Crecen los incendios en casa

Con 250 fallecidos, el año 2008 se convierte en el más trágico de la década

M. JOSÉ TOMÉ

El hogar es sinónimo de refugio, de seguridad, aunque hay veces que un simple descuido, una negligencia, puede convertirlo en una trampa mortal. Hace unas semanas, una familia entera -un matrimonio, sus dos hijos pequeños y una tía de éstos- fallecían al arder su vivienda por un cortocircuito desatado al sobrecargar en exceso una regleta eléctrica en la localidad burgalesa de Miranda de Ebro. Estas víctimas elevan a más de 25 los fallecidos como consecuencia del fuego en España en lo que va de año, un comienzo "terrible", según señalan los expertos, que alertan ante el incremento de los siniestros con consecuencias mortales y de la "escasa concienciación" por parte de los ciudadanos y de las autoridades para prevenir estas tragedias domésticas: no hay ninguna reglamentación que obligue a instalar medios de prevención en las viviendas ni tampoco a revisar las instalaciones eléctricas, el principal foco de riesgo. De hecho, el año 2008 pasará a los anales de la siniestralidad como un año especialmente dramático. No hay estadísticas oficiales pero las asociaciones de bomberos y los expertos en prevención estiman que fallecieron 250 personas, mientras que más de 1.500 resultaron heridas al quemarse sus hogares, una cifra que convierte a este año en el más aciago de la década. El suceso más grave se registró el 20 de abril en Écija (Sevilla). Seis personas -un matrimonio, sus tres hijos y el novio de una de las chicas- fallecieron en un incendio provocado por un aparato calefactor. Los expertos coinciden en que la mayor parte de los focos de fuego en las viviendas se generan por "el mal estado de las instalaciones eléctricas", apunta Rosa Pérez Riesco, portavoz de la asociación Tecnifuego- Aespi, que agrupa a millar de empresas y profesionales expertos en la protección contra incendios. Se calcula que, anualmente, se registran más de 7.500 incendios -unos 20 al día- que, en costes directos, suponen unos 40,5 millones de euros. El informe del programa de Detección de Accidentes Domésticos y de Ocio (DADO), publicado por el Ministerio de Sanidad y Consumo, sitúa los siniestros por causas eléctricas como la séptima causa de hospitalización por percances domésticos en España. Revisar la instalación Los cables pelados, enchufes defectuosos o la costumbre de conectar varios electrodomésticos al mismo ladrón -como ocurrió en el suceso de Miranda de Ebro- son, en muchas ocasiones, la causa de un desastre de terribles consecuencias. La OCU admite que "la única solución" es revisar a menudo la instalación eléctrica, y mucho más en el caso de las viviendas antiguas. "Estos chequeos deben hacerse, al menos, cada 10 años", aseguran sus responsables. Según el Instituto de Tecnología Eléctrica (ITE), establecer una obligatoriedad en las inspecciones es "una asignatura pendiente a nivel europeo". Los expertos alertan de que cualquier instalación eléctrica que supere los treinta años es peligrosa. Con el paso del tiempo se degradan los materiales: la capa aislante de los cables se endurece y se rompe y las juntas se deterioran. En España, seis de cada diez viviendas fueron edificadas antes de 1975. El ITE calcula que "cerca de la mitad de los hogares necesitan de forma urgente adoptar medidas de seguridad eléctrica". Conscientes de este riesgo, las comunidades ya empiezan a tomar medidas. En Euskadi, el Ente Vasco de Energía (EVE) acaba de hacer público un programa de subvenciones para incentivar la renovación de las instalaciones eléctricas de baja tensión cuya antigüedad sea igual o superior a 25 años. La entidad sufragará la mitad de la inversión, siempre y cuando no supere los 500 euros por vivienda o los 1.000 en comunidades de propietarios. El programa, que concluye el 20 de octubre, cuenta con un presupuesto de 328.000 euros. Los descuidos -mantener encendida una estufa de butano o un brasero toda la noche, un cigarro mal apagado, dejar velas prendidas sin ningún tipo de vigilancia, no retirar la sartén en el fuego mientras se atiende una llamada- son la segunda causa de estos accidentes. Los bomberos constatan que la mayoría de las víctimas de estos 'olvidos' son "personas mayores, que están más limitadas para reaccionar". "Un simple descuido puede provocar que la llama de la estufa pase a un sillón, de ahí a la cortina y, en pocos minutos, el fuego no tenga control", apunta Javier Navarrete, presidente de la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos. La suciedad de las campanas extractoras es otro "importante" factor de riesgo que puede convertir la cocina en un polvorín. "Los filtros acumulan mucha grasa y si no los limpiamos o cambiamos a menudo, este electrodoméstico puede prender fácilmente con una llama y desatarse un incendio de gran magnitud", apunta. Legislación escasa Otra de las carencias detectadas por los expertos en la legislación española es la escasa o nula exigencia respecto a las medidas de prevención que debe reunir una vivienda. En España, la normativa más recientes es el Código Técnico de Edificación que sólo obliga a los edificios de más de 50 metros de altura a disponer un sistema de detección de incendios en sus zonas comunes. En los inmuebles de nueva construcción, la reglamentación impone la utilización de materiales de escasa capacidad ignífuga y la habilitación de cortafuegos. Pero no hay obligación de contar con un detector de humos o un extintor, dos elementos "vitales", a juicio de los expertos. "Alemania, Francia o los países nórdicos (en Escandinavia, el 100% de las viviendas están protegidas con detectores) nos llevan mucha ventaja en este sentido. En algunos estados de EE UU, son obligatorios los rociadores automáticos", destaca la portavoz de Tecnifuego. En España, tanto las autoridades como los ciudadanos tienen escasa conciencia acerca de unas mínimas medidas de seguridad". La experta destaca la paradoja de una sociedad que, a la hora de adquirir una vivienda, cada vez exige más calidad en los materiales y, por el contrario, "ignora medidas que pueden salvarle la vida y que apenas encarecerían el coste un 3%". Un detector de humos, por ejemplo, tiene un precio de unos escasos 20 euros. El precio de una vida.