Las puertas del Mar y del Real

JAVIER DOMÍNGUEZ RODRIGO
La Puerta del Real, frente al puente del mismo nombre./
La Puerta del Real, frente al puente del mismo nombre.

La arquitectura ha sido a través de la historia un testimonio imprescindible para comprender nuestro pasado, y por ello, el patrimonio construido forma una parte relevante de nuestra memoria cultural. Con tres recintos murados -romano, islámico y cristiano-, Valencia apenas sí conserva restos de los mismos. Las obras del metro a principios de los noventa fueron quizás una de las mejores oportunidades para haber recuperado parte de sus estructuras defensivas, sobre todo en la ronda (Colón, Xàtiva…). Las murallas habían sido derribadas en 1865, siendo gobernador el diputado Cirilo Amorós. Su demolición fue un auténtico símbolo del cambio de la ciudad que apostó por un futuro de progreso mutilando su imagen histórica. Hoy, los vestigios de aquella época no son abundantes en la Valencia moderna y cosmopolita aunque todavía perduran conjuntos originales importantes como las torres de Serranos, las de Quart... Y también el monumento a los Caídos llamado por su localización Porta de la Mar, aunque en realidad es una réplica de la del Real en la que está inspirada. El profesor Sanchis Guarner -- recoge de forma sinóptica las principales referencias cronológicas relativas a la Porta de la Mar, que la cartografía histórica corrobora. Así sabemos que fue abierta en la muralla cristiana en 1356, siendo reconstruida al modo renacentista en 1597. Cerrada de nuevo en 1707, fue más tarde restaurada en 1764. Y por último en 1843, cuando ya existían los jardines de la Glorieta, fue reformada (doble vano) al estilo neoclásico y así sería retratada desde un globo por Alfred Guesdon en 1858, años antes de su definitiva demolición. En la excepcional fotografía del francés puede valorarse la importancia de su posición en la escena urbana, sirviendo de fondo de perspectiva a la avenida de Navarro Reverter y de elemento de referencia en el diseño de aquellos primeros jardines intramuros de la ciudad (la Glorieta, plaza de la Aduana...), fruto de los nuevos postulados higienistas de la Ilustración. La puerta del Real o del Rahal debía su denominación a su posición enfrente del puente de igual nombre. Y como aquél, también sería reedificada varias veces, siendo la versión de la que se conservan documentos gráficos, la del siglo XVIII. Construida de nuevo a raíz de un concurso de ideas convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, era de corte clásico con dos grandes columnas de orden dórico enmarcando la gran puerta central. Los otros vanos eran adintelados, destacando varias lápidas y urnas de piedra y el escudo de la ciudad coronado con Lo Rat Penat. Sería demolida en 1868 junto con las murallas medievales. De hecho, la Porta de la Mar que hoy contemplamos no es sino una reproducción bastante aproximada de la decimonónica Puerta del Real que sería construida en 1945 en la entonces plaza del marqués de Estella (hoy Porta de la Mar), siendo alcalde el conde de Trénor. Y hace poco más de una década, con motivo de la ejecución de las obras del metro, fue desmontada piedra a piedra y posteriormente reconstruida de la forma en que hoy puede contemplarse. En plena postguerra (el aislamiento internacional se prolongaría hasta 1949) y con una arquitectura oficial aglutinada por figuras como Pedro Muguruza (autor del Valle de los Caídos), Bidagor, Víctor d'Ors..., el restyling de la Puerta del Real suponía un cierto casticismo en medio de la retórica monumentalista del régimen. La actual puerta, consta de tres vanos, dos adintelados y el central de medio punto. Su tipología se corresponde con los Arcos de Triunfo, por lo que aun cuando no se trata de un monumento ex nuovo, sino de una repristinación, como hemos apuntado, de la neoclásica Puerta del Real, su significación debe entenderse dentro de la iconografía espiritual y propagandística de la España de postguerra. Sin duda, su arquetipo más próximo sería el Arco de Triunfo dedicado a Franco en el acceso a la Ciudad Universitaria de Madrid, obra de López Otero. En él, domina el concepto de severidad castrense -recordando a Schinkel en el campo Zeppelin de Nuremberg- y se realza el carácter austero, académico, militar y disciplinado del conjunto escultórico. En verdad la Puerta del Real (ver fotografía de la época) se prestaba a una escenificación victoriosa, y de ahí su repristinación azul, incorporando a la severa estructura original un ático con inscripción, los relieves alegóricos de Vicente Navarro, la cruz de piedra en el vano central y los trofeos -reproducción de la puerta original y que se conservaba en el claustro del Carmen-. Pero en este caso, el remate central se reserva para el escudo de la ciudad y no para la soberbia Minerva, diosa de la Sabiduría, armada diosa guerrera -Promachos- de la Ciudad Universitaria. La singularidad de su emplazamiento, su riqueza icónica y, sobre todo, su protagonismo histórico hacen de la actual Porta de la Mar uno de los paradigmas de la Valencia contemporánea.

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