El Riberer, historia viva de Benissa

El Ayuntamiento homenajea a los hombres que con 14 años iban a los arrozalesSu destino eran los campos de Catarroja, Sueca o Ampostay su objetivo, sobrevivir

RAÚL MARTÍNEZ| BENISSA
UN 'RIBERER'. Juan Bautista Cabrera muestra una foto de la década de 1930 con los compañeros de los arrozales . /RAÚL MARTÍNEZ/
UN 'RIBERER'. Juan Bautista Cabrera muestra una foto de la década de 1930 con los compañeros de los arrozales . /RAÚL MARTÍNEZ

Juan Bautista Cabrera, de 86 años y conocido como , sacaba del interior de su camisa, y cercana a su corazón, una foto con sus compañeros en la Ribera. Una instantánea que besaba y, con lágrimas en los ojos, la guardaba como oro en paño. Y es que a pesar del duro trabajo, y como se pudo comprobar en el homenaje del Ayuntamiento de Benissa a los ribereños, todos coincidían en asegurar que fueron de los mejores años de sus vidas.

Cada temporada llegaba la hora de partir, viajar hasta Catarroja, Amposta o Sueca, este último el destino de la mayoría. Unos iban andando, otros con la bicicleta que pudieron comprar con las mil pesetas del sueldo que ganaron la temporada anterior, con el tren desde El Verger o con la histórica Unión de Benissa.

Sin olvidar los que dejaban la Comunitat Valenciana para acudir a los campos de Zaragoza y Sevilla, o los que incluso dejaban su patria para ir a Francia.

Eso sí, todos ellos, con un punto de parada obligatorio, el último punto del término municipal donde se divisaba el pueblo una roca, la Roca de la Salve, donde el ribereño le rezaba a su patrona, la Purísima Xiqueta, pidiéndole lo mejor en su partida. Ser ribereño no tenía edad ya que muchos de ellos con tan solo 14 años dejaban su Benissa natal para pasar a ganar de 700 pesetas trabajando en los campos del municipio, a 2.500 pesetas en 25 días de trabajo o 7.000 en 44 días. Un dinero que invertían, a su vuelta al hogar, en la compra de una casa o para pagar lo que sus esposas habían comprado en las tiendas en esta larga temporada, mal comidos y mal dormidos.

Trabajaban 15 horas diarias, más que de sol a sol, puesto que muchos días amanecía cuando llevaban varias horas trabajando para finalizar ya entrada la noche.

Dormían en montones de paja y de comer, recordaban entre sonrisas, sólo tenían un plato caliente. un guiso de patatas, una paella con fideos (pero no fideuà) o una paella con carne, en la que contaban los trocitos y los repartían a partes iguales.

Unos recuerdos que pudieron compartir esta semana los 150 ribereños de Benissa que aún viven, en un acto al que acudieron el alcalde Juan Bautista Rosselló, el concejal de Cultura Xavi Tro y el alcalde de Sueca, Joan Baldoví, como representante de las tierras de la Ribera.

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