La excavación de Ruaya halla cerámica del siglo IV a.C., los restos iberos más antiguos de Valencia

Los arqueólogos han encontrado piezas de vajilla, huesos de animales y utensilios en el solar del futuro aparcamiento

J. BATISTA| VALENCIA
Varios fragmentos cerámicos encontrados en el pozo ibero./
Varios fragmentos cerámicos encontrados en el pozo ibero.

Hace 2.400 años, alguien decidió cegar un pozo, posiblemente por su falta de uso. Para ello utilizó tierra arcillosa cogida de las proximidades, y mezclada con ella, se depositaron en su interior otros sedimentos que con el paso de los siglos han resultado más valiosos que el oro. Se trata de los vestigios de vida más antiguos encontrados en la ciudad hasta la fecha. Están datados en el siglo IV a.C y consisten en piezas cerámicas, huesos de animales y útiles empleados por aquellos primigenios valencianos, según explicaron fuentes de la Concejalía de Tráfico. La excavación se realiza en lo que será el aparcamiento de la calle Ruaya. Precisamente fue allí donde se encontraron en 2008 los que hasta la pasada semana tenían el honor de considerarse los más longevos del área urbana. En aquella ocasión, se hallaron una balsa y restos cerámicos de los siglos II y III AC. Los nuevos vestigios tienen alrededor de un siglo más de antigüedad, a juzgar por la primera datación realizada por el equipo de arqueólogos. La casualidad ha querido que aparezcan meses antes de lo previsto. La empresa Semar Arqueología, que ejecuta los trabajos, decidió actuar en una parte concreta de la zona central del solar por cuestiones técnicas, pues en la actualidad la actividad se centra en la época islámica y almohade. Cuando apareció el pozo y se inició su excavación, empezó a sacar sus tesoros enterrados. Pero al aumentar la profundidad y por una cuestión de seguridad para los operarios, se decidió esperar a que el resto de la intervención en el solar descendiera hasta los niveles iberos. La previsión es que se llegue a esta época en mayo. Será entonces cuando se pueda vaciar por completo el pozo. Pese a la importancia del hallazgo, apenas han trascendido detalles. Se trata de una estructura ortogonal, que dejó de ser empleada en el siglo IV a.C. Entre los restos han aparecido huesos de ciervo, jabalí, aves y ovicápridos. Respecto a las piezas cerámicas, destaca una base de crátera ática de figuras rojas con motivos ornamentados, así como otros restos estéticamente más sencillos. Tampoco se ha precisado con exactitud la ubicación del pozo, teniendo en cuenta que todavía debe ser excavado por completo y ante el riesgo de que se pueda producir una expoliación. Según los expertos consultados, se trata de los restos arqueológicos más antiguos encontrados en la capital, con la precisión de que se encuentran ubicados en su contexto y forman un conjunto, según apuntó una de las arqueólogas contactadas. Es decir, no es lo mismo que aparezca una pieza cerámica dentro de un pozo de época distinta (seguramente tirado de forma casual para llenarlo), a que el pozo date de la misma fecha, los restos se encuentren en el nivel correspondiente y formen parte de un asentamiento ubicado, como es el caso. Hay que tener muy en cuenta la ubicación del hallazgo, sobre todo, porque cuando el poblado ibero empezó a tener actividad agrícola y comercial, faltaban siglos para la fundación de Valencia. Es decir, se trataría de un asentamiento previo a la futura urbe. No es la primera vez que aparecen restos tan antiguos. Muy cerca, en la calle Sagunto, una intervención anterior permitió dejar al descubierto otros vestigios del siglo II AC, y también de origen ibero. Ayer, el arqueólogo Vicent Lerma reconocía que se trata de restos de gran antigüedad, si bien destacó hallazgos puntuales que podrían datar del siglo VI antes de Cristo, como un fragmento cerámico de crátera ática de figuras negras encontrado en la Almoina, o un exaliptro corintio procedente de Picanya, datado en el mismo siglo. Una experimentada arqueóloga, que prefirió no identificarse, apuntaba que nunca había oído hablar de restos iberos del siglo IV encontrados bajo el centro histórico, aunque destacó que no es la primera vez que aparecen en zonas periféricas de la ciudad. Para la realización de la segunda fase de la excavación, el Ayuntamiento ha presupuestado 900.000 euros, lo que a juicio del concejal de Circulación, Alfonso Novo, demuestra "el gran interés y apoyo del Ayuntamiento por sacar a la luz estos restos anteriores a la época romana". Novo, cuyo departamento planifica el aparcamiento de Ruaya, recordó que los trabajos se iniciaron el pasado enero.

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