edad real del niño en dos años por ejemplo, deberemos de comparar la talla del niño con los chicos que son dos años más pequeños que él y si su percentil es adecuado, podemos estar tranquilos ya que nuestro paciente tardará más en crecer, pero crecerá y su talla final será la adecuada. Solicitaremos una analítica completa con especial atención a la función tiroidea, sin valorar en principio la hormona de crecimiento ya que esta de forma aislada no tiene ningún valor por lo que si sospechamos que el niño tiene un enanismo, será el endocrinólogo infantil el encargado de abordar este tema mucho mas complejo y raro.
El crecimiento más importante se produce durante los dos primeros años de vida, siendo la lactancia materna un factor importante y el segundo salto importante de talla de produce sobre los 12 años en las niñas y sobre los 14 años en los niños, para ir creciendo cada vez menos hasta el momento que dejamos de crecer que viene a ser a los 17 años en las mujeres y a los 19 años en los varones.
Como norma curiosa aunque con las lógicas excepciones, la talla de las niñas a los 20 meses y la de los niños a los 2 años multiplicado por dos será la posible talla adulta de los mismos siempre y cuando no incida ninguna enfermedad que les afecte en el crecimiento. Por otro lado, deberemos de comprobar que el peso esté acorde con la talla y esto lo conseguimos realizando el Indice de Masa Corporal (IMC) que es el parámetro que en la actualidad utilizamos para valorar el desarrollo nutricional de un chico o de una chica y se obiene dividiendo el peso por la talla al cuadrado. La cifra resultante se lleva a una tabla que la relaciona con la edad para obtener el percentil de IMC.
Por último, quiero resaltar que no existen medicamentos, vitaminas o leches suplementadas que de forma milagrosa hagan que nuestros hijos crezcan mucho más de lo normal.
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